Nova

El término nova procede de una palabra latina que significa nueva, y hace alusión a las estrellas que repentinamente, pero también de forma efímera, comienzan a brillar entre cinco y diez mil veces más de lo que lo hacían habitualmente. Paradójicamente el proceso de novación no tiene lugar en estrellas nuevas, sino todo lo contrario, ya que en él intervienen unos astros, las enanas blancas, que se encuentran en las etapas finales de su vida.

Se cree que las novas están asociadas a sistemas estelares binarios en los cuales una de las componentes es una enana blanca. Por un efecto de transferencia del momento angular la enana blanca se va acercando cada vez más a su compañera, llegando un momento en el que el potencial gravitatorio de la enana blanca, que es muy intenso debido a su alta densidad, arranca materia de la otra estrella, produciendo un disco de acreción que transfiere esta materia de la estrella principal a la enana blanca. La caída de la materia sobre la superficie de la enana blanca provoca finalmente la explosión de la nova. A diferencia de lo que ocurre con las supernovas esta explosión no aniquila a la estrella (o al sistema binario), por lo que el proceso puede repetirse más veces; se trataría de una nóvula, o nova recurrente. Finalmente, y dado que la enana blanca está ganando masa a costa de su compañera, si ésta alcanza cierto nivel la explosión puede acabar provocando no una nova, sino una supernova de tipo I, lo que supone el fin del proceso al tratarse de un fenómeno irreversible.

© José Carlos Canalda,
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