Máquina del tiempo

Dentro del vasto subgénero de los relatos o películas dedicados a los viajes por el tiempo, el artefacto conocido como máquina del tiempo juega un papel fundamental. Es importante hacer notar que históricamente la mayoría de los relatos de este tema han recurrido a un gran tipo de excusas para justificar la trama: sueños prolongados, pura fuerza de voluntad, extraños fenómenos naturales... Hubo que esperar varios siglos para que el viaje por el tiempo fuese realizado específicamente mediante un artefacto mecánico, aunque no todos los escritores modernos de ciencia-ficción han recurrido a las máquinas del tiempo para narrar las peripecias temporales de sus protagonistas. Evidentemente nunca se explica (y cuando se hace suele ser todavía peor) la naturaleza de esta máquina del tiempo, pero lo cierto es que la misma forma parte por derecho propio del grupo de iconos más conocidos de la ciencia-ficción.

Un dato poco conocido, incluso para los aficionados es el hecho de que la primera narración de este tipo fue la novela EL ANACRONÓPETE, publicada por el escritor español Enrique Gaspar en 1887, ocho años antes de que H. G. Wells publicase su famoso clásico LA MÁQUINA DEL TIEMPO. En ambos casos el viaje por el tiempo es posible gracias a un producto de la tecnología, lo que permite al esforzado viajero temporal controlar, siempre dentro de ciertos límites, su periplo.

Con posterioridad a la obra de Wells fueron numerosas las máquinas del tiempo descritas en la literatura y en el cine de ciencia ficción. Sin pretender en absoluto dar una relación exhaustiva, se podrían citar las siguientes obras en las que la máquina del tiempo resulta ser un elemento fundamental de la narración, dejando fuera aquéllas en las que este artefacto, aunque se presupone existente, no deja de tener un protagonismo marginal en la trama: EL FIN DE LA ETERNIDAD, de Isaac Asimov, quizá la más lograda novela de viajes temporales; VIAJE A LA ETERNIDAD y GUARDIANES DEL TIEMPO, de Poul Anderson; POR EL TIEMPO, de Robert Silverberg, o las españolas LOS DIOSES DE LA PISTOLA PREHISTÓRICA, de Domingo Santos, y EL DÍA QUE HICIMOS LA TRANSICIÓN, de Ricard de la Casa y Pedro Jorge Romero.

Una variante original de la máquina del tiempo son los túneles temporales descritos por Poul Anderson en otra de sus obras clásicas, LOS PASILLOS DEL TIEMPO; aquí no existe artefacto móvil alguno, sino unos túneles excavados a través del tiempo que permiten viajar de una época a otra sin que exista el menor desplazamiento espacial, que ha de ser realizado por métodos convencionales para pasar de un pasillo a otro.

Dentro del cine los ejemplos son también numerosos. Las películas más conocidas son, además de las diversas versiones cinematográficas de LA MÁQUINA DEL TIEMPO, la trilogía de REGRESO AL FUTURO, donde la máquina del tiempo está instalada en un coche. En los años sesenta se emitió por televisión una serie dedicada a los viajes temporales titulada EL TÚNEL DEL TIEMPO, un típico producto de la factoría de Irwin Allen en el que la máquina del tiempo era una especie de túnel (de ahí el título) capaz de enviar a los protagonistas a diferentes épocas históricas y, a diferencia de la novela de Anderson, también a cualquier ubicación geográfica.