EL LIBRO DE LOS CRÁNEOS
EL LIBRO DE LOS CRÁNEOS Robert Silverberg
Título original: The book of the skulls
Año de publicación: 1972
Editorial: Ediciones B
Colección: Libro amigo nº 15
Traducción: Carmen Bronchalo Goitisolo
Edición: 1987
Páginas: 304
ISBN:
Precio: ---

Como se puede observar por la fecha de la edición original, esta novela está claramente inscrita en el período dorado de la obra de Silverberg. Una vez superada su época de escritor compulsivo para revistas pulp, el maestro realiza un giro de ciento ochenta grados a su obra y, actuando como uno de los estandartes de la New Age o New Wawe (como se le quiera llamar) imprime a sus escritos una profundidad de pensamiento y un análisis de la conducta humana que sobrepasa, con mucho, cualquier obra de ciencia-ficción escrita por él anteriormente.

Aunque ésta es otra: ¿es realmente EL LIBRO DE LOS CRÁNEOS una novela de ciencia-ficción? Pues va a ser que no. Al menos no presenta ninguno de los elementos típicos del género. Si hubiera que catalogarla (aunque tampoco veo la necesidad) diría que se trata de un drama psicológico, en el que los cuatro protagonistas exponen sus puntos de vista sobre diferentes asuntos: inmortalidad, sexualidad, religión, honradez, posición social, etc.

Formalmente interesante, con gran cantidad de breves capítulos narrados en primera persona por un participante distinto, la novela se divide en dos partes claramente diferenciadas: el típico viaje iniciático, en este caso en coche, desde su Universidad del Este hasta el Monasterio de Arizona, y la estancia en el mismo, con toda su carga de dramatismo, ejercicios esotéricos y confrontaciones psicológicas. Resulta particularmente interesante la prueba exigida por los monjes en que cada uno de los cuatro aspirantes debe contar a otro, previamente elegido, ese secreto oculto que todos escondemos y que jamás hemos mencionado a nadie. Teniendo en cuenta que uno de los protagonistas es un pijo rico que no ha dado un palo al agua en su vida, otro es un granjero de Kansas obsesionado con triunfar en la vida, un tercero, futuro escritor, homosexual, que ejerce de tal, mientras que el último, descubridor del Libro, es un judío menudo, tímido y solitario, ratón de biblioteca, que parece tener bastante del propio Silverberg, nos podemos imaginar que las confesiones de y otros contienen bastante enjundia.

El premio a tanto esfuerzo es grande: nada menos que la inmortalidad. Pero el precio también lo es. Según el Noveno Misterio del Libro, uno de ellos será asesinado por los demás, otro se sacrificará voluntariamente y tan sólo dos lograrán la ansiada recompensa. Como dice el pijo en un momento de la novela: No está mal, un cincuenta por ciento de posibilidades.

El final de la novela es tan abierto que, sencillamente, no existe. El autor deja al lector la libertad de imaginarse el destino final de los dos ¿ganadores? de la prueba, cosa que a unos gustará, a otros decepcionará y a algunos, entre los que me cuento, dará igual; al fin y al cabo, no es una novela de Agatha Christie, sino del mejor Silverberg.

P. D.: esperemos que ningún creador de realities de la tele lea el libro porque, en caso contrario, la próxima edición de Gran Hermano o La casa de tu vida puede ser sangrienta, literalmente.

© José Becerra Gómez, (505 palabras) Créditos

Que definir el concepto ciencia-ficción es casi imposible queda patente gracias a este libro de ciencia-ficción, en el que la ciencia-ficción brilla en todo su esplendor... por su total ausencia.

A no ser que usted sea lo bastante indulgente como para que unas cuantas veladas referencias a la Atlántida, y una supuesta fórmula magistral para conseguir la inmortalidad, le parezcan suficientes como para considerar un relato de ciencia-ficción, estará de acuerdo conmigo en que EL LIBRO DE LOS CRÁNEOS tiene tanto de éste género como El libro gordo de Petete, El Catón o el DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL de María Moliner.

