Miniaturización
EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE

El cambio de tamaño de objetos o personas, bien sea disminuyendo éste bien aumentándolo, aparece en numerosas obras de ciencia-ficción, sean éstas novelas o películas.

Dentro de los primitivos clásicos tenemos el ejemplo del relato titulado LA CHICA DEL ÁTOMO DE ORO, en la que el protagonista se reduce hasta alcanzar un tamaño submicroscópico, de forma que acaba desarrollando sus aventuras en un sistema solar que no es más que un diminuto átomo de oro.

Sin llegar a tales exageraciones nos encontramos con dos conocidos ejemplos, ambos escritos y llevados asimismo a la pantalla: EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE, de Richard Matheson (¿está bien escrito?) y VIAJE ALUCINANTE, de Isaac Asimov. En el primer caso, que tuvo réplicas tales como EL INCREÍBLE HOMBRE CRECIENTE, el protagonista, tras sufrir los efectos de una extraña radiación, comienza a experimentar una disminución paulatina de tamaño que acaba confinándole en el mundo submicroscópico. VIAJE ALUCINANTE describe cómo los protagonistas, a bordo de un submarino, son miniaturizados e introducidos en el interior de un cuerpo humano, donde sufren diversas aventuras.

Dentro ya de la serie B tampoco faltan los ejemplos, aunque quizá el más conocido de todos ellos sea el de la Saga de los Aznar; aquí, probablemente curándose en salud, su autor Pascual Enguídanos se limita a utilizar esta técnica para miniaturizar objetos y, en especial, armas de guerra, explicando que la misma no es aplicable a los seres vivos.

Desde un punto de vista estrictamente científico, la miniaturización plantea un grave problema ya apuntado por el propio Isaac Asimov cuando explica los problemas que tuvo para convertir en novela el guión de VIAJE ALUCINANTE sin que la cosa chirriase demasiado, lo cual no obstante no le impidió, años más tarde, escribir una mediocre secuela de ella: Disminuir el volumen de un objeto sería relativamente fácil si se consiguiera eliminar el espacio vacío existente entre los átomos, o incluso en el interior de éstos entre los núcleos y los electrones, pero ¿qué pasaría con la masa?

Imaginemos una persona miniaturizada: Aunque su volumen disminuyera seguiría pesando exactamente lo mismo, lo cual le crearía una serie de notables problemas de difícil resolución; eso sin contar con toda una serie de inconvenientes añadidos, tales como que las moléculas de aire que respirara una persona reducida al tamaño de un átomo tendrían un tamaño tan grande como el de su cuerpo...

Claro está que a pesar de todo, queda muy bonito.

© José Carlos Canalda,
(404 palabras) Créditos