Oankalis

Raza extraterrestre protagonistas de la trilogía Xenogénesis, de la autora Octavia Butler.

Aunque durante los hechos relatados en la trilogía los oankalis mantienen un aspecto humanoide para mayor tranquilidad de sus protegidos humanos, en realidad no tienen una forma definida. De hecho, durante sus larguísimos viajes espaciales, adoptan un aspecto informe, como una gran masa sin forma. De igual modo, aunque también desarrollan el lenguaje hablado para comunicarse con los humanos, entre ellos no les resulta preciso, basta el contacto y la interconexión de miriadas de zarcillos que transmiten y reciben la información de unos individuos a otros sin que prácticamente nada quede oculto.

Relacionado con esta forma de unión tan íntima, está el aspecto más sorprendente de los oankalis; su capacidad para manipular el ADN a nivel molecular. De esta forma consiguen sanar a los restos de población humana que quedaban en la Tierra, eliminando además las taras genéticas y reforzando ciertos aspectos para mejorar la resistencia a las enfermedades y aumentar la longevidad.

Pero la característica que probablemente marque la verdadera naturaleza de los oankali, sea su actividad como mercaderes; negocian con el material genético de las razas con las que entran en contacto, hibridándose y mezclándose con ellas. De esta forma, no es difícil deducir, aunque no se diga explícitamente en ninguno de los volúmenes de la trilogía, que los oankali llegados a la Tierra tienen ya muy poco en común con sus antepasados y otros grupos que siguen vagando por el espacio en busca de nuevas razas con la que comerciar.

La organización social oankali se basa en sus tres sexos; macho, hembra y ooloi. Los ooloi son los individuos que más desarrollada tienen la habilidad de manipular el ADN, y de hecho la reproducción pasa por ellos; toman material genético del macho y de la hembra, lo mezclan, y posteriormente lo pasan a la hembra para que geste el feto. Son además los sanadores y, en cierto modo, los individuos dominantes de la relación y los que rigen los destinos de las Naves, que como todo en el entorno oankali, son seres vivos en simbiosis con sus dueños.

© Francisco José Súñer Iglesias, (353 palabras)