Dashiell Hammett sabía muy bien de lo que hablaba en sus relatos policiacos, el mismo había sido agente de compañía Pinkerton, había tenido que tratar con gentes de mal vivir y el protagonista de los relatos que componen éste volumen, el innominado detective de la Agencia Continental de Investigaciones, resulta un apropiado trasunto del propio Hammet.
Éste personaje, por otro lado, también resulta ser atípico, se trata de un profesional de una pieza y sin grandes escrúpulos, muy alejado de los detectives sumergidos en terribles dudas existenciales que poco a poco fueron poblando el género. El detective de la Continental, muy al contrario, se debe a su trabajo y lo cumple con meticulosa, y contundente, perfección. Es un perro de presa que sigue la pista de los delincuentes y facinerosos hasta dar con ellos o aportar las evidencias que permitan a la policía meterlos entre rejas. No se cuestiona los porqués de la delincuencia ni las causas que llevan a ella, sólo que se le ha encargado un trabajo y debe completarlo.
Tampoco es físicamente un dechado de virtudes, pasado de peso, más fajador que realmente fuerte, no es visto por sus enemigos como una amenaza física, lo que para él supone una ventaja pero de cara al relato es un inconveniente, puesto que, junto a su fría eficacia, no permite idealizarle, y los relatos se convierten en una sucesión en ocasiones demasiado fría de escenas que llevan al desenlace final. Afortunadamente, Hammett es capaz de dar la información con cuentagotas y muy bien dosificada, de modo que incluso dentro de la frialdad del relato en ningún momento decae la intriga, que se ve acompañada además por unas buenas dosis de conspiraciones y humor.
El primer relato del volumen es EL ASESINATO DE LAS CRIADAS CHINAS, Lillian Shan es una adinerada chino-americana de segunda generación, más americana que china, que poco a poco ha ido soltando amarras de las antiguas tradiciones para incorporarse en la vorágine de las nuevas modas. Sin embargo, durante un viaje el servicio doméstico es masacrado y ahí entra nuestro hombre de la Continental para desenredar el rompecabezas chino en el que se ha metido, sin comerlo no beberlo, la señorita Shan. Antológicas las conversaciones con el jefe de la mafia china.
CORKSCREW es un sorprendente western crepuscular, ésta vez el detective de la Continental se traslada a un pueblecito perdido en mitad del desierto de Arizona, con las credenciales de lugarteniente de sheriff, cargo que le resultaba necesario para llevar a cabo su verdadera misión. Sin embargo, como representante de la ley, se ve obligado a aclarar una serie de asesinatos entre los lugareños, vaqueros y bandas de forajidos mejicanos que tienen más de ajustes de antiguas cuentas que de nuevas ofensas. Bien surtida de peleas a puñetazos, cabalgadas, tiroteos y duelos en la calle mayor.
La virtud de EL RAPTO, pese a lo aparentemente sencillo de su planteamiento, es que se trata de un relato más en la línea deductiva que la del garrotazo y tentetieso. La hija de un irascible hombre de negocios es secuestrada y el agente de la Continental encargado de encontrarla. Esta vez se inicia la investigación del suceso en estrecha colaboración con la policía y un imposible inspector de correos. Los indicios dejados por la impaciencia de los raptores son suficientes para dar con ellos, aunque resulte sorprendente su identidad. Aunque no tan sorprendente como la imagen de una calle llena de policías haciéndose los despistados mientras siguen al correo que ha de entregar el dinero del rescate.
Por fin EL GRAN GOLPE. Relato en el que el exceso es el rey, ciento cincuenta ladrones coordinados para dar el mayor golpe de la historia, golpe que se salda con el éxito absoluto, pero al que sigue el exterminio de los maleantes por parte de sus propios secuaces. Ensaladas de tiros, envenenamientos masivos, vigilancias y persecuciones, todo a lo grande en un relato exuberante.
En el volumen se incluye además TULIP, un relato inconcluso en el que Hammett explora otros caminos muy alejados del relato policial.
Dashiell Hammett