Serendipia

Esta palabra es un neologismo incorporado recientemente a nuestro idioma como traducción del original serendipity. El término fue introducido por Hugh Walpole en la traducción de un cuento de LAS MIL Y UNA NOCHES titulado LAS PRINCESAS DE SERENDIB (Serendib es la actual Sri Lanka).

Serendipia es un término que describe el descubrimiento accidental de cosas no buscadas. Así, los descubrimientos de la penicilina, el velcro, el teflón o la dinamita, son ejemplos de serendipia, dado que sus afortunados descubridores no estaban buscando en absoluto estas cosas. La serendipia es ubicua en la ciencia y la tecnología, y detrás de muchos de los avances científicos fundamentales hay una historia curiosa que involucra a la buena suerte. A veces se distingue la serendipia, la auténtica buena suerte inesperada, de la seudoserendipia, que designa descubrimientos accidentales que culminan un camino de búsqueda; es decir, a la buena fortuna que concluye un largo trabajo. Por ejemplo, el descubrimiento de la estructura del benceno por Kekulé sería un caso de seudoserendipia, ya que llevaba largo tiempo trabajando en el problema, mientras que Fleming encontró la penicilina por absoluta casualidad.

Muchos científicos e inventores saben que la buena suerte no es suficiente, y existe una cita de Louis Pasteur que lo define a la perfección: En los campos de la observación, el azar favorece sólo a la mente preparada. La serendipia es ubicua en la ciencia-ficción, donde en muchas ocasiones el accidente afortunado del científico de turno conduce a un notable descubrimiento. Un ejemplo de esto es ANTIHIELO, de Stephen Baxter, donde el material que da título a la novela es encontrado de forma casual por una expedición polar. La mejor novela sobre la serendipia es sin duda OVEJA MANSA, de Connie Willis.

© Jacobo Cruces Colado,
(289 palabras) Créditos