Nebulosa

En los inicios de la astronomía moderna, a raíz de la invención de los telescopios, se denominó nebulosa (del latín nébula, objeto parecido a una nube) a todos los objetos celestes que no eran ni planetas (o satélites) ni estrellas, caracterizados porque a través del telescopio se veían no como objetos puntuales o esféricos, sino con el aspecto de pequeñas nubes. El desarrollo de los telescopios permitió diferenciar más adelante varios tipos de objetos que en su día fueron considerados como nebulosas, tales como las galaxias o los cúmulos estelares, reservándose hoy este término únicamente para las nubes de gas (normalmente hidrógeno) o polvo interestelar, es decir, las verdaderas nebulosas.

Hay diferentes tipos de nebulosas. Brillantes como la nebulosa de Orión o las Pléyades, las cuales reflejan la luz emitida por estrellas cercanas y en cuyo seno suelen tener su origen las nuevas estrellas. Oscuras como la nebulosa Saco de Carbón, formadas por nubes de polvo que ocultan a las estrellas situadas tras ellas, o planetarias como la nebulosa del Cangrejo, formadas tras el estallido de una supernova. Estas últimas suelen tener en su interior una estrella de neutrones o un agujero negro, como residuo también de la explosión.

Aunque las galaxias fueron catalogadas inicialmente como nebulosas espirales, una vez que se descubrió su verdadera naturaleza dejaron de ser consideradas como tales.

© José Carlos Canalda,
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