SOBRE LO QUE ESTÁN EMPEÑADOS EN QUE UNO VEA, Y UNO NO ESTÁ DISPUESTO A VER
por Lázaro Betán

El cine español está en crisis.

Eso nos dicen y las estadísticas lo confirman.

Es una cuestión preocupante, evidentemente, que los amantes del séptimo arte (que idiotez de término) no podemos pasar por alto sin al menos detenernos un instante a reflexionar, porque cuando algo está en crisis es porque se halla aquejado de algún mal, o sujeto a manipulaciones indebidas.

Y al cine español sufre ambos problemas. Ambos.

Por un lado, la inmensa mayoría de las películas que se estrenan (producidas en nuestro país) nos importan a todos, nacionales y extranjeros, un bledo. Por otro lado, la industria (otro término miserable) del cine español, pírrica por naturaleza, se halla tan atomizada, que cada productora solo está en condiciones de producir… lo que, usualmente, producen.

Cuestión primera: La gente no paga una fortuna en taquilla para ver lo que no quiere ver.

Este razonamiento, que sería fácilmente asimilado por cualquier lactante desdentado, no entra ni con calzador en las cabezas de quienes perpetran el 85% de los guiones, que se arrastran por nuestras pantallas cinematográficas.

El cine español no entra, argumentalmente hablando, en la segunda mitad del siglo XX (sí, sí, del XXI no quiero ni hablar, de momento) ni de coña, permanece el la primera mitad del siglo pasado, superado incluso en aquel bunker temporal, por muchas joyas de aquella época.

Estamos en manos de un puñado de curiosos personajes, empecinados en vendernos sus neuras, frustraciones infantiloides, enajenaciones y otros desajustes perfectamente descritos en los manuales de psiquiatría, haciéndonos, además, desembolsar cuantiosas sumas con antelación al trago. Y claro, la mayor parte del público se resiste a llevar a cabo la inacabable obra de caridad, de soportar ese peso muerto calladamente.

Resulta más que evidente, que hay películas que si venden, casi tan evidente como que no están realizadas en nuestro país, ergo el problema no va a ser del que consume, sino del que produce. Hasta aquí de acuerdo, ¿no?

Las decenas y decenas de productorcitas españolas, se empeñan en producir lo que los espectadores no desean ver y, el poco tiempo que les resta después de canalizar sus flatulencias, lo emplean en devanarse los sesos intentando explicarse porque el mundo les da la espalda.

Con cada nueva producción, calcada de la anterior; igual de penosa y soporífera, intentan, no ganarse al espectador, sino imponerle sus criterios: Señores espectadores, están ustedes equivocados; han de acostumbrarse a digerir los platos que les preparamos, producción nacional, les gusten o no, que para eso son ustedes españoles. Defiendan ustedes el cine español, porque si no lo hacen, ¿cómo podremos nosotros proseguir nuestra terapia de grupo? ¿Eh?

Es una patética variante del chiste del náufrago empeñado en salvarse sujeto a un flotador de hierro, que al final, claro está, se ahogaba, maldiciendo con su último pensamiento a los Dioses, por no haber hecho al hierro más ligero que el agua.

¡Hola, guionistas! ¿Hay alguien ahí? ¿Os habéis percatado de que el cine como industria de la evasión y el entretenimiento vende y vende y vende…? ¿Os habéis parado a pensar que los espectadores acostumbrados a disfrutar en las salas cinematográficas, estarían más predispuestos a digerir alguna de vuestras bazofias, de cuando en cuando?

Sed inteligentes, contad lo que la gente quiere ver, para que de vez en cuando se os toleren las neurosis, quizás incluso, se os acepten con un encogimiento de hombros.

Y, eso sí, aprended a escribir guiones, que hay algunos manuales básicos bastante buenos en el mercado, por cuatro duros.

Del cine español de ciencia-ficción prefiero no hablar demasiado, porque se produce poquísimo pero, por el bien del género, se debería producir mucho, mucho menos. Afortunadamente, el buen olfato de los exhibidores, nos protege de cosas cuyo nivel general (guión y realización), está sensiblemente por debajo de las más casposas producciones de Ed Wood.

¡Zapateros, a vuestros zapatos!

En resumidas cuentas: Queréis vender; producid lo que vende, y desistid de intentar convencernos de que todo lo comercial es malo, y el único camino a la salvación, es engullir vuestras neuras no comerciales, porque de este modo solo conseguiréis hundiros vosotros (y eso no es un problema), y hundir el cine español (lo que sí es un problema), en el supuesto de que no esté ya hundido.

Mientras tanto seguiremos viendo lo que nos de la real gana, es decir, cine norteamericano o francés, por poner algunos ejemplos, que al menos no nos hacen sentir tan capullos al desembolsar la salvajada que desembolsamos en taquilla.

En otro orden de cosas, habremos de tratar el segundo de los problemas que aquejan al cine español (a que ya ni os acordabais de que había otro; claro el primero es tan gordo que…), que nace de la maraña de minúsculas productoras, incapaces de llevar adelante cualquier proyecto cuyo presupuesto sobrepase los cuarenta duretes. Está claro, que habría una fácil solución para este problema; menos productoras, pero con más recursos. Pero, claro, ¿quién se baja primero los pantalones? ¿Quién cede por el bien de la industria?

Nadie.

Moraleja: Si la industria del cine español no puede ser para mí, no será para nadie. Y se acabó la historia. Que dentro de cuatro años en España solo se puedan producir mini-documentales mudos, sobre el cultivo del repollo en invernadero, no parece ser responsabilidad de nadie. Quien sabe; lo mismo con lo de los repollos, conseguimos una cierta notoriedad en el extranjero. Volviendo al bueno de Ed Wood; a lo mejor la solución para el cine español es producir caspa, crear nuestro particular Caspollywood a base de cartón piedra y gomaespuma, naves espaciales hechas con piezas de fontanería, y movidas con cañas de pescar perfectamente visibles para los espectadores.

Ya que no estamos dispuestos a que nos tomen en serio, que se partan de risa con nosotros. Les haremos felices, y con cuatro perras de presupuesto. Ah, y nada de salas cinematográficas, las pelis proyectadas sobre el muro de un solar, con sillas plegables de madera, para darle al conjunto un aire más salchichero.

Además, cuando la gente deseara ver cine del otro, del asquerosamente comercial, del repugnantemente rentable, siempre podrían largarse al extranjero, con lo que además nos las daríamos de aperturistas: ¡Si no te gusta lo que hay, vete a paseo!

Mientras tanto, nosotros, a nivel internacional, seguiremos viviendo del trabajo de Almodóvar que piensa, cierto que sieeempre en lo mismo, pero piensa, que ya es algo, y ha conseguido hacer triunfar el spanish underground allende nuestras fronteras, confiriendo a lo cutre categoría de género.

Concluyo con un comentario, que deja al descubierto un tercer problema que, por su gravedad, he preferido no desvelar hasta el final. Lo que más me preocupa de la pesadilla ruinosa y casposa, que acabo de sugerir como proyecto alternativo para el cine español, es que mucho me temo sea la más parecida, a la que nuestros actuales responsables políticos tienen en mente.

¡Qué sea lo que los Dioses quieran!

© Lázaro Betán, (1.153 palabras) Créditos