Diario de un chaqueta roja de Star Trek
por Guillermo Ríos Álvarez

Fecha estelar 1967.1

Hoy día fue mi primer día de clases en la Academia Estelar. Quedé en el lugar número 356 de 400 cupos, así es que se tardan un poco en llamarme cuando pasan lista. Nos enseñaron cómo se deben manejar los fasers, así como a armarlos y desarmarlos. Nos tomaron una prueba para ver en cuanto tiempo podíamos cargar y disparar. Pero por la emoción de estar ahí, me puse muy nervioso y no me cronometraron un buen tiempo, así es que decidieron que era mejor pasarme a la Sección Roja. Mañana recibiré mi chaqueta roja oficial. Los que pasaron a la Sección Azul y a la Sección Amarilla se rieron de nosotros, pero supongo que es por envidia, porque a nosotros nos van a enseñar cosas mucho más de pelea que a ellos, que van a ser científicos u oficiales, mientras que a mi me va a tocar ver la acción. ¡Pobrecitos, se van a perder toda la emoción!

Fecha estelar 1979.4

Recibí hoy mi chaqueta roja. Me queda de pelos. Salí al corredor y maté un rato con ella. Había una chica Orion por ahí rondando. No tuve ningún problema en llevármela a la cama, porque las chicas Orion adoran las chaquetas. Después, los chaquetas azules y amarillas se rieron de mi, diciendo que las chicas Orion son fáciles, pero yo creo que es por envidia. A ellos los veo tratando de ligarse a las vulcanas, pero la cosa no les resulta, probablemente porque no son tan machos. En cambio, el color rojo enciende a las chicas.

Fecha estelar 1982.6

Le envié una foto a mi novia, de mí con mi chaqueta roja. Me dijo que me veía muy bien y que estaba muy emocionada por mi. Y que quería salir al parque conmigo luciéndome. Dijo incluso que había dejado de lado a ese primito infeliz que la andaba rondando, porque ahora estaba saliendo con un tipo de la Academia. Aunque ahora que lo pienso, le voy a preguntar si ese soy yo u otro. Después de todo, no soy el único que va a la Academia.

Fecha estelar 1984.2

Hoy día fue nuestro primer día de franco. Nos teletransportamos a un bar en la superficie terrestre. Algo salió mal, y el Guatón acabó con el estómago por afuera y la pared intestinal por adentro. Pobre Guatón, nunca me enteré de cómo se llamaba en realidad. Supongo que tenía un nombre, todos tienen un nombre. Y era su primer descenso con su chaqueta roja. Qué mala pata.

Fecha estelar 1986.4

Hoy día tuvimos clases de Agachología, que es la ciencia de saber agacharse a tiempo. No sabía que había estudios tan profundos sobre la materia. Nos dijeron que prestáramos mucha atención porque sabernos agachar a tiempo podía salvarnos la vida algún día. Yo no presté mucha atención, yo encuentro que agacharse es de cobardes. Un auténtico macho y soldado de la Federación no se agacha. ¿Qué pasaría si todos nosotros nos agacháramos ante los Klingon? Los Klingon nos bajarían los pantalones a todos de una, y sería el final de la Federación. Y un valiente no puede permitir eso.

Fecha estelar 1987.5

Hoy día tuvimos un fin de semana especial por ser el Aniversario de la Federación. Fuimos a un bar y nos tomamos unas pintas de cerveza. El Narigón nunca había tomado, así es que tratamos de quitarle la virginidad alcohólica, pero al primer Fuego de Neptuno, ¡ZAZ! que se vomita toda su chaqueta roja, y de una al piso. Después supimos de que el pobre Narigón, que tampoco supe nunca cómo se llamaba, era alérgico al alcohol. Nos hicimos los tontos cuando llegaron los doctores y certificaron que estaba muerto por un shock hepático. Dicen que chaqueta roja que arranca, sirve para otro descenso.

Fecha estelar 1989.6

Tuvimos un hermoso día en la montaña. Nos llevaron allá para entrenar sobre terreno. Estuvimos todo el día haciendo ejercicio, subiendo laderas y trepando árboles. Nos entretuvimos mucho. Cuando llegamos a la Academia nos encontramos con todos los chaquetas azules y amarillos con la cara fruncida. Habían tenido prueba de Quantología Espaciodinámica Avanzada y habían reprobado a la mitad. Muchos de ellos no tienen siquiera nota para egresar, así es que incluso se salieron de la Academia. En cambio a nosotros nos pusieron buenas notas por hacer gimnasia. Tenemos suerte de llevarnos toda la acción, esos otros chaquetas azules y amarillos son unos pelmazos que ni siquiera saben divertirse. La nuestra sí que es vida.

