Muerte
SOLARIS

La muerte es la interrupción definitiva e irreversible de la vida

En un organismo unicelular la muerte supone el cese de los procesos químicos característicos en él. En el caso de los organismos pluricelulares, como los animales superiores, el proceso es más complejo, puesto que la muerte se produce escalonadamente, y en varias fases. Las primeras son las más aparatosas y evidentes, hasta el punto que tradicionalmente se asociaba la muerte definitiva con ellos; el corazón se para y se detiene la respiración. Con todo, esto no supone la muerte del organismo, aún es posible la reanimación mediante diversas técnicas, sin embargo, si éstas fallan o no se realizan, se produce el progresivo colapso de los diferentes órganos al no recibir alimento ni poder deshacerse de los productos de desecho; cesa la actividad cerebral y las células mueren poco a poco. También puede ocurrir que células o tejidos del animal superior mueran mientras éste sigue aún vivo, habitualmente por falta de riego sanguíneo, es lo que se llama gangrena.

Por analogía, se habla también de muerte cuando se produce el colapso de una organización, sociedad o civilización y, en general, cuando cualquier ente u objeto complejo o simplemente grande se desorganiza y deshace hasta quedar irreconocible.

La muerte ha sido uno de los motores fundamentales de la espiritualidad a lo largo de la historia de la humanidad. La propia palabra, espíritu, implica que el hombre no es sólo el cuerpo físico que puede morir, sino que está asociado a una parte intangible e inmortal depositaria de la consciencia. La muerte del cuerpo y la pervivencia del espíritu es el concepto básico de casi todas las religiones del mundo, alrededor del cual se han articulado el resto de los ritos y preceptos.

Del miedo a la muerte nacen todos los mitos y leyendas sobre la inmortalidad y resulta ser, a la vez, la mayor amenaza que puede pender sobre una persona y el mayor sacrificio que puede hacer en beneficio de sus semejantes. Es precisamente el suicidio, ya sea desde el punto de vista altruista o considerado como una forma de huida, uno de los mas ampliamente explotados en la historia del arte, porque si bien las demás formas de morir, ya sea por accidente, asesinato o enfermedad, han dado grandes momentos dramáticos, no llegan a al turbación que supone acabar con la vida propia.

En el apartado del sacrificio, la ciencia-ficción es prolija en héroes que se autoinmolan para que sus compañeros puedan sobrevivir, desde LA MUJER EN LA LUNA de Frizt Lang, donde dos de los tripulantes del cohete lunar permanecen en nuestro satélite para que el resto de la tripulación pueda volver a la Tierra, hasta el sacrificio del capitán Spock en STAR TREK, LA IRA DE KHAN. Los suicidios desesperados tampoco son extraños, como el de Gibarian en SOLARIS, de Stanislaw Lem, desesperado por no ser capaz de enfrentarse a sus propios fantasmas.

Una variante original del tema de la muerte dentro de la ciencia-ficción es la que se plantea cuando un robot, teóricamente inmortal o cuanto menos sumamente longevo, decide humanizarse sacrificando su existencia en busca, bien de una identificación total con el hombre, lo que implica necesariamente su muerte, tal como se describe en EL HOMBRE BICENTENARIO de Isaac Asimov, bien de sentirse perpetuado en un hijo propio, como ocurre en el relato de Malcom Jameson ORGULLO.

Pero si hay que hablar de una muerte poética y conmovedora no es precisamente la de un ser humano, sino la de un androide, un ser sintético, el replicante Roy en BLADE RUNNER, que se rebela contra su propia caducidad, dejando para la posteridad una de las frases más repetidas y celebradas de la ciencia-ficción; Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad más allá de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

© Francisco José Súñer Iglesias, José Carlos Canalda
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