LA MAYORÍA DE EDAD
por Dixon Acosta

Hace algún tiempo la mayoría de edad se alcanzaba cuando la persona cumplía veintiún años, incluso algunos países todavía mantienen ese límite, para simbolizar el paso de la adolescencia a la edad madura. El mundo acaba de arribar al s. XXI, y pensábamos que esta circunstancia podía facilitar que la humanidad como colectivo superara los rasgos que no la dejan evolucionar, y que todavía hacen de nuestra especie impredecible, poco confiable y peligrosa. Era cierto que algunas de las ficciónes anticipatorias hablaban de eventos catastróficos, pero cruzamos el umbral del tercer milenio sin mayores traumatismos, superando el temor al publicitado efecto Y2K y las profecías apocalípticas típicas de los finales y los comienzos.

Sin embargo, estos últimos meses no han sido fáciles para algunos pueblos, mi país por ejemplo, ha sufrido los efectos de la intolerancia y el conflicto, pero la sensación de miedo e inseguridad no es patrimonio de unos pocos, se convierte en algo universal, pareciera otra acepción del término Globalización. En todo el mundo se han repetido escenas de tragedia, producto del odio primigenio y la venganza posterior. Acaso, es quizás el coletazo del pasado siglo? Cien años caracterizados por mayor desarrollo y paradójicamente destrucción masiva, o simplemente la continuación de nuestra torpeza histórica? Cuando no es la naturaleza el acicate del desastre, que en ocasiones no es sino consecuencia del mal uso que el hombre ha ejercido sobre ella, hemos sido nosotros flamantes homos erectus (llamarnos sapiens a veces resulta difícil de creer), quienes nos encargamos de hacer de nuestro hogar planetario un sitio riesgoso e intranquilo.

De todas formas seamos optimistas, con la confianza y la fe, casi religiosa, en la certeza de la utopía. Las obras utópicas, han sido predecesoras de las contemporáneas expresiones de ciencia-ficción, pero a diferencias de estas últimas, que abren multitud de abanicos de posibilidades tanto gratas como espeluznantes, lo utópico está amarrado a una noción de mundos mejores en donde lograr las ambiciones y los sueños. Ideas como la justicia social, el bienestar general, la eliminación de las enfermedades biológicas y las inequidades políticas.

Lo utópico no es lo imposible como podría pensarse, por el contrario, es un puerto lejano, de difícil acceso pero al que puede arribarse. El hombre debe entender que es muy poderoso, cualquier cosa que se proponga la puede alcanzar (la historia especialmente la científica, demuestra que algunas quimeras del pasado hoy son realidad), ahí reside el peligro de no tener la suficiente mesura y prudencia. El s. XXI, debe ser el tiempo que marque la mayoría de edad del hombre, ojalá se trate de un adulto responsable, amante de la tolerancia y la libertad, respetuoso de las diferencias, que no haya olvidado la inocencia y alegría pueriles, pero con el suficiente criterio para conducir su propio destino y el de los demás seres que comparten este espacio en el universo. El comienzo no ha sido afortunado, pero si deseamos tener un final feliz (por lo menos final que no sea rápido, trágico y absurdo) es necesario dar un viraje en el timón de este redondo barco. Es cuestión de elegir la vida como alternativa concreta.

© Dixon Acosta Bogotá, Colombia, (522 palabras) Créditos