EL MALESTAR EN LA GLOBALIZACIÓN
EL MALESTAR EN LA GLOBALIZACIÓN Jospeh E. Stiglitz
Título original: Globalization an this Discontents
Año de publicación: 2002
Editorial: Suma de letras
Colección: Punto de lectura 439/1
Traducción: Carlos Rodriguez Braun
Edición: mayo 2003
Páginas: 471
ISBN:
Precio: 6,89 EUR

Cuando la televisión muestra las imágenes de las algaradas callejeras que se producen en los alrededores de cada reunión del Grupo de los Siete, del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, o cualquiera de las organizaciones internacionales que se han autoproclamado como garantes y valedoras de la estabilidad económica mundial y el libre comercio, sólo queda el recuerdo casi anecdótico de manifestantes enfrentándose a la policía y provocando destrozos allá por donde pasan.

Es obvio que los protagonistas de estas batallas urbanas son profesionales de la agitación y la violencia (no hay más que comprobar lo bien preparados que se presentan en el frente) a los que los problemas y sufrimiento que causan las decisiones del G7, el FMI o la OMC les importan bien poco. Son los otros manifestantes, los que enarbolan las pancartas y se manifiestan de forma ordenada y pacífica los que comprenden plenamente las implicaciones de las decisiones de los ministros de economía y presidentes de estas organizaciones, y saben que si no surgen voces poderosas que llamen la atención sobre ello las consecuencias, además de devastadoras para las economías del tercer mundo, nunca van encontrar un responsable.

Pero, por supuesto, para el telespectador distraído resulta confuso comprender que tienen de malo esas reuniones y por que los manifestantes, y aquí ya no hace distingos entre unos y otros, acaban siempre destrozando las ciudades y enfrentándose a la policía.

Este libro es una gran ayuda para comprender las motivaciones de los movimientos antiglobalización, con la enorme ventaja de que las explicaciones están dadas desde dentro. El autor, Joseph E. Stiglitz, fue de 1993 a 1997 asesor económico del presidente Clinton y desde ese último año hasta el 2000 vicepresidente del Banco Mundial. Profundo conocedor de los métodos del Departamento del Tesoro de EE.UU., del Fondo Monetario Internacional y, por supuesto, del Banco Mundial.

Stiglitz, hace un exhaustivo recuento de los errores del FMI, de sus causas y de la nula disposición de ese organismo a rectificar sus posturas hasta que los acontecimientos se han desbordado de tal manera que resulta imposible hacer ojos ciegos, aunque, por supuesto, descargándose de toda responsabilidad sobre lo ocurrido.

En esencia, el gran error del FMI ha sido creer que el libre mercado y la libre circulación de capitales eran los remedios a cualquier mal económico, sin ir más allá en el análisis de las situaciones particulares de cada país. En países en los que apenas existían regulaciones legales se aplicaban (o mejor dicho, se obligaba a aplicar bajo la amenaza de no conceder los créditos solicitados) políticas que funcionaban felizmente en occidente, donde cualquier irregularidad económica está fuertemente vigilada por las leyes. Así, por ejemplo, cuando se liberalizaba la circulación de capitales, y debido a la mala situación económica del país, el flujo del dinero no era de fuera hacia dentro, como aparentemente se pretendía, sino al contrario, y en muchos casos, se trataba de los propios créditos del FMI, escamoteados por políticos corruptos o dedicados a compensar las pérdidas de los bancos extranjeros, con lo que la situación, ya de por si grave, se empeoraba con unas deudas que ni siquiera habían servido para paliar de algún modo la situación.

Ante situaciones como esta, y otras muchas detalladamente expuestas por Stiglitz, no resulta extraño comprender que los movimientos antiglobalización se opongan con tanto empeño a que se sigan aplicando políticas tan nefastas, sin embargo, Stiglitz, no es en ningún modo un activista antiglobalización, la considera del todo necesaria para que el desarrollo y el bienestar lleguen por igual a todos los rincones del mundo, pero nunca mediante los métodos irreflexivos, injustos y despóticos que se aplican actualmente.

¿En cuanto a las motivaciones de los violentos? Las tendrán, supongo, pero sus métodos dicen bien poco de ellos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (633 palabras) Créditos