Vapor

El estado gaseoso es junto con el sólido y el líquido uno de los tres principales estados de la materia. Se diferencia de ellos en que las fuerzas de cohesión entre las partículas que constituyen un gas, sean átomos o moléculas, son muy débiles. Esa debilidad es la responsable de que los gases no mantengan ni una forma ni un volumen definidos, tendiendo siempre a llenar todo el volumen del recipiente que los contiene. La densidad de un gas es por tanto muy variable, pudiéndose comprimir o expandir con facilidad según la presión aplicada. También la temperatura a la que está sometido un gas influye sobre su densidad, ya que a mayor temperatura, un gas contenido en un volumen dado aumentará su presión y su densidad.

Aunque prácticamente todas las substancias podrían ser convertidas en gas simplemente sometiéndolas a la temperatura adecuada (excepto, claro está, aquéllas que se descompusieran antes), en condiciones normales de presión y temperatura son numerosas las sustancias que podemos considerar como gases: Por ejemplo, los atmosféricos, como el oxígeno, el nitrógeno, el anhídrido carbónico o los gases nobles. También son gases el hidrógeno, el helio, el flúor, el cloro, el amoníaco, el cloruro de hidrógeno, los óxidos de azufre y nitrógeno, el monóxido de carbono, el metano y otros hidrocarburos de bajo peso molecular, algunos freones y un amplio etcétera. El así llamado gas natural, por último, es una mezcla de hidrocarburos gaseosos cuyo componente principal es el metano.

Desde un punto de vista físico los vapores son asimismo gases, pero se denomina así a aquellas substancias en estado gaseoso que, aun siendo líquidas en condiciones normales, son muy volátiles, es decir, se evaporan con mucha facilidad. El ejemplo más conocido es sin duda el vapor de agua, pero muchas otras substancias como el alcohol etílico, la acetona, el bromo, el yodo, o algunos hidrocarburos se transforman fácilmente en vapor.

Los gases constituyen las atmósferas de los distintos astros del Sistema Solar. Además de la atmósfera terrestre, constituida principalmente por nitrógeno y oxígeno, en otros casos éstas están compuestas por nitrógeno o anhídrido carbónico. Un caso especial es el de los planetas gigantes (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), a los que se puede considerar como inmensas bolas de hidrógeno, helio y otros gases menores, comprimidas hasta valores tales que estos gases acaban licuados (es decir, transformados en líquido) o solidificados.

Cuando las moléculas o los átomos de un gas se ionizan, es decir, cuando se descomponen las partículas neutras en los iones correspondientes, se define a este gas con el nombre de plasma. La principal fuente de plasma está en el interior de las estrellas, y también en el denominado viento solar. Aunque se ha obtenido plasma en el laboratorio, ya que éste resulta ser un componente fundamental en los procesos de fusión nuclear, éste es sumamente difícil de manejar, razón por la que hoy por hoy todavía no es explotado industrialmente.

© Jacobo Cruces Colado,
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