FELIPE II
FELIPE II Geoffrey Parker
Título original: ---
Año de publicación: 2003
Editorial: Alianza Editorial
Colección: El libro de bolsillo nº H4155
Traducción: Ricardo de la Huerta Ozores
Edición: Tercera, actualizada, 2003
Páginas: 315
ISBN:
Precio: 6,50 EUR

Se tiende a pensar que los grandes estadistas y los hombres de gobierno están hechos de una pasta distinta al resto de la humanidad, siendo poseedores de una capacidad intelectual por encima de todo lo imaginable y una poderosa capacidad de trabajo, además de don de gentes, visión de futuro, percepción amplia de lo que sucede a su alrededor y un profundo conocimiento de las obras de Maquiavelo.

Personalmente siempre he pensado de los políticos y grandes estadistas que son un grupo bastante heterogéneo de arribistas y enfermos de ambición, que están donde están y llegan donde llegan más por oportunas casualidades, habilidad y constancia (a veces ni eso) para estar en el momento preciso en el lugar adecuado, que por verdadera capacidad y aptitud para el cargo. Lo demás se aprende, hay manuales bastante gruesos donde se explica el arte de la administración y el papeleo, y un gobierno no deja de ser una empresa bastante grande con su buena cantidad de trabajadores y un consejo de accionistas (ese ente llamado pueblo) al que se teme y procura manipular para tenerlo contento (en las democracias) o al que se teme y procura exterminar para que deje de ser una molestia (en las dictaduras)

Por lo demás, ningún político ha demostrado nunca ser ese superhombre que en un principio parecen ser. Hay algunos, eso no se puede negar, que si han demostrado gran inteligencia y honestidad, haciendo el trabajo que deseaban y para el que habían sido elegidos, pero realmente son pocos, los destinos de un país y del mundo se forjan y dirigen gracias a múltiples fuerzas sobre las que los políticos apenas tienen influencia, pueden, en un momento determinado, dar grandes golpes de timón y dirigir su nación hacia donde ellos quisieran que estuviera, pero finalmente todo acaba donde debe estar (eso no significa que ese sea el lugar ideal) no donde el político de turno quiere que esté. Ni Lenin, ni Mao, ni Hitler querían que sus países estuvieran donde están ahora, he hicieron todo lo posible para que así fuera, pero la inercia histórica dicta cosas muy distintas de las que los políticos quieren.

Y eso es lo que, en resumen, viene a decir éste retrato de Felipe II a cargo de Geoffrey Parker. Al contrario de nuestros políticos contemporáneos que se encaraman a poder por pura ambición, hasta el siglo XIX los reyes se veían abocados a gobernar grandes o pequeños estados sólo por haber nacido en el lugar preciso en el momento equivocado. Nada garantizaba que el recién nacido fuera a ser un buen gobernante, obviamente, muy mal se tienen que dar las cosas para que el hijo de un carpintero sea mal carpintero, pero excepto el contacto diario con el oficio paterno tampoco nada garantiza que el hijo del carpintero sea buen carpintero, ni siquiera que esté dotado para el oficio.

Parker concluye que a Felipe II le ocurrió algo similar. Educado desde su infancia para ser no ya rey, sino emperador del mayor imperio jamás conocido, seguramente hubiera soslayado la responsabilidad de haber podido, pero no le era posible, hijo del hombre más poderoso de la época, heredo de su padre, el emperador Carlos V, media Europa y casi todos los territorios conocidos de América, territorios que durante su reinado se ampliaron con las posesiones portuguesas y una buena cantidad de territorios asiáticos. Demasiado para un solo hombre.

Sin embargo, Felipe II fue capaz de mantener todo aquello unido, organizando un sistema administrativo sin igual en la época y asombrando y atemorizando a sus enemigos, desde los incipientes imperios francés e inglés hasta el turco que dominaba el otro extremo del Mediterráneo. Tanto es así, que el desastre de la Armada Invencible no supuso el envalentonamiento de Inglaterra, antes al contrario, aquel despliegue de poderío bélico, sin igual en la época, hizo que se fortificaran fuertemente las hasta entonces desguarnecidas costas inglesas en la certeza de que si el Imperio Español había conseguido reunir tal flota era muy capaz de volver a hacerlo, y posiblemente con más fortuna.

Sin embargo, el principal problema de Felipe II no era el de organizar flotas y ejércitos, pese a lo ocurrido y la leyenda que se forjó al respecto durante siglos, tenía a su alrededor una gran cantidad de funcionarios preparados y competentes, los problemas de Felipe II eran de índole económico, resultaba imposible guerrear contra el turco, los insurgentes flamencos, Francia, Inglaterra, reprimir los levantamientos de los moriscos, etc, etc, sin grandes sumas de dinero, y Felipe II, pese al aporte de una Castilla ya agotada y el oro y la plata de América, no lo tenía. No eran raras las huelgas de los ejércitos de los Países Bajos a causa del retraso en los pagos de las soldadas, ni las dificultades para reunir ejércitos debido a la imposibilidad de equiparlos.

Estos y otros muchos detalles de gobierno y de la vida privada de Felipe II hacen de este libro de Geoffrey Parker un libro interesante y ameno. Desmitifica la figura de fanático religioso y gobernante cruel e inflexible, dibujándolo más bien como un hombre al que le venía grande el imperio (le hubiera venido grande a cualquiera) pero que con todas sus dudas, todas sus limitaciones y todos sus temores, intentó hacerlo funcionar de una forma razonable con los medios de los que se disponía y, sobre todo, sin traicionarse, acertando en unas ocasiones, errando en otras, pero siempre siendo fiel a si mismo.

© Francisco José Súñer Iglesias, (911 palabras) Créditos