CAMINO A LA PERDICIÓN
CAMINO A LA PERDICIÓN EE.UU., 2002
Título original: Road to perdition
Direcctor: Sam Mendes
Guión: Max Allan Collins, Richard Piers Rayner
Producción: Sam Mendes, Dean Zanuck, Richard D. Zanuck
Música: Thomas Newman y John M. Williams
Fotografía: Conrad L. Hall
Duración: 117 min.
IMDb:
Reparto: Tom Hanks (Michael Sullivan); Paul Newman (John Rooney); Jude Law (Harlen Maguire); Jennifer Jason Leigh (Annie Sullivan); Stanley Tucci (Frank Nitti); Daniel Craig (Connor Rooney); Tyler Hoechlin (Michael Sullivan, Jr.); Liam Aiken (Peter Sullivan); Ciarán Hinds (Finn McGovern); Dylan Baker (Alexander Rance); David Darlow (Jack Kelly); Doug Spinuzza (Calvino)

A medio camino entre película de gansters y road-movie, géneros ambos de protagonistas marginales y malditos, CAMINO A LA PERDICIÓN es, además, una película con niño. ¿Qué significa esto? Sencillamente que el catalizador de la acción es el hijo del protagonista que, en vez de quedarse en casa leyendo tranquilamente sus novelitas de vaqueros, decide esconderse en el coche y acompañar a papa al trabajo. La presencia inesperada del chaval allá donde nunca debería haber estado desata todas las furias del infierno y a partir de entonces la película entra en una espiral ascendente de kilómetros y violencia sin contención.

La Mafia no perdona, se dice, y los mafiosos tampoco. Enfrentadas estas dos voluntades lo único que queda es muerte, muerte y más muerte, y CAMINO A LA PERDICIÓN las proporciona en cantidades generosas, pero no son muertes efectistas, como lleva años regalando el cine a sus compungidos espectadores. Hay algo macabramente natural en la forma en la que los personajes van cayendo uno tras otro. Las armas de fuego tienen un sonido seco, indiferente, los cuerpos alcanzados por los proyectiles caen fulminados instantáneamente o dejando un rastro de estupor sin brusquedades, los asesinos ni se alejan indiferentes ni se recrean en su oficio, sólo cobran por él y, si pueden, sacan algún extra de los encargos. Todo esto resulta desconcertante en un principio, sin embargo hay un detalle a tener muy en cuenta, la película es la historia de la desintegración de un clan de origen irlandés, no italiano, y quizá Sam Mendes haya acertado con este tratamiento frío y distante ante la muerte y el trabajo, muy alejado de los excesos latinos que la filmografía sobre la mafia siciliana ha estereotipado en las últimas décadas.

A todo esto ayuda aún más la contención con la que Tom Hanks, Paul Newman, Jude Law y Tyler Hoechlin desarrollan su interpretación. La rígida formalidad con la que Hanks da vida a Mike Sullivan consigue, pese a todo, mostrar la otra cara del asesino, ellos también tienen familia, y responsabilidades paternas que, como es el caso, entran en conflicto con las responsabilidades filiales para con John Roonery, el personaje de Newman, a las que hay que dar respuesta, con lo que el conflicto está servido.

Si la contención es la marca de la dirección de actores los espacios son el santo y seña de la ambientación. Todo en la película, excepto algunas breves escenas, está situado dentro de grandes volúmenes, los exteriores se desarrollan siempre en calles anchas y amplias, campos que se pierden en el horizonte o playas sin fin. Los interiores son enormes habitaciones, grandes cocinas, inmensos comedores, gigantescos vestíbulos, apenas hay lugar para el espacio acogedor e intimista, porque no es eso de lo que se trata, y esta utilización de espacios y volúmenes es la forma elegida por Mendes para señalar que no hay donde esconderse, y que lo que se deba hacer, debe ser hecho.

CAMINO A LA PERDICIÓN, sin llegar a alcanzar a películas como MUERTE ENTRE LAS FLORES quedará como uno de los clásicos del género. Cualidades no le faltan.

© Francisco José Súñer Iglesias, (516 palabras) Créditos