EVOLUCIÓN
por Jacinto Muñoz

Aviso que no soy creacionista. Aviso porque es de muchos conocido que soy hombre religioso y en este tipo de debates, las posturas suelen radicalizarse (radicalizarse a un nivel argumental) y por criticar, aunque sólo sea un aspecto, una de las posturas, le sitúan a uno en la contraria.

No soy creacionista, pero reconozcamos que la teoría de la evolución tiene muchos puntos oscuros y un gran número de hipótesis que no han podido ser demostradas. Evidentemente esto no la desautoriza, entre otras cosas no tenemos ninguna que explique mejor los datos de que disponemos. Eso la convierte en la más válida, pero también permite un nivel de ataque que, por ejemplo, jamás se daría contra de la relatividad general.

Salvado este matiz, para mí el punto más controvertido, es el que acusa a una parte de la ciencia de deshumanizar la sociedad y reducir al hombre a mero producto de la casualidad. Es verdad que habría que preguntarse hasta que punto la religión ha contribuido a lo contrario, para ponerlo en duda sería suficiente con repasar su archiconocida historia negra. Pero ese es otro debate, en el que nos ocupa, no sé si la ciencia deshumanizará al hombre, pero desde luego contribuirá a trastocar la escala de valores tradicionales.

¿Para bien? ¿Para mal? No tengo ni idea.

Desde siempre se ha entendido que nuestros valores esenciales, nuestra ética y nuestra moral, el no matarás, el no robarás (lo de la mujer del prójimo lo dejamos de lado), los derechos humanos, están mas allá del individuo y, de alguna manera, proceden de una autoridad más alta. Para los religiosos Dios, para los ateos son valores universales que deben regir por encima de los egoísmos particulares. Ahora, en cambio todo es fruto de la casualidad, no hay grandes valores, simplemente características que permiten a una especie sobrevivir o no, en la fría y despiadada naturaleza. Traduciendo, el hombre es solidario porque esa característica es beneficiosa para su supervivencia como especie, es gregario por similares motivos, ama a los demás por tres cuartos de los mismo, es curioso por esa misma causa y, evidentemente, ama y protege a sus crías por idéntica razón.

Todo ello por pura casualidad y lo más terrible es que puede ser verdad.

La ciencia es cruelmente determinista, busca y encuentra leyes inexorables que expliquen y rijan el universo. No hay que buscar más sentido ni explicación a la cosa. No existen misterios, sólo problemas por resolver o variables desconocidas.

Dentro de unos años la genética logrará desentrañar los mecanismos del comportamiento y explicar por fin las reacciones bioquímicos que rigen el amor, la creatividad, el odio, la depresión o el alcoholismo y estaremos a un paso de la felicidad, regida por las racionales lógicas e ineludibles leyes de la naturaleza.

Que se le va a hacer. A mí que soy un poco romántico me gusta pensar que el hombre puede ser libre y que hay algo mas allá de todo esto, que le dé un sentido a la conciencia de mi propia existencia. Todo parece indicar que estoy equivocado y puede que llegue a ver el día en que me lo demuestren de forma indiscutible. Analizarán mi cerebro y me explicarán el motivo por el que he llegado a tan absurdas conclusiones. Ese día me deprimiré mucho, pero no he de preocuparme, bastará con ajustar las reacciones bioquímicas adecuadas para curarme de tan absurda depresión.

Una última reflexión relacionada en parte con lo anterior.

Sí viajando por el desierto nos encontrásemos frente a una piedra tallada en forma de rostro humano: ¿pensaríamos que es que es una casualidad debida a la erosión del viento? No deja de ser curioso encontrarnos un universo ordenadito, regido por leyes y constantes y suponer que es casual. No afirmo que no lo sea, Dios me libre, solo digo que es curioso.

© Jacinto Muñoz, (641 palabras) Créditos