No niego que el empeño en incluirlo dentro del género se vea fundamentado en que Silverberg escribió principalmente ciencia-ficción (y bastante fantasía) y porque se edita sistemáticamente en colecciones de ciencia-ficción, pero insisto en que EL LIBRO DE LOS CRÁNEOS no tiene nada que ver con la ciencia-ficción. Si no, ¿cómo habríamos de describir una novela en la que cuatro colegas de la universidad se meten en coche para recorrerse los Estados Unidos de Norte a Sur por interminables rectas de asfalto y caminos polvorientos? En términos cinematográficos se les llama road-movies, no se como habría que calificarlas literariamente, aunque para el que tenga interés en un incunable de este tipo de aventuras no hay nada como echarse al coleto EN EL CAMINO, de Jack Kerouac. Bien, la cuestión está en que durante todo el viaje, que ocupa sus dos buenos tercios de la novela, Silverberg se limita a relatar la peripecia automovilística de los cuatro universitarios, los pueblos por donde pasan los casquetes que echan y lo cansado, aburrido y tenso que es un viaje taaan largo.

Pero esto, contado así, sólo puede acabar como un ejercicio de monotonía lleno de ¡Ey! ¡Vaya pedazo de recta! ¡Llevo dos horas sin girar el volante! o ¿La rubia de ayer... tenía las tetas más gordas que la morena de hoy o era al revés? pero Silverberg no cae en esa trampa, da vida a sus personajes, cuatro universitarios muy distintos y, sin embargo, muy iguales entre sí. Por un lado Eli, un pequeño judío neoyorkino (¿por qué todos los judíos neoyorkinos tienen que ser como Woody Allen?) no muy agraciado, ratón de biblioteca y promotor de la aventura tras hallar un viejo documento en ¡catalán! en un oscuro rincón de la biblioteca de la universidad. Por otro Timothy, socialmente en el extremo opuesto de Eli, guapo, fornido, hijo de la más rancia aristocracia WASP, financia la expedición con una displicencia no exenta de soberbia. No menos agraciado que él, Oliver es el retrato de la América hecha a sí misma; consiguió salir de la pobreza a la que le había condenado la muerte de sus padres y la inestable situación agraria del Medio Oeste hasta convertirse en un prometedor y ambicioso aprendiz de médico. Y por último, y a modo de representante de todas las minorías, Ned, homosexual militante y como se acaba descubriendo, el auténtico intelectual del grupo.

Lo que les une a todos ellos, con orígenes y visiones de la vida tan dispares, es la pura ambición. Aunque inician el viaje llenos de dudas, cuanto más se acercan a su destino más queda patente que ese escepticismo no era más que una careta que oculta el ansia por conseguir la inmortalidad.

Una vez en su destino, el monasterio donde supuestamente lograrán su propósito, los cuatro amigos deben pasar por mil y una pruebas, mil y un entrenamientos y llegar a lo más profundo de su ser en un camino que, sin llegar a ser iniciático, si les descubre aspectos ocultos de su personalidad. Finalmente, y en cumplimiento de una de las condiciones prescritas en el viejo pergamino y confirmada por los monjes, dos de los aventureros mueren para que los otros dos ¿consigan la deseada inmortalidad? El libro es lo suficientemente ambiguo como para que el lector lo interprete como le venga en gana, pero en ningún momento es tan claro como para asegurar que el objetivo está cumplido; ambos supervivientes, despojados de cualquier lazo con el mundo del que vienen, optan por quedarse en el monasterio, pero nada más se dice acerca de si su objetivo se ha cumplido, nada confirma que realmente hayan encontrado la inmortalidad y en ningún momento Silverberg va más allá del relato pelado de los hechos.

Sin duda, este libro no es, ni por asomo, ciencia-ficción, ni siquiera fantasía, pero eso no le impide ser un muy buen libro, que de ningún modo decepcionará con su lectura.

© Francisco José Súñer Iglesias, (765 palabras) Créditos Créditos