LA INVESTIGACIÓN
LA INVESTIGACIÓN Stanislaw Lem
Título original: Sledztwo
Año de publicación: 1978
Editorial: Bruguera
Colección: Libro Amigo nº 649
Traducción: Jadwiga Maurizio
Edición: mayo 1986
Páginas: 219
ISBN:
Precio: ---

En una Londres oscura, gris y totalmente impersonal, de repente, los cadáveres recientes empiezan a cobrar algo semejante a la vida, convirtiéndose en enigmáticos zombis. El detective Gregory llevará a cabo la investigación sobre los hechos, para terminar al fin en un callejón sin salida. Nunca sabremos la causa que motivó el levantamiento de los cadáveres por más alocadas y aventuradas hipótesis que echemos al aire, y lo único cierto e invariable es que los muertos han cobrado vida tras la muerte y no tenemos argumento alguno -científico, moral o criminal- con qué explicar el fenómeno.

Nuevamente, como ya ocurre en otras novelas de Lem, la humanidad, nuestro conocimiento, nuestra capacidad de raciocinio y análisis se ve puesta en tela de juicio, y nuevamente se ve superada por la dura realidad, y tras nuestro fracaso como entes pensantes sólo queda la frialdad implacable de los hechos que nos rebatieron.

LA INVESTIGACIÓN de Lem puede parecer, con todo, una novela fallida, ya que despierta unas expectativas en su parte inicial que no se ven refrendadas en la parte final. El propio Lem ha reconocido que, como otras de sus novelas, escribió esta obra mediante el método de la espontaneidad creativa, que es algo así como ponerse a escribir sin ni tan siquiera tener un argumento o unos personajes definidos, y que a media novela, se le fue la inspiración y se quedó a oscuras. Eso se nota en el texto y lo lastra, quizá definitivamente. Pasado cierto punto, la trama pierde interés, ritmo y efectividad, hasta desembocar en un anticlímax final (en el que no ocurre nada y nada nos es desvelado) que sin duda defraudará a la mayoría de lectores, acostumbrados a que a todo misterio debe seguir, por definición, su resolución.

No cabe duda de que Lem no estuvo en La Investigación a su mejor altura, y la novela, aunque bien situada dentro del marco temático de obsesiones personales del autor, deja una sensación de curiosa ambivalencia; de un lado, la sensación de que el texto prometía mucho más de lo que a la postre consigue ofrecer echándose a perder en consecuencia unas inmejorables premisas iniciales, y del otro, que Lem, aun habiendo fracasado a medias, es capaz de volvernos a echar a la cara la tremenda estrechez de nuestra esencia.

Quizá, en efecto, Lem no supo cómo acabar LA INVESTIGACIÓN, pero aún así, la opción que al final escogió, sea o no del gusto del común de lo lectores, acabe dejando mejor o peor sabor tras le lectura, sigue sirviendo perfectamente a los instintos narrativos del autor. La muerte, parece decirnos Lem, había sido hasta ahora un valor estable sobre el que edificar nuestro edificio de percepciones. Teníamos todo un mundo de leyes físicas y orgánicas que nos decían cómo funcionaba la realidad y, pegados a ella, cómo funcionaban nuestros cuerpos corruptibles. Mas, de repente, ni tan siquiera la muerte es aquello que creíamos y un nuevo y gran interrogante amenaza nuestra, hasta entonces, placida existencia.

Los muertos reviven y no podemos saber a qué se debe, y quizá nunca lo sepamos porque se trata de algo que está más allá de los límites de nuestro conocimiento. La Muerte, y por extensión tampoco la Vida, ya no puede ser medida ni baremo de nada, y los hombres deben aprender a vivir con esta nueva derrota. A los vastos interrogantes que ya antes lo asediaban, debe ahora añadirse la caprichosa e inaprensible irregularidad de la muerte.

© Javier Iglesias Plaza, (577 palabras) Créditos

La novela tiene un punto de partida ciertamente atrayente para todos los consumidores de relatos policíacos, en los que la mayor diversión consiste en seguir las pesquisas de los investigadores y en intentar averiguar antes que nadie quién pudo cometer cualesquiera delitos que tenga a bién idear el escritor. El mismo título induce a pensar en que la novela consistirá casi exclusivamente en eso. Pero a Lem no le interesa demasiado dejarse llevar por tramas convencionales, por juegos de gato y ratón entre delincuentes y agentes del lado de la ley. Hay ciertamente una investigación que se lleva a cabo. Pero la novela es más un retrato de personajes, de sus angustias, más que nada, una excusa para cuestionar el concepto de realidad, dejando la mecánica de la investigación en un relativo segundo plano.

Los personajes principales, el teniente detective Gregory y el doctor Sciss, se pasean por un Londres fantasmal casi como almas en pena. La descripción de sus modos de vida, de sus viviendas, sus costumbres, sus visiones de la realidad, constituyen el meollo de la novela. Pero sin dejar que el lector se olvide del macabro punto de partida.

