Nave generacional

La nave generacional es una de las soluciones propuestas al problema de un viaje interestelar que, en virtud de las leyes físicas conocidas, debería ser de larga duración. La solución es convertir la nave en un micromundo con un ecosistema cerrado que permita mantener una pequeña población humana durante varias generaciones. Al llegar a su destino, los descendientes de la tripulación original ejecutarían la misión (colonización, investigación, comercio..).

La nave más habitual de este tipo presenta una rotación que permite simular la gravedad con la fuerza centrífuga, dado que se sabe que los seres sufren severos problemas en estancias prolongadas en caída libre. La nave debe ser además lo bastante grande como para sostener a una población con una base genética adecuada (la población mínima propuesta es de 100 personas, más típicamente 1000), plantas y animales, y todo el material adicional necesario (que va desde piezas de repuesto a embriones congelados). Una nave generacional de gran tamaño presenta ciertos problemas intrínsecos (tensiones estructurales, p.e.), a los que se añaden los derivados del ecosistema (ningún ecosistema artificial aislado ha conseguido permanecer en equilibrio mucho tiempo), y de la sociodinámica de un grupo en semejante entorno.

El ruso Konstantin Ziolkovski ya había propuesto el concepto en un ensayo publicado en 1928 (Ziolkovski tuvo visión suficiente para anticipar cosas como las estaciones espaciales y los ascensores orbitales, y a veces parece que lo haya anticipado todo). La idea de nave generacional fue popularizada por vez primera en la ciencia ficción en 1941 por R. A. Heinlein, con su relato UNIVERSO. Muchos otros autores han tocado el tema elaborando buenas especulaciones, como Harry Harrison en UNIVERSO CAUTIVO, Brian W. Aldiss en LA NAVE ESTELAR o Kevin O'Donnell Jr. en EFÍMERAS.

La ciencia ficción española, como no podía ser menos, ha tenido también su contribución a este tópico, como es el caso de la obra de Tomás Salvador LA NAVE. También española es una de las naves generacionales más originales probablemente de la ciencia ficción, el autoplaneta Valera, invención del valenciano Pascual Enguídanos y buque insignia de la popular Saga de los Aznar. El autoplaneta Valera es un pequeño mundo hueco del tamaño de la Luna (unos 3.000 kilómetros de diámetro), en cuyo interior sus habitantes han recreado un mundo similar al terrestre, contando incluso con un sol artificial en su centro geométrico. Valera es, asimismo, la más formidable arma de guerra de todo el universo conocido. Puesto que Valera es capaz de desplazarse libremente por el universo, se trata de una de las naves espaciales de mayor tamaño descritas en la literatura de ciencia ficción. En su interior, que cuenta con una ecología cerrada y perfectamente equilibrada, se suceden las generaciones de valeranos bajo la égida de la familia Aznar, enfrentándose a multitud de aventuras en el transcurso de sus largos viajes. Aunque en un principio Valera se desplazaba a velocidades inferiores a la de la luz, lo que le convertía en una nave generacional clásica, en la continuación de la Saga de los Aznar, escrita por Pascual Enguídanos en los años setenta, el autor introdujo la innovación tecnológica de los desplazamientos del autoplaneta a velocidades hiperlumínicas, con lo cual el concepto de nave generacional adquiere un nuevo significado.

© Jacobo Cruces Colado, José Carlos Canalda, (538 palabras)