RIHLA
RIHLA Juan Miguel Aguilera
Título original: ---
Año de publicación: 2004
Editorial: Minotauro
Colección: Pegasus
Traducción: ---
Edición: septiembre de 2004
Páginas: 420
ISBN:
Precio: 17,50 EUR

En primer lugar, aviso para navegantes solitarios, pese a estar escrita por un autor habitualmente relacionado con la ciencia-ficción y publicada por una editorial especializada en ciencia-ficción, RIHLA no es una novela de ciencia-ficción. Habría que clasificarla, si es que eso es posible, en el apartado de fantasía épica.

Y digo que si es posible clasificarla porque RIHLA pasa de un género a otro sin casi solución de continuidad, de novela de viajes pasa a novela de aventuras para convertirse en ucronía (¿pero no dije que no era ciencia-ficción? Pues si, no lo es) y de ahí, pasando por el puro terror, a relato épico para acabar como fantasía pura y dura tras haber coqueteado de nuevo con el terror y las crónicas vampíricas.

Todo gira alrededor de las obsesiones y los destinos de Lisán al-Aysar ibn al-Barrayan ibn Xahin al-Jatib ibn al-Salmani, un erudito andalusí descendiente de romanos, y Baba ibn Abdullah, un enigmático mameluco buryí, asociados para atravesar el mar Occidental, el océano Tenebroso, el Atlántico al fin, con destino a un fabuloso Otro Mundo que, según ciertos escritos encontrados por Lisán, se halla a mitad de camino hacia Cipango. Al primero le guía el puro afán de saber y conocer, al segundo motivos misteriosos, pero ciertamente dudosos.

La galería de secundarios también es notable. El capitán de la Tawqa, la coca reconvertida que carraca que les llevará al Otro Mundo, se llama Piri Muhyi, sobrino del famoso corsario turco Kemal Reis, el comandante de los guerreros andalusís que acompañan, a modo de escolta, a Lisán, lleva nada menos que el nombre de Yusuf ibn Sarray, como se intuye desde un principio, el mameluco Baba oculta su identidad real, algo que deja entrever cierto comentario acerca del empalamiento como método infalible para acabar con los demonios metamorfos. Los guerreros itza y mexica ya me resultan demasiado lejanos, pero a buen seguro que guardan reminiscencias tan poderosas como las de turcos y andalusis.

Por fin, tras múltiples dificultades y tropiezos la expedición parte y al cabo del mes llega a la costa del Yucatán envuelta en una terrible tormenta que destruye la vieja Tawqa y arroja a los pocos supervivientes en manos de los habitantes de la península, Lisán y parte de la tripulación en manos de los cocon aliados de los mexica, Baba y el resto son capturados por los itza, enemigos a su vez de los mexica.

A partir de ese momento turcos y andalusís asisten horrorizados a las sangrientas prácticas de una civilización tan extraña para ellos que ni siquiera la vida y la muerte tienen el mismo significado. Pese a todo, Lisán encuentra el amor y conoce la esencia del universo y Baba consigue al fin alcanzar su objetivo.

Y todo esto contado sin descanso y con apenas concesiones a la galería. Juan Miguel Aguilera, como ya demostró ampliamente desde MUNDOS EN EL ABISMO, maneja perfectamente el tempo de la narración, dosifica perfectamente las claves de la historia y mantiene constante el interés por la lectura, RIHLA es de esas novelas que se pueden leer de un tirón hasta acabarla a altas horas de la madrugada, pese al gusto (como ya ocurrió con MUNDOS EN EL ABISMO) que Aguilera tiene por recubrir escrupulosamente sus narraciones con el barniz de civilizaciones exóticas que entorpece un tanto la lectura hasta conseguir la inmersión en ellas.

Como completa y emocionante novela de aventuras RIHLA es casi perfecta.

El problema es ese casi.

No tengo especial interés por la fantasía, pero tampoco le hago ascos cuando la historia es coherente en si misma, sin embargo cuando se mezclan las cosas y situaciones desesperadas se resuelven mediante un par de apáticos pases mágicos se me pone un humor bastante particular.

Por ejemplo, resulta extraño, casi imposible, que la Tawqa pueda llegar directamente hasta el Yucatán sin tropezar con ninguna isla caribeña, pero la oportuna tormenta que acaba por destrozarla soslaya ese inconveniente, apartándola de la primera tierra firme que avistan los expedicionarios y arrastrándola hasta el continente tras unos cuantos días de vientos salvajes y olas gigantes. Un recurso genial. Sin embargo, en cierto momento, dos de los turcos están a punto de escapar en una canoa ante el descuido de sus guardianes, en esto aparece un mago-sacerdote y mediante el referido par de pases mágicos los devuelve a la playa.

Tanto esfuerzo narrativo para atravesar el Caribe y recurrir a recursos tan descuidados para evitar que dos desgraciados escapen resulta del todo desconcertante, como desconcertante es la carga mística que salpica la novela en su tercio final, desde el momento en el que Lisán es iniciado en los secretos de los sacerdotes itza y la esencia del universo se revela ante él. Todo esto no termina de deslucir la componente aventurera de la novela, pero se convierte en un molesto zumbido de fondo del que se podría haber prescindido, y más cuando sólo consigue que el desenlace final se haga francamente difícil de dogerir, y más cuando aparece encajado de forma ciertamente forzada dentro del marco general de la novela.

En definitiva, una magnífica novela de aventuras, que a su vez es un estupendo retrato de las sociedades que poblaban el México de finales del siglo XV, acaba por poder ser resumida como simple fantasía épica precolombina.

© Francisco José Súñer Iglesias, (887 palabras) Créditos