Lem vuelve a demostrar su maestría en la descripción de ambientes, en la confección de una atmosfera inquietante incómodamente cercana, también, a nuestras propias experiencias, las de los lectores, sobretodo en lo que respecta al mundo que separa el sueño de la vigília. El adjetivo que creo mejor define a la novela es el de onírico. Desde el inicio, cuando se relata que algo o alguien está moviendo y robando cadáveres en las cercanías de Londres, una sensación de pesadilla empieza a mojarnos, para empaparnos al llegar la peculkiar conclusión. La imágenes de cadáveres moviéndose, los ruidos misteriosos que el detective Gregory oye en su vivenda, las persecuciones a que somete éste al Dr. Sciss, las conversaciones de los personajes, el episodio del policía en el hospital, y muchos otros detalles, confieren un tono a medio camino de la pesadilla y el sueño incómodo, nunca plácido, a la novela.

Y en cuanto al desenlace, bueno, a día de hoy sigo teniendo mis reservas. ¿Se da una explicación convincente de lo sucedido? Digamos, para el que no la haya leido, que todo depende de como se mire.

La novela, es, creo yo, suficientemente interesante para todo aquél que busque relatos donde lo que importa es la voluntad de hacer literatura. Lem tiene una prosa sencilla pero precisa, y le interesa explorar realmente la realidad. No obstante, algunas motivaciones de algún personaje quedan en exceso desdibujadas. Y, sobretodo, en un momento de la novela se ofrece una explicación a lo sucedido que es directamente fantástica. Y el fantástico no es el género en el que, de tener que inscribirse, se inscribiría el relato. En este preciso momento Lem recuerda a Philip K. Dick, lo cual no es siempre bueno. Aunque su prosa sea claramente superior.

© Jordi García, (485 palabras) Créditos

Que Lem es un escritor excepcional queda más que demostrado en sus obras ajenas a la ciencia-ficción, como LA FIEBRE DEL HENO o LA INVESTIGACIÓN. La riqueza de su prosa, la capacidad para mostrar pequeños detalles sin que ello suponga alterar el ritmo de la obra, (aunque en más ocasiones de las debidas se interrumpa con molestas digresiones) en definitiva, el saber escribir, es algo que acaba por atrapar y hacer de Lem una lectura muy agradecida. Nunca fácil, la densidad de las ideas que vuelca en sus escritos, y lo que en muchas ocasiones parece ser un estilo deliberadamente complejo y rebuscado no deja de ser la exposición de conceptos altamente elaborados.

Y por supuesto, cuando Lem quiere escribir raro lo hace, en ocasiones hasta el punto de ser casi incomprensible, y esto también es algo que desconcierta a muchos lectores; nunca se sabe que Lem se va a encontrar al abrir las páginas de un libro; si al denso y particularmente aburrido de REGRESO A ENTIA, al irónico y despreocupado de CONGRESO DE FUTUROLOGÍA, al moralista de FÁBULAS DE ROBOTS, al quirúrjico de LA FIEBRE DEL HENO o al amargo de RELATOS DEL PILOTO PIRX. Lem es un autor de muchos registros, y como digo, por ello desconcertante y nada fácil.

LA INVESTIGACIÓN está en la misma línea que LA FIEBRE DEL HENO; un hecho extraordinario ha de investigarse y esta investigación se encomienda a un individuo atípico. En este caso, el teniente Gregory no lo es tanto como el astronauta de LA FIEBRE DEL HENO, pero si en el sentido de que se trata de un policía decididamente torpe, inseguro y mediocre. Sin embargo, como policía adiestrado, también es observador, tenaz y sistemático. Pese a todo, el asunto le desborda; una serie de cadáveres han desaparecido o han sido encontrados en los depósitos en extrañas posturas. Lo desconcertante es que todo lo que Gregory encuentra y se le sugiere apunta hacia una explicación para nada admisible; los cadáveres han resucitado.

A partir de ahí todo es desconcierto y giros alrededor de pistas falsas u obsesivas. Sciss, un científico asesor de Scotland Yard (los sucesos se desarrollan en Londres y sus alrededores) descubre una pauta regular en el tiempo y la distancia en la manipulación de los cadáveres, lo que a ojos de Gregory le hace ser responsable del asunto. Sin embargo, la torpeza de Gregory y la superior inteligencia de Sciss convierten sus encuentros en ambiguos tiras y aflojas. Por otro lado, Sheppard, el superior de Gregory, juega a proponer explicaciones al fenómeno basadas en las pruebas encontradas para inmediatamente desmontarlas punto por punto, con lo que únicamente consigue desconcertar aún más a este último. Y entre tanto las miserias de unos y otros (la estrambótica relación de Gregory con sus caseros, las perversiones de Sciss,) salplican el relato aquí y allá retorciéndolo aún más si cabe.

Por último, vuelvo a señalar la curiosa relación entre la ciencia-ficción y la novela policiaca; autores como Isaac Asimov y Fredric Brown cultivaron entusiásticamente ambos géneros, el propio Asimov se declaraba admirador de las novelas de Agatha Christie, las obras de Lem más conocidas fuera de la ciencia-ficción son precisamente policiacas, no sé exactamente porque ocurre esto, pero probablemente se trate de la poderosa atracción que supone para los escritores de ciencia-ficción el lado científico (deducción, lógica, investigación) de la novela policiaca.

© Francisco José Súñer Iglesias, (566 palabras) Créditos