ELLA
ELLA Henry Rider Haggard
Título original: She
Año de publicación: 1887
Editorial: Valdemar
Colección: Club Diógenes nº 83
Traducción: Sonia Tribaldos
Edición: 1998
Páginas: 397
ISBN:
Precio: 7,21 EUR
Comentarios de: Jordi García

Las aventuras sin fin y maravillas prometidas por los relatos aventureros del siglo XIX tienen en esta novela uno más de los exponentes del género, otro de los textos canónicos que ha influido en el posterior desarrollo del género en el siglo XX.

Veo tantas virtudes como defectos al relato. Entre las virtudes, el transmitirnos una sensación de terror y ominosidad en el viaje emprendido por los personajes en busca de la fuente de la eterna juventud, mediante la descripción de los territorios en los que se adentran, y en las salvajes prácticas de los nativos. El canibalismo, las pilas de cadáveres que se conservan en las cavernas donde habita Ella, la atroz y bárbara danza con las momias usadas a modo de teas, todo ello transmite una fuerte sensación de peligro y terror. Por desgracia, Haggard no se atreve a ir hasta el final. Por momentos, el atroz terror que suscita Ella, y su consecuente maldad, hace temer lo peor. Lástima que el escritor no se atreva a matar al narrador, como hubiera sido de rigor siguiendo la lógica de la psicología de Ella, y que la haga aparecer en demasiadas ocasiones como una mujer torturada por sus crímenes y que recuerda a las brujas de los cuentos de Disney, con todo lo esquemático que ello conlleva. Porque Ella, en sus manifestaciones en las que obliga a los personajes a decir que ella es la mujer más hermosa del mundo, y en las que ella misma hace a cada momento, la convierten en un personaje de una pieza con escaso poder sobre el ánimo de los lectores, que no de los personajes. El erotismo que desprende, su seducción de ambos personajes masculinos, suscitando los peores sentimientos en ambos, son, por el contrario, los rasgos que la hacen enormemente fascinante y ominosa al lector. Pero esas sugerencias se pierden por esos rasgos pueriles, que anulan excesivamente su carácter tenebroso. Y es que el Mal siempre ha sido más fascinante que el Bien.

En la trama del relato hace su aparición un elemento que hemos visto repetido hasta la saciedad en miles de relatos y películas: la travesía a través de un puente enormemente peligroso que los personajes deben cruzar para llegar hasta la fuente de la juventud. Fuente que también presenta la forma de otro elemento muchas veces visto en la ciencia-ficción y la fantasía posteriores: la de un haz de luz sobrenatural surgido del fondo de la tierra, en el que deben bañarse los personajes para adquirir la inmortalidad.

Ni que sea por estos topos, que quizás tienen aquí, lo desconozco, su primera manifestación literaria, y por los elementos más turbios del relato, vale la pena esta novela. Aunque el estilo de Haggard sea en exceso ampuloso y retórico, como acostumbraban a serlo los escritores anglosajones del XIX, haciendo de la lectura un viaje en ocasiones muy pesado y plomizo.

© Jordi García, (482 palabras) Créditos