KCHABA
KCHABA Intérprete: Hijas del Sol
Compositor: Todos los temas del disco están compuestos por Paloma y Piruchi, excepto El Viajero y La Piel, con letra de Gonzalo de la Figuera y Grito Libre, letra de Gonzalo de la Figuera y música de Alberto Gambino
Producción: Alberto Gambino
Editorial: Nubenegra, 1999
Músicos: Voces y Coros Paloma, Piruchi, Cheri Malé y Pablo Tarifa, Guitarras Pablo Tarifa, David Owono y Hugo Westerdahl Bajo David Owono; Percusión Alex Ikot; Teclados Alberto Gambino

Abriros de orejas; según muy sesudos estudios, realizados por no menos prestigiosos expertos en eso de la economía y la demografía, tendrán que llegar en los próximos veinticinco años cerca de doce millones de inmigrantes para que, gentes como yo (y vosotros, internautas irredentos), en plena treintena, puedan cobrar sus muy bien merecidas pensiones el día de su jubilación.

Y de esos doce millones de emigrantes, por una simple cuestión de proximidad geográfica, muchos de ellos serán africanos, y muchos de ellos negros, y vendrán con su idioma y sus costumbres, que de un modo u otro tendrán que dejar de lado, pero también vendrán con su música, y a esa no renunciarán, porque no hay nada que recuerde la propia tierra como la música.

Y empezaremos a escuchar músicas de todo el mundo, pero no de una forma casual por la televisión, sino por el patio de luces, subiendo del 2ºD, o bajando desde el 6ºA.

Y todo cambiará.

No está mal saber que es lo que se nos viene encima y este disco de Paloma y Piruchi es ideal. Una Paloma y una Piruchi muy especiales, son tía y sobrina, y sus nombres de corrido son Piruchi Apo Botupá y Paloma Loribo Apo. Son de Bioko, Guinea Ecuatorial, y es el tercer disco que editan en España de mano de Nubenegra, cantado en español y en bubi, y arropado con ritmos y melodías de músicos de aquí y allí.

Personalmente, descubrí la música africana gracias a Paul Simon y su LP GRACELAND, aunque desde luego el disco tenía en mi un auditorio muy receptivo, y es que había algo en la música africana negra que me llegaba muy adentro. Sigo sin saber que es, algunas veces he pensado que es la música más cercana al propio ritmo de la humanidad, y es inevitable dejarse envolver de forma casi inconsciente.

Así, poco a poco y sin casi darme cuenta he acabado por hacerme con una discreta discografía de música y músicos africanos; senegaleses, zaireños, sudafricanos, malinenses... grandes músicos como Kanda Bongo Man, Manu Dibango, Miriam Makeba, Youssou N'dour, Salif Keita, Ali Farka Toure, Fela Anikulapo Kuti, y otros muchos de nombres francamente difícil de recordar me han alegrado y hecho moverme de una forma impensable con otros ritmos supuestamente calientes, como esa salsa-bacalao importada de Niu Yol.

El descubrimiento, además, de las llamadas músicas de ida y vuelta da a esta música una dimensión difícilmente comprensible si no se escucha, lo peor es que es también difícilmente comprensible para muchos críticos musicales, pero esa es otra historia. Esos ritmos de ida y vuelta dejan como una chapucera operación comercial a eso que hoy día se llaman músicas de mestizaje. Un ejemplo; la génesis de géneros como el soukous (entendámonos; sucús) está en los primeros viajes que músicos zaireños y en general, de la costa este africana hicieron a Cuba y Estados Unidos durante los años 50. Allí tomaron contacto con la rumba, la salsa (la de verdad) y las formas musicales que los antiguos esclavos negros habían generado con el tiempo en un lento proceso de mestizaje (este si) con los ritmos europeos de los colonizadores. Música negra que va a América, se mezcla con la música europea, se convierte en música americana que se vuelve a fundir con la música africana. ¿El resultado? Entre otros muchos, ahora tenemos músicos senegaleses que hacen salsa senegalesa cantando en español... ¡Ah! Eso es mestizaje.

Pues bien, Paloma y Piruchi, las Hijas Del Sol, son producto de esa cultura del mestizaje. En un principio, su actividad como compositoras e intérpretes se fundamentaba en una minuciosa comprensión de la música tradicional de su pueblo; los bubi. Pero no hay que pensar por ello que sus canciones se ciñen escrupulosamente a la tradición o a la arqueología musical, era inevitable que escucharan la radio y discos traídos de Europa, y así los viejos temas se encuentran con nuevas preocupaciones y en este disco hay desde canciones bubi de la cosecha (la impresionante Ö bötyibi) hasta crónicas de la M-30.

La trayectoria de las Hijas del Sol viene de largo, desde sus inicios en Guinea, hasta su primer disco (Sibeba) para Nubenegra en 1995, participaron en un festival de la OTI, estuvieron en la Expo de Sevilla representando a su país, hicieron un buen montón de giras por toda España en solitario o acompañadas por otros músicos.

Es difícil explicar con palabras como es la música (como es difícil explicar cualquier música) de las Hijas del Sol, pero haciendo un esfuerzo de abstracción se puede decir que es como toda la música negra africana; fundamentalmente alegre, naïf, y rítmica de una forma que pocas otras músicas son; como decía antes tiene algo de música primordial, y se hace difícil sustraerse a su encanto, pero no hay que equivocarse, no es un ritmo machacón y ofensivo, el propio carácter alegre de la mayor parte de las canciones (recordemos; son crónicas de nuestro tiempo y hay mucho lugar para temáticas tristes y amargas) hace que ritmo y melodía se fundan; es ritmo melódico o melodía rítmica... en fin, lo he intentado.

Otra cuestión que llama poderosamente la atención de este disco es que apenas hay temas de relleno. No sucede, como en otros, construidos alrededor de una única canción promocionada hasta la nausea, que una vez escuchada dejan de tener cualquier interés. Son todas canciones sólidas y bien construidas, y en definitiva, un vehículo perfecto para acercase a la música africana.

© Francisco José Súñer Iglesias, (919 palabras) Créditos