Plutón
Plutón

Plutón fue descubierto en 1930 por Clyde Tombaugh en la búsqueda de un nuevo objeto celeste que pudiera explicar las perturbaciones de la órbita de Urano, perturbaciones que no podían ser explicadas únicamente por la presencia de Neptuno

El diámetro de Plutón se estima en unos 2.300 kilómetros, lo que lo hace menor que los mayores satélites del Sistema Solar, incluida la Luna. Durante las cuatro décadas posteriores a su descubrimiento se establecieron más detalles sobre su composición. En 1978 James Christy observó imágenes que indicaban que este poseía una luna, Caronte. El descubrimiento de Caronte cambió radicalmente la visión de Plutón, permitiendo obtener más datos sobre su densidad. Se sabe ahora que en realidad Plutón no es un objeto aislado, sino que su movimiento está sincronizado con el de Caronte, que tiene un diámetro de casi la mitad del tamaño de Plutón (la relación de volúmenes es de aproximadamente 1 a 7, la más elevada del Sistema Solar), girando ambos en torno a su centro de masa común una vez cada 124 años, mostrándose siempre la misma cara. Se trata del único caso conocido de una pareja de astros sincrónica, un auténtico planeta doble, algo comparable a las estrellas binarias

El sistema de satélites de Plutón se completa con otros dos descubiertos en 2005 y bautizados con los nombres de Nix e Hydra, ambos de pequeño tamaño incluso en comparación con sus hermanos mayores, ya que sus respectivos diámetros no exceden de algunas decenas de kilómetros.

El descubrimiento de Caronte permitió calcular también con exactitud la masa real de Plutón, descubriéndose que ésta era muy inferior a la estimada. De hecho, su densidad es de sólo 1, 1, lo que indica que debe de estar compuesto de materiales muy ligeros, hielos principalmente, similares a los que constituyen los cometas. Se le supone ahora a Plutón una masa compuesta fundamentalmente por nitrógeno, hielo de metano y monóxido de carbono, con restos de amoníaco e hidrógeno. Plutón poseería así, como un cometa, una atmósfera formada al volatilizarse esos gases durante la proximidad al Sol, y que volvería a congelarse de nuevo al alejarse el planeta hacia el exterior del Sistema. Por otra parte, estos nuevos datos han llevado a la conclusión de que el sistema Plutón-Caronte no posee la masa necesaria para causar las perturbaciones orbitales observadas en la órbita de Urano. Por lo tanto ¿existe acaso otro objeto de mayor masa? Son muchas las teorías que se han postulado al respecto, pero de hecho ese hipotético astro X nunca se ha llegado a descubrir, aunque en los últimos años se han descubierto un buen número de objetos transneptunianos (es decir, con órbitas similares a la de Plutón) Todos ellos son asteroides de apenas unos pocos centenares de kilómetros de diámetro.

Paradójicamente, el descubrimiento de los asteroides transneptunianos llevó a cuestionar la categoría de planeta asignada a Plutón desde su descubrimiento, ya que muchos astrónomos preferían considerarlo como un asteroide más aunque, eso sí, el de mayor tamaño de todos ellos. Tras años de controversia, la Unión Astronómica Internacional (UAI) excluyó a Plutón como planeta de pleno derecho del Sistema Solar, en agosto de 2006, en el pleno de la XXVI asamblea general de UAI celebrada en Praga, integrándolo en la nueva categoría de planetas enanos, intermedia entre los verdaderos planetas y los asteroides, junto con Ceres y algunos de los transneptunianos de mayor tamaño, algunos de magnitud equiparable o superior incluso a la del propio Plutón.

Plutón no ha atraído prácticamente la atención de los escritores de ciencia-ficción. Sólo Larry Niven en su novela EL MUNDO DE LOS PTAVVS lleva a sus protagonistas hasta allí. Niven supone a Plutón formado por oxígeno y nitrógeno líquidos, de modo que los escapes de fusión de las naves inician una combustión explosiva en su superficie, todo un tour de force químico. Stephen Baxter ha escenificado en el sistema Plutón-Caronte su relato TELARAÑA que incluye la presencia de otros objetos tan extraños como los agujeros de gusano

© José Carlos Canalda, Jacobo Cruces Colado
(667 palabras) Créditos