ESTAMOS PROGRAMADOS
por Jacinto Muñoz

El titular de la noticia que reproduzco al final, y quizá la investigación, están pensados para llamar la atención, y lo consigue.

La infidelidad, los líos de parejas, las tensiones sexuales no resueltas (como oí un día que llamaban los guionistas de teleseries y culebrones a esos interminables juegos de me quieres no me quieres presentes hasta el hastío en todas estas producciones televisivas); los amores prohibidos en general, han sido y son parte esencial de nuestra cultura y han producido terribles disquisiciones y condenas morales, arquetipos eternos como Don Juan o sublimes obras de arte.

Programados para ser infieles.

Suena como una liberación: ¡Por fin puedo admirar con libertad y sin culpa a la vecina del quinto!

Cariño, esto no es lo que parece, te lo puedo explicar. Estas frases pasarán a la historia. Podemos imaginarnos perfectamente esgrimiendo un certificado expedido por alguna competente clínica, ¡No es culpa mía! ¡son mis genes! Y nuestra esposa, o compañera sentimental, dejará el rodillo de amasar sobre la mesilla de noche, y se retirará comprensiva permitiéndonos continuar con la tarea. También tendremos que aceptar la posición contraria y asumir que si encontramos a nuestra mujer desnuda en brazos de otro, no es que haya dejado de querernos, no, simplemente se ha visto obligada por sus genes.

Los genes...

No deja de llamar la atención el increíble poder que en los últimos tiempos han cobrado estas dos palabras. El ADN, el código genético, el libro de la vida desvelado por fin hace unos años, se está convirtiendo en la gran explicación. Por usar un símil informático, hasta ahora nuestro acercamiento a los seres vivos, nuestros intentos de compresión y manipulación se realizaban mediante lenguajes de alto nivel, mediaciones gráficas comprensibles y manejables pero alejadas por capas y capas de código demasiado susceptibles de fallar. Ahora estamos llegando al corazón de la bestia, al lenguaje básico, a la secuencia de biológicos ceros y unos que gobiernan el interior de la máquina y desde cuya comprensión lograremos crear programas mucho mas ligeros, depurados y eficientes.

Es fantástico.

Cuidado, no os dejéis engañar por el ligero tono irónico de mi escrito. Salvando el escepticismo que me producen algunas modas científicas que se proclaman futuras panaceas, no estoy en contra de la ciencia, ni de los beneficios que la genética esta aportando y puede aportar en la lucha contra infinidad de enfermedades y o en la solución del hambre en el mundo. La mía es una pega romántica, tiene que ver la actual inclinación de la balanza, en el viejo debate de si nace o se hace, hacia el se nace; con dos de las palabras que encabezan el artículo: estamos programados.

Seguramente estas palabras se deben al periodista y no al científico, pero es una idea latente y cada vez mas presente en algunas tendencias de pensamiento: no busquemos porqués ni justificaciones todo es fruto de la casualidad y de leyes que están ahí. Por qué están ahí, es una cuestión accesoria, posiblemente sin respuesta y que no influye en absoluto para llegar a comprenderlas.

Hay otro miembro de una especie de binomio que tiene que ver con mi disquisición y que siempre ha ido de la mano con los genes: la teoría de la evolución. En sus orígenes esta teoría hablaba de una evolución positiva: El hombre, ser superior, descendía del mono o antepasado común, ser inferior. El hombre era la cima de una evolución entendido como mejora. Probablemente esta concepción estaba muy influenciada por el pensamiento cristiano, no podemos olvidar que sus creadores por muy científicos que fueran formaban parte de esa cultura, y establecía un cierto paralelismo entre la evolución y la historia de la humanidad vista como el plan de salvación de Dios.

Entonces se suponía que íbamos hacía mejor.

Hoy la cosa ha cambiado, no hay ningún plan, no hay necesariamente una evolución hacía mejor, simplemente hay especies que triunfan y especies que fracasan. El hombre es inteligente porque esta característica se demostró eficaz en la lucha por la supervivencia, es gregario, es solidario y ama a sus semejantes por el mismo motivo. No hay nada más allá ni hay que complicarse la vida buscando innecesarias trascendencias.

Lo malo es que puede que tengan razón. Hace poco leí otro artículo sobre un estudio que demostraba que las mujeres se sentían atraídas por los hombres con mejor calidad de semen y otro que hablaba de un gen que predisponía al alcoholismo y otro que...

Las consecuencias morales que se derivan de estas inamovibles leyes naturales pueden ser terribles, ¿imagináis la de eximentes y atenuantes a los que se acogerá un acusado con solo esgrimir su certificado de predisposiciones genéticas o la libertad que la que podrá actuar cualquiera justificado en sus genes o en la supervivencia del mas fuerte?

Exagero, supongo que esta especie de apocalíptica ley de la selva que propongo no sea adecuada para la supervivencia de la especia, por lo que nunca llegará a darse.

Quien sabe.

Ya dije en alguna ocasión que me deprimiría mucho el día en que la ciencia demostrase que nuestros comportamientos, nuestras creencias y nuestros valores, sólo son el resultado de nuestra predisposición genética y la sucesión de complejas reacciones químicas. Aunque también dije que ese mismo día estarían disponibles las pastillas que equilibrarían mis anómalas reacciones químicas convirtiéndome de nuevo en un hombre feliz.

Así que tranquilo, Jacinto, no hay porqué preocuparse.

© Jacinto Muñoz, (899 palabras) Créditos

Algunos de nosotros estamos programados genéticamente para ser infieles

(BBC 08/06/04, 06.48 horas) El profesor Tim Spector, de la unidad de investigación de mellizos del Hospital St. Thomas, en Londres, afirma que existe evidencia de un componente genético en la tendencia a la infidelidad. Según sus estudios, si entre dos hermanas mellizas una tiene una historia de infidelidad, el porcentaje de que la segunda también sea infiel es superior al 55%. Se estima que el 23% de las mujeres no son fieles.

El profesor Spector agrega que la posibilidad de repetir tendencias (sea fidelidad o infidelidad) es más fuerte en pares idénticos (conocidos como gemelos), ya que tienen genes idénticos. Remarca que los genes por sí solos no pueden determinar si alguien será o no infiel, pero...

No es muy probable que un solo gen tenga una influencia clave, es más posible que haya un grupo de genes que participen en esto, un número de genes trabajando juntos.

Aún así, Spector considera que los factores sociales, como el deseo de riesgo u otros asociados con la personalidad, ejercen una influencia mayor. Para la doctora Petra Boynton, una psicóloga social, es muy difícil distinguir qué elementos del comportamiento son heredados y cuáles se han aprendido: Si como niño usted vio a su madre siendo infiel con su padre, es posible que usted sea más proclive a la infidelidad. Usted copia el comportamiento.

Eso no está determinado por una predisposición genética, sino porque usted piensa que así son las relaciones o cree que se puede salir con la suya, concluye Boynton.