Karendon

Máquina conversora de materia en energía, y viceversa, descrita en la segunda parte de la SAGA DE LOS AZNAR, obra del escritor valenciano Pascual Enguídanos Usach. El fundamento físico de la karendon se basa en la famosa ecuación formulada por Einstein:

e = m c2

Que rige la transformación de masa en energía. Básicamente lo que hace la karendon es desintegrar cualquier cuerpo material convirtiéndolo en energía, al tiempo que registra en una lámina de oro perforada los datos codificados del objeto desmaterializado. La karendon también actúa de modo inverso, leyendo la lámina de oro perforada para, consumiendo la energía necesaria para ello, materializar el objeto registrado en ella.

Como cabe suponer, la utilidad de este artilugio es múltiple. En primer lugar, y combinada con una emisora de radio, la karendon se convierte en un teletransportador muy similar al descrito en la serie televisiva STAR TREK. Pero sus usos no acaban ahí. Puesto que es capaz de reproducir un número indefinido de veces un mismo objeto registrado en una de las citadas láminas de oro, provee a sus usuarios de cualquier tipo de bien material (desde alimentos a ropa, pasando incluso por naves espaciales) sin más que disponiendo de la preceptiva lámina y, obviamente, de una cantidad suficiente de energía.

La karendon es capaz asimismo de desmaterializar y materializar seres vivos, pero con una serie de limitaciones debido a la existencia del alma. Para empezar, mientras una persona permanece desmaterializada el tiempo no parece transcurrir para ella, permaneciendo su alma en una especie de limbo. Pero si se intenta materializar dos veces el mismo ser vivo, humano o no, salvo la primera copia todas las demás aparecen sin vida, debido a que no se puede duplicar el alma. De esta manera Enguídanos logró evitar las posibles complicaciones derivadas de una multiplicación incontrolada de dobles de la misma persona, al precio de tener que introducir unas complicaciones religiosas, muy influidas por las doctrinas orientales entonces en boga, que no siempre quedan resueltas de la mejor manera posible.

Huelga decir que, cuestiones teológicas aparte, las objeciones científicas aplicables a cualquier teletransportador en lo que respecta a la imposibilidad de poder registrar tan ingente cantidad de información procedente de la desintegración de un cuerpo sólido, son asimismo válidas para el caso de la karendon, con el agravante de que el sistema de almacenamiento de datos propuesto por el autor (una lámina de oro perforada) se muestra todavía más incapaz de hacerlo. En su descargo, es preciso explicar que esta parte de la Saga fue escrita en los años setenta, cuando la tecnología informática de almacenamiento de datos todavía se mantenía al nivel de las tarjetas perforadas y los sistemas empleados en la actualidad (discos duros, CD-ROM y otros) todavía no habían sido desarrollados.

© José Carlos Canalda,
(461 palabras) Créditos