Trilogía

Originalmente, una trilogía era un conjunto de tres obras en las que el autor desarrollaba una idea o concepto, sin que las obras tuvieran necesariamente un nexo común aparte del conceptual. Ejemplos clásicos de trilogía son la serie original de FUNDACIÓN, de Isaac Asimov, formada por tres volúmenes (FUNDACIÓN, FUNDACIÓN E IMPERIO y SEGUNDA FUNDACIÓN) en la que se recopilaban, de forma cronológica, una serie de relatos ambientados en un universo común, la caída del imperio galáctico, o los tres volúmenes que conforman la conocidísima obra EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. Dentro del cine fantástico, se pueden reseñar las tres entregas de REGRESO AL FUTURO, las tres previstas de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS o los episodios 2º, 3º y 4º (no el resto) de STAR TREK.

Con el tiempo, y sobre todo en el campo de la ciencia-ficción y la fantasía, se ha producido un curioso efecto degenerativo de índole comercial en el concepto de trilogía. Hoy por hoy, ya no se trata de una obra concebida y desarrollada en tres partes, sino de una historia contada en tres entregas, de tal modo que la estructura clásica de planteamiento, nudo y desenlace se trasfiere al primer, segundo y tercer volumen de la trilogía de forma casi literal, obligando al sufrido lector a comprarse tres voluminosos (valga la redundancia) volúmenes de los cuales buena parte del texto suele ser simple relleno.

Por si fuera poco, resulta bastante habitual que las trilogías acaben estirándose con nuevas entregas, cada vez más deleznables y a veces incluso de autores distintos, reconocidos o no, convirtiéndose en la práctica en n-logías para desesperación de un lector que contempla inerme el triunfo absoluto de la cantidad sobre la calidad.

© Francisco José Súñer Iglesias, José Carlos Canalda,
(285 palabras)