Pioneer
2001, UNA ODISEA ESPACIAL

Sondas automáticas precursoras de la exploración del Sistema Solar. Diseñadas por la NASA (excepto la Pioneer 0) a finales de los años 50, inicialmente tenían como objetivo la exploración del espacio circumlunar. Las misiones de todas ellas, desde la Pioneer 0 a la Pioneer 4, incluyendo también algunas más que no llegaron a ser numeradas, se saldaron con sendos fracasos.

A partir de la Pioneer 5, lanzada en marzo de 1960, y hasta la Pioneer 9 (noviembre de 1968), junto con la fallida Pioneer E (agosto de 1969), estas sondas fueron enviadas a otras regiones más alejadas del espacio, realizando importantes medidas del campo magnético y de las radiaciones solares. Las más célebres de todas ellas fueron las dos últimas de la serie, correspondientes a los ordinales 10 y 11, siendo los primeros objetos construidos por el hombre que se internaron en el Sistema Solar exterior.

La Pioneer 10 fue lanzada el 3 de marzo de 1972, aproximándose a 200.000 kilómetros del planeta Júpiter el 3 de diciembre de 1973 para posteriormente perderse en las profundidades del espacio. Cuando dejó de emitir, en marzo de 1997, se encontraba a una distancia de más de 67 UA del Sol.

La Pioneer 11 fue lanzada el 6 de abril de1973, y el 4 de diciembre de 1974 pasó a tan sólo 34.000 kilómetros de Júpiter. A diferencia de su gemela, aprovechó la atracción gravitatoria de Júpiter para desviar su trayectoria original, encaminándose hacia Saturno, planeta al que se acercó hasta una distancia de 21.000 kilómetros el 1 de septiembre de 1979. Esta carambola cósmica, que más adelante sería repetida por las dos sondas Voyager, fue descrita por vez primera por Arthur C. Clarke en su conocida novela 2001, UNA ODISEA ESPACIAL. La vida útil de la Pioneer 11 concluyó el 30 de septiembre de 1995, cuando se encontraba a una distancia de 44.7 UA del Sol. Estas dos sondas Pioneer suministraron una abundante información sobre los planetas Júpiter y Saturno, que hasta entonces sólo se habían podido estudiar mediante los observatorios astronómicos situados en la Tierra. Las posteriores misiones Voyager y la todavía más reciente misión Galileo oscurecieron sus hallazgos, pero éstos no fueron en modo alguno desdeñables, ya que permitieron conocer mejor fenómenos tales como los campos magnéticos planetarios, el viento solar, los rayos cósmicos, las auroras y las emisiones de radio jovianas, las atmósferas de Júpiter y Saturno o los complejos sistemas de anillos y satélites de ambos planetas.

Las Pioneer 10 y 11, al igual que ocurriera posteriormente con las sondas Voyager, transportaban sendas placas metálicas con mensajes de amistad dirigidos a unos hipotéticos seres alienígenas que pudieran llegar a encontrarlas algún día.

© José Carlos Canalda,
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