Pulso electromagnético

Radiación sincrotónica producida como efecto de la detonación de un arma nuclear en la atmósfera. En el curso de una explosión atómica se dan una serie de reacciones nucleares que producen un fuerte flujo de rayos gamma. Esta radiación altamente energética interacciona con las moléculas del aire produciendo a su vez un chorro de electrones libres muy energéticos mediante un proceso conocido como dispersión Compton. Los electrones son partículas cargadas y como tales se ven afectadas por los campos magnéticos. Así, los electrones producidos son conducidos por el campo magnético terrestre y dan lugar a un pulso de radiación sincrotónica muy intenso y corto (alrededor de 1 microsegundo), un proceso similar al que tiene lugar de forma continua en los púlsares

Este pulso electromagnético (más conocido por el acrónimo EMP, de ElectroMagnetic Pulse), puede fácilmente abarcar continentes enteros y afecta a toda clase de aparatos eléctricos y electrónicos, como teléfonos, radios, ordenadores, motores, especialmente si están conectados a largos cables (líneas de teléfono, redes informáticas, etc) debido a las corrientes inducidas. El primer pulso EMP registrado se produjo en los años 50 durante una detonación aérea en el Pacífico sur, y afectó a sistemas eléctricos en lugares tan alejados como Hawaii. Se calcula que un dispositivo con una potencia de megatones que se hiciese detonar a unos 400 km de altura sobre el estado de Kansas generaría un pulso electromagnético capaz de afectar a todo el área continental de los Estados Unidos. Se conoce poco sobre los efectos reales del EMP, ya que el Tratado de Limitación firmado en 1963 puso fin a las detonaciones de armas nucleares en la atmósfera.

Durante la Guerra Fría ambas bandos trabajaron en dispositivos termonucleares capaces de producir un SREMP, un EMP muy localizado generado en detonaciones a baja altura. Esta tecnología tiene obvias ventajas militares, ya que a los efectos térmicos y de onda de choque de un arma nuclear se sumaría la capacidad de anular componentes eléctricos y electrónicos en un área muy amplia. Hay que incidir en que el EMP normal afectaría tanto al agresor como al agredido, y son necesarias además armas del orden de megatones. Hoy en día la mayoría de los sistemas electrónicos militares están protegidos contra el EMP, especialmente los de pequeño tamaño aislados de grandes tendidos eléctricos.

La ciencia-ficción, especialmente la vertiente ciberpunk, ha visto en el EMP una nueva arma de alta tecnología que añadir a la parafernalia común del género. Así en NEUROMANTE, de William Gibson, un ataque aerotransportado estadounidense a los centros informáticos soviéticos es paralizado cuando los incursores son derribados del cielo por empos, armas de pulso electromagnético que destruyen sus sistemas electrónicos. Este efecto, la vulnerabilidad de los circuitos electrónicos al EMP, es usado en muchas ocasiones por los escritores del género para dejar inermes a sus personajes.

© Jacobo Cruces Colado,
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