SETIEMBRE 2001
por Lía Puglesi

Se pasean serenos y primigenios en esencia, sin dimensiones e invisibles a nuestra vista. (...) Los hombres perciben a veces su presencia por el olor que despiden, pero ningún ser humano puede ver Su semblante, salvo únicamente, a través de las facciones de los hombres engendrados por Ellos, y son de las más diversas especies (...) Se pasean desapercibidos y pestilentes por los solitarios lugares donde se pronunciaron las Palabras y profirieron los Rituales en su debido momento. Sus voces hacen tremolar el viento y Sus conciencias trepidar la tierra. Doblegan bosques enteros y aplastan ciudades, pero jamás bosque o ciudad alguna ha visto la mano destructora. (...) En el glacial desierto (...) y en las sumergidas islas del Océano se levantan piedras en las que se ve grabado Su sello... ¿Pero quien ha visto la helada ciudad hundida o la torre secularmente cerrada y recubierta de algas y moluscos? (...)

Cuando Lovecraft, al comienzo del siglo pasado, describía tan magistral y siniestramente sus pesadillas en torno al NECRONOMICÓN, del enloquecido árabe Abdul Alhazred, el llamado a Yog-Sothoth y la invocación de su primo Cthulhu, no alcanzaba a vislumbrar un horror más atroz que el de Dunwich o el de las Montañas de la locura. Leyendo hoy al maestro, no podemos dejar de reírnos y sorprendemos muchas veces frente a lo que se nos antoja como de una ingenuidad sin par. ¿Quién puede llenarse de temor reverencial ante la imagen de una araña, un pulpo compuesto de cuerdas carnosas de anillos violáceos y ocres, de olores pestilentes y rostro albino semihumano?

Pero es Lovecraft mismo quien nos afirma que el Horror es invisible la mayor parte del tiempo (y por ello, increíble), y aun así, es real. Esta allí, devastando la tierra, arrancando de su faz todo lo que respira, todo lo que crece y es, abriendo la Puerta, preparando el Camino para algo que se predice mucho más terrible, imposible de captar con la imaginación y los limitados sentidos de los que disponemos para adaptarnos a la existencia en un universo tridimensional. El Horror Sin Nombre, el Yog-Sothoth, es inaprensible a la comprensión humana, pero de efectos radicales, definitivos.

La mente y el alma nos permiten un minúsculo atisbo, una ínfima intuición que jamás llega a ser intelección, de su existencia y la cohorte que acarrea. Pero eso es todo. Cuando después de mucha ardua reflexión creemos de pronto que se nos revelará, se volatiliza, nos deja mudos, trastornados, sumidos nuevamente en la idiocia y oscuridad más completas.

Obviamente este horror va mucho mas allá de la imagen tangible de la insólita araña.. Y cuando nos damos cuenta de ello, deja de ser risible para empezar a inspirar verdadero miedo.

Esta visión es la que él (Lovecraft), pudo concebir como nombre para su propia intuición del Horror y lo Siniestro, de lo mas allá de la vida y la muerte, del poder absoluto y el arrasamiento sin igual. Quien se ata a ella sólo verá un cuento para asustar niños pequeños a la hora de irse a dormir. La sensación de lobreguez y claustrofobia, de aguas estancadas y roce permanente con lo sobrenatural-oscuro quedarán sepultadas para una lectura tan obtusa.