Fecha estelar 1991.4

Nos fuimos de franco a un bar por ahí. Habían unas mujerzuelas a las que impresionamos con nuestras chaquetas rojas, así es que nos las llevamos a la cama. Después, cuando nos reunimos, nos encontramos con que el Seis Dedos no aparecía por ninguna parte. Lo buscamos y lo buscamos, hasta que dimos con él en una cama muy sucia y llena de toda clase de fluidos de colores muy raros, mientras que su chica había desaparecido. Nunca había visto a alguien muerto de herpes genital andoriana. Según me dijo un médico después, la herpes genital andoriana, que no ataca a las mujeres no sé por qué, es el único tipo de herpes en el Cuadrante Alfa cuyo agente patógeno, a pesar de ser unicelular, es macroscópico y puede ser visto a simple vista. Creo que quemamos a dos o tres con los fasers cuando les disparamos, para evitar que siguieran comiéndose el cadáver del pobre Seis Dedos. Apenas llegué de regreso a la Academia Espacial quemé mi chaqueta roja en el incinerador después de darme una ducha, por si me hubiera llevado algún huevo del bicho de la herpes genital andoriana. Prefiero pedir una nueva, y que me castiguen con dos semanas sin permiso por perder mi chaqueta roja, en vez de ser devorado por esos bichos durante la noche. Me acosté tratando de acordarme cómo se llamaba el Seis Dedos, pero cuando lo tenía en la punta de la lengua, me dormí.

Fecha estelar 1993.9

Hoy día nos graduamos de la Academia Espacial. El compañero chaqueta roja que subió antes a recibir su diploma, se tropezó con una tabla de la escalera al podium, que estaba podrida, y al caerse se clavó la tabla en el pecho. Pobre tipo. De él si que no hay la más remota esperanza de que me acuerde de su nombre, nunca hablé con él. Incluso diría que nunca lo había visto antes. Pero claro, entre cuatrocientos cadetes...

Fecha estelar 1994.6

¡Las mejores noticias de todas! Como mis notas daban para un decente aprobado y un poco más, o sea, estaba en el cinco por ciento de las mejores notas de egreso de los chaquetas rojas de la Academia Espacial, me enviaron... ¡Nada menos que al Enterprise! ¡Voy a estar bajo el mando de nada menos que el famoso capitán James Tiberius Kirk! Resulta que mandan al Enterprise a una misión de cinco años para encontrar nuevas formas de vida, contactar nuevas civilizaciones y llegar donde ningún ser humano ha llegado antes. ¡Tengo tanta suerte! Lo único es que le tuve que decir a mi novia que nuestro matrimonio se iba a postergar. Ella me dijo que no importaba, que me esperaba, que estaba orgullosa de mi, y que esperaba que volviera a salvo y bien para estar a su lado. Se lo prometí. No me puede pasar nada malo, estoy entre el cinco por ciento de los mejores chaquetas rojas de todos. Lo único que siempre anduve a los tropezones con las notas fue en Primeros Auxilios, pero mis compañeros sí saben, así es que si me pasa algo, estoy asegurado.

Fecha estelar 1995.5

Hoy día, a la hora de almuerzo, el capitán Kirk nos dirigió un gran discurso. Dijo que estaba orgulloso de nosotros. Nos preguntó hasta donde estábamos dispuestos a llegar. No pude evitar pararme y gritar a toda voz: ¡Hasta donde sea preciso por la Federación, señor! El capitán Kirk me preguntó mi nombre, y se lo dije. Me sentí muy feliz porque ahora todos saben mi nombre. Creo que es coincidencia que nadie se acordara del nombre del Guatón, del Narigón y del Seis Dedos, pero es que después de todo eso uno se pone nervioso, y no es que sea supersticioso, pero me hizo sentir más feliz que ahora incluso el capitán sabe quién soy, con nombre y apellido. Y además, quién sabe, hasta se acuerde de mi para un ascenso...

Fecha estelar 1996.2

Acabamos de pasar por el planeta Dobrium, y allí la palmó el pobre Ojo Loco. Me dijeron que como era un poco estrábico, calculó mal la piedra que le tiraron, y que le rajó el cráneo. Morir de un piedrazo a manos de una civilización de trogloditas, eso sí que es mala suerte. Uno está preparado para pelear con robots o con hermosas mujeres de sensuales cuerpos armadas con cuchillos letales, así es que morir así a manos de un cavernícola es, como mínimo, algo triste. En fin. Bueno, tampoco me acuerdo cómo se llamaba Ojo Loco.

