Realismo fantástico

Movimiento intelectual y literario que pretendía reivindicar toda una serie de fenómenos misteriosos presuntamente ignorados de forma deliberada por la ciencia oficial. Quizá el origen de este movimiento haya que fijarlo en la publicación, hacia 1960, del libro EL RETORNO DE LOS BRUJOS, de Louis Pauwels y Jacques Bergier, seguido de LA REBELIÓN DE LOS BRUJOS, de los mismos autores.

Pauwels y Bergier planteaban la necesidad de estudiar con espíritu crítico, pero asimismo abierto, todos aquellos fenómenos que la ciencia oficial no podía, o no quería, investigar, pudiéndose explorar así, al margen de la metodología científica, todas las facetas oscuras de la vida. La iniciativa de estos dos escritores tuvo éxito y cuajó en el movimiento bautizado como realismo fantástico, aunque por desgracia pronto empezó a contaminarse con todo tipo de pseudociencias que iban desde el estudio de los ovnis (Antonio Ribera, Aimé Michel, Juan José Benítez) hasta fenómenos como presuntas visitas de extraterrestres en la antigüedad (Erich von Daniken), regiones del planeta en las que tendrían lugar fenómenos extraños y desconocidos como en el triángulo de las Bermudas (Charles Berlitz), etc.

Finalmente el realismo fantástico degeneró todavía más, al incorporarse a él todo tipo de charlatanerías mal llamadas ciencias ocultas (ni son ciencia ni tienen demasiado de ocultas) tales como la astrología, la quiromancia, la brujería, el vudú o los variados métodos para adivinar presuntamente el futuro. Tal degeneración, que intentaba enlazar incluso con los diversos tipos de movimientos místicos, esotéricos y similares surgidos a lo largo de la historia, acabó por completo con el espíritu inicial del movimiento, que no era otro sino el de considerar que el hombre no era capaz de percibir todas las realidades del universo. Actualmente tal movimiento ha caído en un olvido casi absoluto, aunque algunos autores, cuyos libros suelen compartir en las librerías, por desgracia, estanterías con las obras de ciencia ficción, siguen empeñados en ver extraterrestres y seres celestiales o infernales hasta en la sopa, todo ello unido a la plaga de adivinadores varios especializados en vivir a costa de la buena fe de los incautos.

© José Carlos Canalda,
(345 palabras) Créditos