LA PIEL FRÍA
LA PIEL FRÍA Albert Sánchez Piñol
Título original: La Pell Freda
Año de publicación: 2003
Editorial: Edhasa
Colección: ---
Traducción: Claudia Ortego Sanmartín
Edición: marzo de 2004
ISBN:
Precio: 18 EUR

Ampliamente celebrada, esta novela de Albert Sánchez Piñol me ha dejado, como su título, ciertamente frío. La culpa quizá no sea de la propia novela, sino de los panegeristas y publicitarios que la han presentado como la quintaesencia del fantástico español (catalán) del siglo XXI, con los aromas y poder añadido de los Lovecraft, Conrad y Stevenson, el Federico García Lovecraft de las letras españolas, en definitiva. Pues bien, no es para tanto. Correcta, decimonónica en su concepción, ambientación y estilo, tampoco es capaz de levantar, al menos en mi caso, grandes pasiones, ni de hacer rememorar a los grandes del fantástico y la aventura.

Arranca cuando un autoexiliado de la sociedad llega a una isla perdida en algún punto indeterminado de los océanos australes donde deberá desarrollar, durante un año, una rutinaria labor de observación y registro meteorológico. Junto a un destacamento de la tripulación y el capitán del barco buscan infructuosamente al anterior oficial meteorológico sin resultado, sólo encuentran al farero, medio idiotizado, recluido en el faro de la isla. Dando por supuesto que su antecesor ha desaparecido en un accidente, y debido a su tumultuoso pasado, el nuevo oficial meteorológico insiste en quedarse en la isla pese a la sugerencia del capitán, inquieto por la irregular situación. Solo ya en la isla, se dispone a pasar la primera noche en ella cuando la casa es asaltada por unos asombrosos seres antropomorfos de indudable procedencia marina.

A partir de entonces se desarrolla la batalla en dos frentes, por un lado contra el farero, solitario y misántropo, que contra toda lógica prefiere mantener la lucha contra los seres marinos por su cuenta, por otro, el continuo batallar noche tras noche contra los invasores marinos, innumerables e incansables.

La novela, en contra de lo que pudiera parecer arranca ya sin fuerza, en un intento de transcender Piñol encadena frases ampulosas que dan una pobre impresión inicial Nunca estamos infinitamente lejos de quienes odiamos o Hay veces que negociamos nuestro futuro con el pasado dan la impresión de querer dejar un poso indeleble en la literatura universal, pero En un lugar de la mancha..., o Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento... son frases hechas mito no por ellas mismas, sino por el conjunto de las miles que les siguen. Tras un arranque tan poco prometedor, la novela da bandazos, tras una digresión sin mucho sentido en la que se explican los antecedentes del oficial meteorológico que, como buen héroe romántico, deberían haber quedado entre las nubes del misterio, se presenta sin más ceremonia a los irascibles hombres-pez, que sin embargo quedarán sumidos en el más absoluto misterio, así como a Battis Caffó (no es broma) el asombroso farero que compartirá lucha y miseria con nuestro inefable oficial meteorológico.

Afortunadamente, y tras tan endeble arranque, la novela se estabiliza y acaba por leerse de un tirón, incluso con agrado, pero le falta mucho para llegar a ser una obra maestra. Le falta la intensidad obscena de los relatos lovecraftianos, El farero y el oficial meteorológico no son dignos contrincantes en la línea conradiana, no por desarrollarse en una isla el relato tiene nada que ver con las obsesiones de Stevenson, puede que haya de todos un poco, más entreverado que mezclado, pero las aportaciones de todos y cada uno de ellos en la inspiración de Piñol no terminan de hacer de la novela un ente poderoso y original en sí mismo.

En definitiva, lo peor que le puede pasar a una novela es que no se la lea y aprecie por lo que puede valer por si misma, sino por los remotos paralelismos que puede tener con otras obras y otros autores, y la razón en este caso es clara; LA PIEL FRIA no posee una personalidad propia lo suficientemente poderosa como para trascender a esa comparación continua, y los porques son claros; precipitación y frialdad, todo ocurre a demasiada velocidad y sin apenas tensión, ni los repetidos ataques de los seres marinos, ni la relación tumultuosa entre el protagonista y el farero, ni la zoofila con la mascota provoca más allá que un par de un par de bostezos ocasionales. No existe un ambiente, ni un escenario, ni casi protagonistas.

Su mérito más importante, al menos hasta ahora, es el de ser un rara avis en el panorama mediático de la literatura española, pero no hace falta bucear mucho en el mundillo de la fanedición y los autores todavía aficionados (o mejor dejémoslo en menos conocidos) para encontrar novelas de más calado que LA PIEL FRIA.

© Francisco José Súñer Iglesias, (758 palabras)