Parásito
Trilogía de Durdane

Se aplica el término de parásito al ser vivo que obtiene un beneficio de otro ser vivo, al que llamaremos huésped o anfitrión indistintamente. A diferencia de lo que ocurre en la simbiosis una de las partes, el huésped, sale perjudicada de esta relación. Puede ocurrir que este perjuicio no sea evidente a simple vista, observándose casos en los que el organismo huésped obtiene algún beneficio de esta relación. El contacto entre parásito y huésped puede ser permanente o temporal. Cuando el parásito vive en el interior de su anfitrión se le llama endoparásito, mientras que si vive en su exterior se recibe el nombre de ectoparásito.

En la naturaleza, los ejemplos más claros de parasitismo se dan cuando un anfitrión es infectado en busca de alimento (tenia, piojos, sanguijuelas, hongos de vegetales o animales, etc).

Numerosos parásitos infectan varios huéspedes a lo largo de su ciclo vital. Así, la tenia pasa del cerdo al hombre cuándo éste come su carne, y el microbio del paludismo pasa al hombre utilizando como vector de transmisión el mosquito anopheles.

La mayoría de los parásitos causan enfermedades leves pero no llegan a matar a su anfitrión. De hecho, cualquier relación de parasitismo que termina con la muerte del anfitrión es un fracaso: El objetivo del parásito es vivir a costa de su anfitrión el mayor tiempo posible.

El tema del parasitismo ha sido tratado repetidas veces en la ciencia-ficción. En el ámbito cinematográfico el caso más famoso es desde luego ALIEN y sus secuelas. El famoso alienígena representa un caso bastante particular de parasitismo que raya en la depredación. Nada más salir del huevo, la larva del alien debe introducirse en un organismo para pasar lo que podríamos denominar su período de crisálida; durante éste se alimenta del huésped, y cuando se halla en un estado de desarrollo apropiado abandona su anfitrión, matándolo en el proceso. Esta es la causa principal de que el alien tenga tantas dificultades en propagar su especie. El ciclo vital del alien está tomado de muchos casos de arañas y avispas, que paralizan a una víctima para alimentar a sus crías cuando salen de los huevos.

Otro ejemplo sumamente representativo es la novela AMOS DE TÍTERES, de R. A. Heinlein, donde se narra la invasión de la Tierra por unos alienígenas en forma de babosa procedentes de Titán, que se adhieren a la espalda o el cuello de su anfitrión. No queda muy claro cual es la relación de parasitismo (obtención de alimento o transporte), pero existe una relación de poder, dado que dominan por completo a su huésped. Esta novela fue llevada al cine bajo el título de ALGUIEN MUEVE LOS HILOS.

En la Trilogía de Durdane, de Jack Vance, nos encontramos con otro caso de parasitismo, los asutras. Estos alienígenas en sus orígenes utilizaban a sus huéspedes para la búsqueda de alimento. Como efecto colateral a la relación de parasitismo con los Ka, sus anfitriones originales, provocaron que evolucionasen a seres inteligentes, un fenómeno conocido como coevolución. Puede parecer que entre los asutra y los ka existe una posible relación de simbiosis. Sin embargo, los asutra pretenden dominar a sus anfitriones, mientras que los ka se revelan. Este hecho motiva que se asemeje al parasitismo.

Jack Vance aborda de nuevo el tema del parasitismo en su novela corta LOS CEREBROS DE LA TIERRA, aunque añade aquí un componente mental. En este caso nos encontramos con dos tipos diferentes de parásitos, los nopal y el gher. Ambos controlan a sus huéspedes mediante una representación astral y, aunque en los nopal no queda muy claro, el gher busca energía. Los nopal son un caso dudoso de simbiosis y en el relato se especula si no proporcionan un beneficio a la humanidad al limitar sus potenciales talentos. Pero también es cierto que no se le ha dejado que aprendiera a usarlos.