Vida artificial
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En la naturaleza resulta relativamente fácil distinguir entre un ser vivo y otro que no lo es. Si consideramos a la vida como el producto de la actividad metabólica de los seres orgánicos, puede definirse a un ser vivo como a aquél capaz de sostener un metabolismo propio y reproducirse, algo que deja fuera del concepto (o cuanto menos en la frontera del mismo) a entidades tales como los virus o los priones, moléculas sumamente complejas capaces de emular algunas de las características de los seres vivos como es la reproducción, pero carentes no obstante de metabolismo propio.

Sin embargo, la cuestión se complica enormemente cuando se aborda la hipótesis de la vida artificial, dada la inexistencia, hoy por hoy de la misma. Así pues, tendremos que considerar como tal la alentada por seres que carecen de algunas de las características anteriormente mencionadas, entre ellas la de la naturaleza orgánica y, concretamente, aquélla basada en el carbono, en realidad la única que conocemos.

Si bien es científicamente improbable que podamos encontrar seres de tal naturaleza, la ciencia-ficción ha considerado esta posibilidad. El caso más sencillo de todos los posibles, es considerar una vida artificial de naturaleza inorgánica. Así el escritor ruso Anatoli Dneprov describe, en su interesante relato LOS CANGREJOS CAMINAN SOBRE LA ISLA, la creación de unos robots dotados de metabolismo propio, siendo capaces de obtener sus propios alimentos (todos ellos materiales metálicos, evidentemente), de crecer y de reproducirse autoduplicándose, llegándose incluso al canibalismo entre ellos. Evidentemente estos pequeños robots con forma de cangrejos habrían de ser considerados vivos con todas sus consecuencias.

Un paso más allá lo suponen las razas mecánicas creadoras de auténticas civilizaciones equivalentes a la humana y, normalmente, hostiles a ella, como es el caso de los mecs de Gregory Benford, los berserker (conocidos en España como los Asesinos) creados por Fred Saberhagen o los alien de los españoles Eduardo Gallego y Guillem Sánchez. Sumamente interesante resulta el planteamiento de EPÍLOGO, un relato de Poul Anderson en el que este autor describe con su maestría habitual toda una ecología robótica a nivel planetario que, por evolución de los primitivos robots terrestres, ha reemplazado a la extinta vida orgánica, tanto humana como animal y vegetal, tres mil millones de años en el futuro.

Si bien suele entenderse que estos seres están constituidos habitualmente por materiales metálicos o sintéticos, pueden tener en ocasiones elementos orgánicos vivos en su interior como ocurre con los ya mencionados bersekers, cuyas variantes más sofisticadas poseen un cerebro, a veces humano, pasando así a la categoría de ciborgs. O, yendo más allá, nos encontramos con la interesante variante de seres artificiales que combinan elementos inorgánicos y orgánicos (pero no vivos) a los que se les ha insuflado vida, tal como sucede en el relato de John Windham UNA.

Según la definición de ser vivo que hemos empleado, los robots quedarían fuera de este concepto al no ser capaces de autorreproducirse (salvo en algunos casos muy concretos, como en el divertido relato CÓMO SE HACE de Clifford D. Simak) ni contar con metabolismo propio, ya que suelen depender de una fuente interna de energía. Por esta razón, son asimismo difíciles de catalogar como seres vivos artificiales los humanoides antropomorfos conocidos como androides. No obstante, desde un punto de vista filosófico resulta interesante el planteamiento realizado por Isaac Asimov en EL HOMBRE BICENTENARIO, donde un robot se fija como meta convertirse en un ser humano. Otros ejemplos conocidos son los excéntricos robots imaginados por Stanislaw Lem en CIBERÍADA o Data, el androide de Star Trek: TNG.

Hasta ahora tan sólo hemos considerado vida artificial inorgánica. ¿Y sí ésta fuese orgánica? Junto con algunos precedentes históricos anteriores a la aparición del género, tales como el mito judío del Golem o la conocida novela de Mary Shelley FRANKENSTEIN, también podemos encontrar este tema dentro de la ciencia-ficción. Clifford D. Simak lo aborda en UNA Y OTRA VEZ, donde se recurre a la fabricación de humanos in vitro gracias a los profundos conocimientos químicos que se poseen acerca de la vida, hecho que permite fabricar clones humanos. Lamentablemente, los clones resultantes pierden la capacidad biológica de reproducirse y así el autor no duda en calificarlos como androides. Piezas de laboratorio son también los replicantes que aparecen en BLADE RUNNER, la famosa película de Ridley Scott basada en la novela de Philip K. Dick ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? provistos por precaución de una fecha de caducidad en sus vidas. Salvo por estas restricciones, ambos tipos de seres serían indistinguibles de lo que conocemos actualmente como vida.

© José Carlos Canalda,
(762 palabras) Créditos