Resurrección
El mundo del río

La resurrección es la vuelta a la vida tras haberse producido la muerte. No hay que confundir la resurrección con la recuperación de la normalidad tras alteraciones psicomotrices, como la catalepsia o estados de mínima actividad vital, como el aletargamiento o la hibernación

La resurrección ha dado lugar a una infinita serie de leyendas mitológicas, desde las más populares de Osiris y Jesucristo hasta las de Dionisos o Baal. En todos estos casos, y para que no hubiera dudas de la muerte efectiva de cada uno de estos dioses o semidioses, todos ellos son violentamente asesinados; Osiris fue muerto y descuartizado por Seth, Dionisos sufrió idéntico tratamiento, e incluso fue devorado por los Titanes, Jesucristo sufrió una serie de torturas a las que es imposible sobrevivir. Estos mitos son legados de culturas agrícolas en las que el alto componente simbólico del renacer de la vida en primavera, tras el paso por inviernos estériles y al borde de la hambruna, resulta fundamental para mantener la esperanza en las nuevas cosechas y en la bondad de la tierra, de hecho, las resurrecciones de estos personajes son productos del amor filial; a Osiris le resucitó su hermana Isis, a Dionisos su madre Deméter, a Baal su esposa-hermana Anat, la resurrección de Jesucristo, siendo un mito mucho más tardío, también es más elaborado, puesto que se trata de una compleja relación paterno-filial en la que la muerte se considera como un paso necesario, pero no irreversible, para el establecimiento de un nuevo pacto de Dios con los Hombres.

Más tarde las resurrecciones dejaron de lado el componente mitológico para convertirse en leyendas que alimentan el anhelo humano por no morir o, al menos, que la muerte no sean un proceso irreversible. Aquí ya entra el componente paracientífico o milagroso, como la resurrección de Lázaro por parte de Cristo o las realizadas por los chamanes viajando a la tierra de los muertos para traer de regreso a los espíritus difuntos y otros muchos testimonios.

Sean como sean las resurrecciones el concepto resulta tan socorrido que apenas hay escritor o guionista de ciencia-ficción que lo haya ignorado. Entre los casos honestos se encuentran el de Philip José Farmer, que en su famosa saga de El mundo del río dibuja un mundo fabuloso recorrido por un río casi infinito en el que no existe la muerte, cada vez que se produce una, el fallecido resucita, en perfecta forma física, en otro punto del río, siendo el suicidio un método comúnmente utilizado para practicar una muy particular forma de turismo. Análogamente, en MUNDO INFIERNO, una novela menos conocida de este mismo autor, se recrea un ambiente similar al del Mundo del Río aunque en esta ocasión no hay ningún río, sino un peculiar infierno con ciertas reminiscencias del clásico de Dante.

En la misma línea, Ángel Torres Quesada permite a los protagonistas de su Trilogía de los dioses transferirse a un nuevo cuerpo tras la muerte, lo que por un lado prácticamente les procura la inmortalidad, y por otro un mecanismo sencillo para escapar de situaciones apuradas. A diferencia de las obras de Farmer, impregnadas de misticismo, en esta ocasión queda muy claro, ya desde el principio, que todo se debe a una avanzadísima tecnología de origen alienígena

Sin embargo es raro que la resurrección sea parte central del argumento, convirtiéndose en una excusa para recuperar personajes desaparecidos en anteriores entregas y que hay que devolver a la vida por exigencias económicas. El caso más clamoroso fue el de la teniente Ripley en ALIEN 4: RESURRECCIÓN. Autoinmolada en la tercera parte de la saga para impedir la propagación de los aliens, Ripley es clonada años más tarde para recuperar el ADN alienígena que se había mezclado con el suyo. No menos sonada fue la particular resurrección del señor Spok, que tras una terrible muerte radioactiva en la película STAR TREK: LA IRA DE KHAN, vuelve a la vida, con nuevo nacimiento incluido gracias a las bondades de un ingenio terraformador, en la siguiente película de la saga; STAR TREK: EN BUSCA DE SPOCK.

Otro ejemplo claro de oportunismo es el de Arthur C. Clarke en 3001, LA ODISEA FINAL, la última y penosa secuela de 2001, UNA ODISEA ESPACIAL, donde gracias a una avanzada tecnología se resucita a Frank Poole, el astronauta de la Discovery asesinado por el ordenador HAL durante el viaje de esta nave a Júpiter, cuyo cadáver había estado vagando desde entonces, congelado, por el cosmos

Tampoco es necesario que el personaje resucite en cuerpo y alma, como para elaborar unos diálogos basta el alma, no son pocas las resurrecciones virtuales, como la que sufre Robinette Broadhead a lo largo de la La saga de los heechees.