Tschai

Tschai (pronunciado Shay según Vance), es un planeta ligeramente mayor que la Tierra que orbita alrededor de la estrella Carina 4269, a 212 años-luz de distancia del sistema solar

Topográficamente, Tschai es notablemente variado con extensas estepas, mares interiores, océanos, islas, grandes bosques y desiertos. La fauna y flora local es abundante y tan diversa como en la Tierra.

Aunque durante millones de años Tschai ha sido invadida una y otra vez por diferentes oleadas de razas extraterrestres, durante los cien mil años anteriores a las aventuras de Adam Reith sólo cuatro han medrado en el planeta; los originarios Pnume, los Dirdir, los Wankh, y tres variedades de Chasch. Las cuatro razas, han criado y seleccionado a los humanos, llevados originalmente por los Dirdir como esclavos, de forma que tanto psicológica como físicamente han acabado por asemejarse a sus amos. Los Hombres-Dirdir y los Hombres-Chasch han elaborado complejas mitologías para relacionar su origen con el de los Dirdir y Chasch respectivamente, los Hombres-Wankh, en cambio, se han aprovechado sus amos, aislándolos del mundo exterior, mientras que los Pnumekin mantienen una relación simbiótica con los Pnume en sus inmensas cavernas subterráneas, y actúan como intermediarios con los habitantes de la superficie.

Los humanos libres también existen en una enorme variedad de culturas y sociedades diferenciadas. Numerosas razas especializadas e híbridos, desde las toscas tribus Emblema de la estepa, hasta los refinados y neuróticos Yao, pasando por los técnicos Lokhar, los irascibles Khor, los muy adaptables Zsafatharanos o los fulleros Thang pueblan todo el planeta.

Por ello mismo costumbres y religiones son igualmente variadas. Sólo hay un par de características en la cultura de Tschai que no varían de un lugar a otro, son la moneda, el omnipresente sequin, y la lengua de los humanos, sintácticamente muy regular, aunque con gran cantidad de tiempos, modos y aspectos, es la misma en todo Tschai, e incluso es usada por los propios extraterrestres como lengua de intercambio.

La tecnología de Tschai, al igual que la de la Tierra, es una heterogénea mezcla de refinadas y avanzadas técnicas con primitivas pero eficaces soluciones, de forma análoga a como coexisten en nuestro mundo la microelectrónica con la alfarería. Las células de energía Dirdir y las plataformas volantes son los elementos más difundidos en la mayoría de las regiones de Tschai, sin que por ello se desprecie la tracción animal o los efectivos caballos-saltadores locales. Los lanzaarena Wankh son un arma efectiva y muy extendida en las estepas orientales, casi tanto como las espadas y los largos floretes.

Políticamente Tschai se mueve a dos niveles, tres, siendo precisos. Desde el punto de vista humano es un gigantesco mosaico de pequeñas naciones, y ciudades estado que se autogobiernan sin que por ello existan unas fronteras definidas. Ello implica que los desplazamientos y el intercambio de bienes y servicios es fluido y constante, las únicas precauciones que deben tomar comerciantes y viajeros es no quebrantar las costumbres locales y tener bien vigilados sus sequins. Esta circunstancia explica en cierto modo la natural implantación de la moneda única y la facilidad con la que la lengua de Tschai se ha mantenido invariable en todo el planeta, sin más diferencias que los típicos localismos.

A otro nivel se mueven los extraterrestres de Tschai. Excepto los Pnume, todos ellos llegaron como invasores y, aún dentro de una calma tensa, sus relaciones son siempre hostiles y las escaramuzas constantes. En pocas ocasiones se aventuran más allá de sus fortalezas, ciudades y dominios, y siempre en incursiones poco amistosas. Sin embargo, y gracias a sus asistentes humanos, el comercio e intercambio económico es constante, aunque probablemente ninguna de estas razas lo admitiría abiertamente.

Y al fin, en un tercer nivel, están los Pnume, la única raza originaria de Tschai, que en la sombra y desde sus subterráneos maneja verdaderamente el destino del planeta.

© Francisco José Súñer Iglesias,
(644 palabras) Créditos