PÁNICO NUCLEAR
PÁNICO NUCLEAR EE.UU., 2002
Título original: Sum of All Fears
Dirección: Phil Alden Robinson
Guión: Tom Clancy, Paul Attanasio
Producción: Tom Clancy, Mace Neufeld
Música: Jerry Goldsmith
Fotografía: John Lindley
Duración: 124 min.
IMDb:
Reparto: Ben Affleck (Jack Ryan); Morgan Freeman (William Cabot); James Cromwell (Presidente Fowler); Ken Jenkins (Almirante Pollack); Liev Schreiber (John Clark); Bruce McGill (Gene Revell); John Beasley (General Lasseter); Russell Bobbitt (Piloto israeli); Philip Baker Hall (David Becker)
Comentarios de: Jordi García

Tiene esta Suma de Todos los Miedos, en su título original, más sugerente y menos comercial que el título español, un defecto de partida. El suspense provocado por las consecuencias de la detonación de una pequeña bomba atómica en pleno Baltimore, que ocasiona centenares de muertos, y lleva al planeta al borde del desastre apocalíptico, queda relativamente diluido porque el resultado final no se pone nunca en duda. La razón: la película narra las andanzas de un héroe literario y cinematográfico con varias aventuras en su pasado y en su futuro, Jack Ryan, con lo cual no llegamos a dudar nunca de que el muchacho logre salvar el planeta, y provoca que no sea tan importante el qué va a pasar como el de qué manera va a pasar.

A pesar de ello la película tiene escenas que encogen el corazón en un puño. Entre ellas, claro está, la de la explosión en Baltimore, que casi se lleva por delante al mismísimo presidente de la nación, hecho inaudito en la filmografía mundial hasta la fecha, si no me equivoco. A pesar de que Robinson nos alerta sobre la explosión, el montaje al que recurre logra hacerla inesperada. Del mismo modo, el ataque de aviones rusos a un portaaviones estadounidense es sorpresivo y terrible, tanto por las imágenes por lo planteado: que el mismísimo presidente ruso no tiene ni idea de lo que están haciendo sus fuerzas armadas, que campan a sus anchas y provocan matanzas alegremente, sabiéndose inmunes al control gubernamental.

Otros hallazgos tiene la película, como el destino final del personaje interpretado por Morgan Freeman, y el no recurrir hasta el final a hazañas asombrosas del héroe. En esta ocasión el héroe se las ve y se las desea para evitar el desastre que se cierne sobre la humanidad, recorriendo un panorama literalmente devastado y sembrado de cadáveres (panorama, dicho sea de paso, mostrado de forma nada sensacionalista, seguramente por respeto a las víctimas del 11 de septiembre) Claro está que finalmente lo logra, de una manera que, hasta hace un año, hubiera resultado un pelín asombrosa. Visto lo que pasó en Septiembre, la solución de Clancy ya no parece tan increíble, por más que su novela estuviera escrita en 1991 y se haya adaptado a los tiempos actuales.

Leía ayer en El País (27/8/02) como Maruja Torres afirma que no es posible que cualquier ciudadano anónimo se haga con una cabecilla nuclear y se convierta en azote mundial. Personalmente, lo planteado en la película, y aún mucho más desde septiembre, me parece horrorosamente plausible y con visos de suceder algún día (Dios no lo quiera). Sin duda, dentro de unos años, PÁNICO NUCLEAR será vista como un ejemplo directo de la influencia de la vida real en el arte, por más que el guión ya estuviera escrito antes de la tragedia de Nueva York y Washington, y un ejemplo clarísimo de las decisiones a las que tienen que enfrentarse los políticos más poderosos del planeta ante tragedias de tanto calado, decisiones que no querrían tener que tomar nunca.

© Jordi García, (512 palabras) Créditos