EL RECORDAR Y LA COMPLEJIDAD
por Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Hoy sentí que tu presencia me rozaba por un momento mientras pensaba ¿o recordaba? Una inmensa casa solariega acribillada de sol y casi amarilla de tanto brillar y reflejarlo, era una gema engarzada que giraba lenta como si yo lo contorneara en una calesita.

La importancia que para nuestras vidas poseen los recuerdos es fundamental; sin embargo, los detalles se nos escapan y se nos confunden en sus tramas de relaciones; por ejemplo, sorpresivamente comprendo que un fragmento de un óleo de Winslow Homer y las notas nostálgicas de un country rock se conectan para explicar desde un ángulo inédito el primer párrafo, pero antes de que logre redactarlo o fijarlo se desvanece y mis propias vacilaciones neuronales le quitan autenticidad a ese momento que se inició especial y terminó trivial.

¿Dónde reposa la verdad? ¿Qué caracteriza a la esencia? ¿Acaso el entorno religioso con que atiborraban y cercaban a las generaciones anteriores de niños les permitía siquiera acercarse a esos temas? Me parece más importante, la libertad de resbalar como burbujas, ahondar como topos, avanzar no importa hacia dónde repartiendo mandobles o diseñando jarrones, como guerrero o explorador, como artesano o comerciante, siendo mano que moldea o arcilla, en fin aparecer como dicotomías preñadas de armonías o disonancias o como redes de multiyoes en ebullición.

Sólo una aventura segura tenemos al surcar la vida: la de morir, las demás son tan ambiguas que pueden ser evisceradas, machacadas, deformadas, descontextualizadas y siempre volverán a surgir como de una fuente tantos múltiples acontecimientos e interpretaciones como gotas. ¿Entonces, para qué esforzarse? Lo que buscamos, de manera casual puede caer en nuestros dedos, mientras perseguimos tenaces las huellas del significado podemos perder la presa que ofrece en bandeja el azar; quizás por que acostumbramos nuestros ojos mentales a lo fácil, lo simple, lo previsible, a lo insólito como extraño creyendo que la realidad era difícil, complicada, innominable, sin adaptarnos a su fluir, a su organicidad, a lo insólito como cotidiano, a la palabra como aglutinadora y creadora del mundo. Y sin embargo, intuimos, que el esfuerzo de vivir justifica nuestra presencia y nuestra existencia

Es fácil sentirse satisfecho cuando se ha digerido la noción de otredad, cuando hemos incorporado los aliens de nuestra existencia en un marco hiperdimensional de relaciones, cuando la angustia existencial no nos corroe por que nos aceptamos diversos borneando y enriqueciéndonos mutuamente en la corriente de armonía que fluye hacia los terrenos del sentirse adecuado hacia un expresarse sin disturbios. Ahí, surgen claro, quienes se debaten en los pantanos de la duda existencial sufriendo por que no pueden soportarse ni estar en soledad consigo mismos y de paso quieren amargarnos la existencia - y frecuentemente lo logran por que no sólo son ambiciosos sino por que cuentan con el poder de ser la mayoría.

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz, (465 palabras) Créditos