LA FIEBRE DEL HENO
LA FIEBRE DEL HENO Stanislaw Lem
Título original: Katar
Año de publicación: 1976
Editorial: Bruguera
Colección: Libro Amigo nº 689
Traducción: Pilar Giralt
Edición: 1979
Páginas: 185
ISBN:
Precio: ---

Leo en el prólogo a esta novela, en la edición de Ediciones B, colección Punto de lectura, como Carlo Frabetti afirma que la narrativa de Lem es una narrativa del conocimiento:

Todo este preámbulo a cuento de esta me atreviría a decir que imprescindible novela. Una novela prácticamente desconocida, pero que, de lo que yo he leído, una de las que con más inteligencia cuestionan el concepto de la realidad más cercana a nosotros. Y por eso mismo, imprescindible.

En el género fantástico y de ciencia-ficción, sobretodo, es donde tradicionalmente se cuestiona la realidad. Pero se hace a través de símbolos, metáforas, alegorías. Procedimientos todos ellos perfectamente válidos, pero que, desgraciadamente se prestan a comentarios que desmerecen los logros de los escritores del genéro, por la via de su imposibilidad. En otras palabras: a fin de cuentas, lo que se narra EN LOS VIAJES DE GULLIVER, ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, y un largo etcétera es sólo un cuento de fantasía, y, como tal, es imposible que suceda en nuestra realidad y afecte nuestras vidas.

El que lea LA FIEBRE DEL HENO encontrará su conclusión, si es inteligente, aleccionadora respecto a todo lo que da por sentado, a lo que llamamos convencionalmente realidad. Pero no por el episodio psicodélico de uno de los personajes, ni tampoco porque se haya visto envuelto en muertes extrañas, sino por la conclusión del relato. Baste decir, para no estropear el disfrute de quien se acerque por primera vez a este libro, que no todo es lo que parece. Y no, precisamente, a la manera de los relatos al uso policíacos, donde el/los sospechosos, resultan ser inocentes. Aquí hay un culpable, pero no es el que podría esperarse. Todo apunta en una dirección, pero acaba por apuntar en otra. Una dirección, un desenlace, que, particularmente, ha hecho que me cuestione con más ahínco si cabe, muchas de las cosas que damos por sentadas y que los medios se apresuran a mostrarnos siempre con celeridad como la verdad.

En cuanto a la prosa de Lem, reiterar una vez más su maestría en la descripción de ambientes y atmósferas, aquí dominadas por un sentimiento de extrañeza y perplejidad casi físico, que salta de las páginas para envolver una vez más al lector.

Pero tengo dos peros que hacerle a la novela. Uno, el desarrollo de la peripecia en el aeropuerto con el episodio del terrorista se desarrolla a partir de cierto momento de una manera muy inverosímil. Y, dos, aunque el desenlace es sorprendente, y verosímil y creible, aparece de la nada.

Son dos puntos que no empañan la consideración en la que tengo a este libro. Una novela en la que el símbolo, la metáfora, debe extraerla el propio lector de los hechos narrados, del espíritu de estos. Porque en la buena literatura lo que de verdad cuenta es el espíritu que se desprende de lo leído, más que no la letra en sí misma.

© Jordi García,
(493 palabras) Créditos Créditos

Antes de que nadie se lleve a engaño, y piense encontrar una novela de ciencia-ficción, hay que advertir que esta es una de las incursiones de Lem fuera del género.

Sin embargo, de algún modo no le es posible desconectar del todo del mismo y hace protagonista de esta historia detectivesca a un astronauta, retirado, al que se le encarga la investigación de una extraña serie de muertes producidas entre varios varones de edad madura de vacaciones por Europa.

En un principio, los fallecidos tienen unos pocos nexos en común, más bien vagos y poco consistentes, de ellos apenas se puede deducir nada y sólo la causa de las muertes, todas ellas suicidios o desapariciones tras cuadros evidentes de desequilibrios mentales, hace que se inicie esta investigación que llevará al investigador desde Italia hasta Francia siguiendo minuciosamente el mismo camino que uno de los desaparecidos para intentar reproducir, en lo posible, sus pasos finales e intentar averiguar algo sobre el asunto.

Como todas las obras de Lem, esta es una novela de desarrollo minucioso, casi milimétrico y en el que el misterio se intenta explicar desde un punto de vista racional y perfectamente razonado. El protagonista tampoco es un superhéroe infalible, reclutado para la ocasión por su semejanza física con los fallecidos, resulta más un conejillo de indias que un investigador en la línea de los duros detectives de Hammett y Chandler o los agudos intelectuales que resultan ser Hercules Poirot o Cherlock Holmes. Tanto es así que más parece un conejillo de indias o carne de cañón enviado al matadero para comprobar si, casualmente, las condiciones ambientales tenían algo que ver con las muertes.

Así, Su periplo por media Europa meridional se convierte en un extraño viaje de vacaciones, culminado por la visita a un científico, creador de un programa de ordenador que, supuestamente, puede aclarar el misterio en base a los datos conocidos de las muertes.

Esta, quizá, es la parte más farragosa de toda la novela, ya no es narrativa, se convierte en un informe detallado de la vida de los muertos, las circunstancias de sus fallecimientos y las conclusiones que parecen deducirse de todo ello. Con todo, y si el lector entra en el juego de la investigación paralela, es un pasaje (largo) que se lee con cierto espíritu deportivo, intentando extraer de él las claves que lleven al, sorprentende, resultado de la investigación.

Novela para admiradores y fieles a Lem, que quizá encuentre ciertas reticencias en lectores más aficionados a obras más ligeras, pero en cualquier caso muy recomendable.

© Francisco José Súñer Iglesias, (425 palabras) Créditos