LA MUERTE DE UNA DAMA
LA MUERTE DE UNA DAMA Llorenç Villalonga
Título original: Mort de dama
Año de publicación: 1931
Editorial: Editorial Bruguera S. A.
Colección: Libro Amigo nº 865
Traducción: Jaume Vidal Alcover
Edición: febrero de 1986
Páginas: 159
ISBN:
Precio: Descatalogado

La nobleza decadente tiene un especial atractivo literario que hace de ella objeto ideal de narraciones de aislamiento, negación de la realidad e intrincadas conspiraciones en busca de herencias más o menos polvorientas. De ello trata LA MUERTE DE UNA DAMA, del asfixiante entramado que se teje alrededor del lecho de la agonizante doña Obdulia Montcada, viuda de Bearn, en sus tiempos luz y guía de la moda dentro de la sociedad mallorquina, en el momento de iniciar la novela una octogenaria despótica que se muere más por decisión propia que por los dictados de la edad y la salud.

En realidad la casi inacabable agonía de doña Obdulia es la excusa de Llorenç Villalonga para retratar con desenvoltura una forma de vida a punto de extinguirse, la del caciquismo y las oligarquías familiares de provincias, la de los círculos regionalistas paletos y encerrados en la anécdota folclórica, la de fortunas agotadas que no tienen más opción que la de sacar provecho del incipiente turismo que desprecian.

Todas estas cuestiones se encarnan en los muchos personajes que pueblan la novela, y que tarde o temprano acaban desfilando por la casa de doña Obdulia para dar sus condolencias y último adiós a la tirana encamada. Villalonga destripa uno a uno a todos estos personajes: el marques de Collera, un viejo cacique capaz de sobrevivir a regímenes del más variado pelaje gracias más al silencio y la inacción que a una militancia política definida, la sabia explotación de consignas hechas de medias palabras y de una sólida reputación intelectual, fundamentada en nada, le bastan para ser respetado y admirado. En otro extremo está la poetisa Aina Cohen, juguete de la nobleza y la burguesía, con más capacidad natural para la rima que auténtico talento, es en realidad el bufón oficial de la intelectualidad regionalista, sin embargo, Aina no es ninguna estúpida, sabe cuales son sus carencias y a que y quien debe su fama y posición, además se siente despreciada por su estirpe inudablemente judía y todo ello le conduce casi sin proponérselo a la locura.

Alrededor de doña Obdulia revolotean, carroñeros en forma de familia, ella es en realidad de origen humilde, un capricho de juventud del señor de Bearn, y la familia de éste no se lo perdona, pero ello no impide, lógicamente, que se desvivan por ella, única depositaria del patrimonio de su marido con la esperanza de que la mayor parte de las migajas de la herencia caigan de su parte. Son seres patéticos y grises, refugiados en su señorío, ajado y pasado de moda.

Esta novela no deja de ser una crónica rosa de una época ya pasada, sin embargo, en ésta etapa de cotilleo institucionalizado y falsos famosos resulta de lo más esclarecedora por lo que descubre de los endebles cimientos en los que se fundamentan muchas reputaciones, del nulo talento de tanto artista encumbrado, de la paletez de tanto nacionalismo vociferante y de la miseria y avaricia que día a día se puede ver y experimentar a nuestro alrededor.

© Francisco José Súñer Iglesias, (504 palabras) Créditos