Por mi parte, y fundamentalmente en estos días salvajes, no puedo evitar sentir con todos los órganos que me ponen en contacto con el mundo exterior, mas que una demoledora sensación de malestar. Soy presa de una saturación de imputs contradictorios que me abotagan e impiden decidir cual ha de ser el próximo paso a seguir. Y aun más básico, cual es el paso acertado en dirección de la supervivencia. ¿Que he de hacer? ¿Quedarme en NY confiando en que todo se normalice? Y cuando se normalice, ¿qué me hace pensar que podré conseguir en tal normalidad algo del orden de la salud, (sino paz), mental? ¿Hay alguna posibilidad de salud mental, de verdadero bien estar en una sociedad que, desde las mismas raíces de su concepción, está enferma? Lo que esta normalidad implica y el precio a pagar por ella, son un gran capitulo aparte. Valga solamente mencionar, en adhesión a lo ya expuesto por cientos de autores socialmente más conscientes y literariamente más despiertos, que el derecho de las masas a comprar y consumir y desechar y reemplazar y consumir y volver a desechar en un circuito sin fin, no es mas que otro ejemplo de la Utopía que para algunos representa el paraíso mientras que para otros (los menos), no constituye sino una versión mas del Averno, en afrenta permanente a toda ética ecológica y moral.

Mientras tanto, ¿debo seguir peleándole centímetro a centímetro la batalla a esta vida de inmigrante sin voz ni voto en una sociedad anónima, en un país ingente cuyos habitantes tienen por defensas básicas la negación y la omnipotencia sorda, en una clase social donde el casi cercenamiento de las manos, fuertemente atadas, estranguladas, es directamente proporcional a la avaricia de pulpo de las clases dirigentes y a la ceguera (cada vez estoy mas convencida, voluntariamente escogida), de un pueblo que no cuestiona porque mientras el sistema responda y funcione para ellos, conviene acallar la culpa? Si el Gólem de la culpa se despierta y la responsabilidad empieza a reclamar atención, el sistema todo se viene abajo sin lugar a replicas. Como atacar a la máquina es atacar todo orden de cosas conocido y enfrentarse a un caos pavoroso, es mejor arrancarse los ojos y guardarlos en la caja de las perlas, con las joyas de la abuela, que nunca se usan por lo caras y fuera de moda.

(...) Se pasean desapercibidos y pestilentes por los solitarios lugares donde se (...)profirieron los Rituales en su debido momento...

¡Que presencia tenebrosa, que peso macilento y descomunal agobia nuestras conciencias día y noche en el conocimiento de que el Horror es real y esta mas vivo que nunca!!!! No puedo menos que pensar en nuestros Representantes (que nada tienen de nuestros) y sus manos derechas en el diabólico ritual de conjurar a un Yog Sothoth que creíamos dormir pero aguarda siempre silente en sus cápsulas de acero.

Sus voces hacen tremolar el viento y Sus conciencias trepidar la tierra. Doblegan bosques enteros y aplastan ciudades, pero jamás bosque o ciudad alguna ha visto la mano destructora (...)¿Quien ha visto la helada ciudad hundida o la torre secularmente cerrada y recubierta de algas y moluscos (...)?

Sí, algunos han visto las ruinas dejadas en su avance. Algunos aún recuerdan su grito, su aliento de muerte, y llevan en sus rostros, en sus miembros tronchados, en los tumores y secuelas físicas y mentales, Su sello. ¿Cuantos más de estos testigos necesitaremos antes de decidirnos a ponerle un fin al Horror? ¿Cuántos Hiroshimas y Nagasakis? ¿O es que tal Potencia solo aceptará como ofrenda para saciar su sed que toda la Raza Humana, secundada por el resto del Reino Animal y Vegetal, (a excepción, tal vez, de algunos insectos, presidentes y ministros), se tienda sobre el altar de sacrificios?

No, Lovecraft no era un ingenuo. No es un encantador que ha perdido su arte. Es por el contrario, un visionario, un san juán brillante que supo construir como pocos, en los términos de su apocalipsis personal, una denominación mas para esa Sombra que nos acecha sin pausa, que nos respira al oído y que vemos permanentemente de reojo, sin poder centrarla en toda su dimensión en nuestro campo visual, pero estorbándonos siempre, insidiosamente, como una mancha en el cristalino, recordándonos que no importa cuán hermosos hayan sido los sueños de la noche, a la luz de la vigilia, la conciencia de nuestro estado lamentable vuelve a ganarnos otra vez.

© Lía Puglesi, (1.271 palabras) Créditos