Fecha estelar 1998.2

Qué bueno dejamos la órbita del planeta Azantus. Allí agarraron al pobre Oreja Mocha. Según me contaron, parece que estaba bien alerta contra cualquier animal o nativo, pero se descuidó, pasó cerca de una planta carnívora vampiro que le clavó el aguijón, y ahí mismo le chuparon todos los jugos corporales. No hizo ni falta incinerarlo, así es que arrojamos sus polvos al espacio exterior. Flota en la eternidad, Oreja Mocha, amigo. Ojalá me pudiera acordar de tu nombre.

Fecha estelar 2001.9

¡Hoy día me topé con el capitán Kirk en el ascensor, y me dio la mejor noticia de todas! Le pregunté que cuando me tocaba ir a la acción a mi, y me prometió que en el siguiente planeta yo fuera a la plataforma de teletransporte para descender con él. ¡Qué emoción, por primera vez voy a ir en misión a terreno! Las comunicaciones con la Federación son difíciles, así es que no pude decírselo a mi novia. ¡Ojalá pasaran rápido los cinco años para poder estar de regreso con ella...! Debe estarme esperando orgullosa de mi. Haré que lo esté, lo prometo.

Anotación final. Fecha estelar 2002.8

Estimada srta. Redjacketbride:

Conjuntamente con este diario y con estos efectos personales que le remito en el entendido de ser Ud. la novia, y nos tememos que lo más parecido a un pariente vivo, de su antiguo dueño, me veo en la penosa obligación de informarle que éste ha fallecido heroicamente en cumplimiento del deber. Cuando arribábamos a un planeta de clase M, entablamos contacto con una pacífica civilización de seres altamente iluminados y filósofos, que habían conseguido desterrar toda forma de agresión de su cultura y viven en un idílico paraíso terrenal sin amenazas para su especie ni para la nuestra. Cuando fuimos a la plataforma de teletransporte para descender y hacer un reconocimiento, estaba su novio esperando ansiosamente. Me acordé que le había prometido descender, así es que lo llamé con un gesto, que él correspondió con entusiasmo. Para nuestra desgracia, ignorábamos que los habitantes del planeta que reconocíamos habían rodeado hace siglos a éste con un campo de fuerza que mata a cualquiera que descienda en él por cualquier medio, y que tenga un cociente intelectual inferior a 100. De haberlo sabido, puede Ud. creer que jamás habríamos permitido a alguien que en su dossier figuraba con un cociente intelectual de 97, descender con nosotros a lo que para él era en realidad una muerte segura. Apenas exigimos explicaciones a los nativos del planeta; manifestaron honda pesadumbre, así como se asombraron de que nosotros no usáramos campos de fuerza similares en nuestros propios mundos, para defendernos de la estupidez del Universo. Como muestra de desagravio hacia nosotros, tomaron su cuerpo, lo envolvieron con la chaqueta roja que con tanto porte y dignidad sabía llevar, y le dieron honrosos funerales en su mundo, aunque es una lástima que la cabeza de su novio no haya podido ser recogida con su cuerpo, esparcida como quedó en pequeños pedacitos en un perímetro que nuestro oficial científico, el señor Spock, estimó cercano a los cuatro kilómetros cuadrados. Las últimas palabras que profirió su novio, antes de que su aparato fonador fuera desintegrado junto con su encéfalo y el resto de su cabeza, fueron: ¡¡¡ARGH!!! Su novio será recordado por su entereza, su integridad, su idealismo y su hondo y dedicado sentido del deber, como lo hicimos consignar en la lápida que dejamos en aquel mundo, que dice: A la memoria de Babitas, por su nobleza y sacrificio. Por desgracia nadie recordó, como se llamaba, y en las prisas se nos olvidó consultar con los archivos de la nave, así es que la lápida quedó con el sobrenombre con el cual parece que lo conocían a bordo.

Su seguro servidor, para lo que sea menester: James T. Kirk

P.D. Me permito comunicarle que, en breve, me ocuparé personalmente de hacerle entrega de algunos efectos de carácter íntimo, entre los que se encuentran ciertos retratos de Ud. en vestuario y actitudes que podrían dar lugar a comentarios suspicaces y enojosos equívocos de ser vistos por terceros. El envío, como todo lo demás, por servicio postal ordinario, siempre sujeto a extravíos y robos, podría dañar la reputación de Ud. si los citados retratos cayeran en manos irresponsables.

© Guillermo Ríos Álvarez,
(2.175 palabras) Créditos