AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA
AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA Michael Houellebecq
Título original: Extension du domaine de la lutte
Año de publicación: 1997
Editorial: Anagrama
Colección: Compactos, nº 259
Traducción: Encarna Castejón
Edición: 2001
Páginas: 174
ISBN:
Precio: 10,40 EUR
Comentarios de: Javier Iglesias Plaza

El protagonista de esta novela es un ingeniero informático de posición acomodada que, no obstante, ya a los treinta años entiende la vida como un absurdo sinsentido. Apenas tiene amigos, es incapaz de comunicarse normalmente con los demás, y su vida sexual, que recuerde, ha estado siempre dominada por relaciones vacías. Cada día que pasa más lejos de los hombres, su circunstancia, se le antoja ampliable al resto del mundo.

En realidad toda la obra es el discurso mental de un personaje que, al no tener nombre, Houellebecq pretende identificar con cualquiera; todo el mundo, todo lector es, hipotéticamente, susceptible de ser protagonista de esta AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA, que el autor galo muestra como un progresivo descenso a los infiernos de la locura.

La sociedad moderna ha inventado un estado bajo el que refugiarse de sus propias miserias, se trata de la Norma, lo oficial, lo políticamente correcto, lo esperable. Ninguna civilización, ninguna época han sido capaces de desarrollar en los hombres tal cantidad de amargura (p. 166), y precisamente para obviar, negar en lo posible dicha amargura, el hombre moderno se ha abismado en unos modos de vida acomodaticios, antivitalistas, placebos de existencia, que lo han conducido a la nada, la indiferencia, la zombificación, la muerte en vida.

Todo esto es vivir en la Norma, transcurrir tus días, ganar dinero, ascender en la escala social, aparentar que se goza del amor, el sexo, la felicidad, comprar, siempre comprar, y ver televisión, recibir y regurgitar inmensas cantidades de innecesaria publicidad e información... así hasta que de repente un buen día dejas de existir, y de tu tiempo nadie sabe qué se hizo... Lo contrario, nos dice Houellebecq es el Campo de Batalla, que podría definirse como el tiempo en que la existencia te parecía llena de posibilidades inédita (p. 17), el tiempo en el que todavía existe una ilusión de vida por vivir. El Campo de Batalla es la única vía de escape a la Norma, pero es también, invariablemente, una puerta a la alienación: El mundo se uniformiza ante nuestros ojos; los medios de comunicación progresan; el interior de los apartamentos se enriquece con nuevos equipamientos. Las relaciones humanas se vuelven progresivamente imposibles, lo cual reduce otro tanto la cantidad de anécdotas de las que se compone una vida. Y poco a poco aparece el rostro de la muerte, en todo su esplendor... Se anuncia el tercer milenio (p. 21) En este estado de cosas, la involución resulta imposible, no hay vuelta atrás, la civilización, merced la Norma, se ha deshumanizado por completo, y en consecuencia, salirse de ella, penetrar en el Campo de Batalla para combatirla ha de significar también el dejar de ser hombre, perderse uno en su propia locura, suicidarse, dejar de ser sin más, en definitiva, convertirse en Norma Vacía: Desde hace años camino junto a un fantasma que se me parece y que vive en un paraíso teórico, en estrecha relación con el mundo. Durante mucho tiempo he creído que tenía que reunirme con él. Ya no (...) Siento la piel como una frontera, y el mundo exterior como un aplastamiento. La sensación de separación es total; desde ahora estoy prisionero en mí mismo. No habrá fusión sublime; he fallado el blanco de la vida. Son las dos de la tarde (p. 174)

La transposición al mundo moderno del clásico mito stevensoniano, parece decir Houellebecq, pasa por abandonar nuestro mediocre Jekyll, atiborrado de atonía, de absurda normalidad, a un nihilismo terminal que suma nuestro Hyde en un paraíso de enajenación insensible, a salvo de un mundo atroz que cada vez menos va a tener de humano.

La clave de la novela, pues, no parece residir en acertar o fallar el blanco de la vida, pues está claro que sólo es posible errarlo, sino más bien en ser voluntario consecutor de tu fracaso vital. El hombre moderno debe elegir entre transcurrir idiotizado en sintonía o apretar conscientemente el liberador botón de la desconexión. Tal es nuestra única y cierta libertad.

La guerra entre el ciego cinismo y la absoluta lucidez libra en Houellebecq una nueva y cruda batalla, y con ello la literatura del no-hombre ganó otro palmo de terreno.


Notas

Ésta y las restantes referencias siguen la siguiente edición: Michel Houellebecq, Ampliación del Campo de Batalla, Col. Compactos nº 259 (1ª edición, mayo 2001), ed. Anagrama, Barcelona, 1999

© Javier Iglesias Plaza, (28 palabras) Créditos