Inteligencia artificial

Se considera una Inteligencia Artificial (IA) a todo programa capaz de tomar decisiones de manera autónoma basándose en una serie de parámetros establecidos, y lo más importante, modificar dichos parámetros teniendo en cuenta los resultados obtenidos de sus anteriores decisiones. Es decir, un programa con iniciativa propia y capacidad de aprendizaje.

Esta definición de inteligencia está claramente basada en el único ejemplo de inteligencia que se conoce, la del hombre. Sin embargo se desconoce el funcionamiento exacto de la mente humana o de la máquina que lo contiene, el cerebro, por lo que no es posible crear a priori un programa que se comporte de forma inteligente. Todos los desarrollos en el campo de la IA han servido para diseñar programas o algoritmos que aprenden captando datos de su entorno y son capaces de mostrar cierta seudointeligencia, pero el sueño de una IA está muy lejos en el futuro. Éste es el elefante blanco de los teóricos de la cibernética, que llevan décadas trabajando en este campo.

Uno de estos teóricos, el británico Alan Turing, diseñó una prueba que permitiría distinguir si un programa presenta inteligencia. El llamado Test de Turing es ahora la herramienta clásica para diferenciar a un buen programa de una supuesta IA. El test es en principio muy simple: Un encuestador situado en una habitación aislada hace a través de un micrófono, teclado o cualquier otro dispositivo pregunta sobre un tema determinado. Las preguntas llegan simultáneamente a la inteligencia en cuestión y a una serie de expertos humanos. Se dice que la inteligencia ha pasado el test cuando el encuestador es incapaz de distinguir las respuestas que llegan de los expertos humanos de las que da la inteligencia. Cuanto más se restringe el tema sobre el que se hace el Test de Turing, más sencillo es construir una IA sobre dicho tema (lo que hoy en día se conoce como sistema experto) Así, en las subastas por la red ciertos mecanismos de inteligencia artificial conocidos como Agentes Autónomos consiguen mejores resultados que los participantes humanos, aunque existen ciertos campos, como el de los lenguajes naturales, que son los empleados por los humanos, en los que todavía no se ha conseguido un programa con una mínima inteligencia (basta con ver los traductores automáticos disponibles en la actualidad)

El tema de la IA ha sido tratado exhaustivamente en la ciencia-ficción y aparece en innumerables obras. Como siempre, los escritores entran sin reparos en donde los ángeles no se atreven a pisar y generalmente las IAs de la ciencia-ficción pasan el Test de Turing sobre cualquier tema sin ningún problema.

En general se considera que el soporte de una IA es un ordenador, al igual que el cerebro es el soporte de nuestra mente, pero hay soluciones para todos los gustos. En un principio se supusieron como simples extrapolaciones de la incipiente tecnología informática del momento, tal como ocurre con Multivac de Isaac Asimov o con el superordenador diseñado para la guerra descrito por Albert Compton Friborg en AMOR DESINTERESADO, en ambos casos unos enormes artefactos que ocupaban edificios enteros y funcionaban a base de válvulas de vacío. Más futuristas resultan los hipotéticos desarrollos de aquella tecnología tales como los relés rodomagnéticos de LOS HUMANOIDES, de Jack Williamson, o las esferas de platino-iridio de los robots positrónicos de Isaac Asimov.

Hoy en día, por el contrario, el soporte más habitual son los ordenadores tal como los conocemos actualmente, es decir, máquinas que utilizan microchips. Otros autores basan sus IAs en ordenadores cuánticos, como es el caso de Michael Crichton en RESCATE EN EL TIEMPO (1999-1357), o los desinhibidos y gamberros ordenadores biocuánticos imaginados por Eduardo Gallego y Guillem Sánchez en su serie de novelas del Unicorp.

Algunos autores han supuesto avances en la tecnología que permitirían el desarrollo de la IA fuera incluso de un soporte físico, como las válvulas hiperespaciales empleadas por el AC cósmico y universal de LA ÚLTIMA PREGUNTA, de Isaac Asimov, la red de ansibles que sirve de soporte a Jane en los libros de la Saga de Ender, de Orson Scott Card, o el psicoanalista virtual Sigfrid von Schrink de la serie Pórtico de Frederik Pohl.

Otro punto importante es cómo se desarrollaría una IA. Se puede citar a HAL 9000, la brillante computadora de 2001, UNA ODISEA ESPACIAL, de Arthur C. Clarke, del que se describe que es generado por un proceso aleatorio de aprendizaje, realizado sobre una estructura de tipo neuronal, y que acaba produciendo una inteligencia que debe desarrollarse como un ser humano normal, pasando por toda una serie de etapas educativas (aunque mucho más rápido que un ser humano) hasta que tiene la suficiente capacidad para cumplir su misión. Un caso similar es el descrito por el español Domingo Santos en su reciente novela corta LA SOLEDAD DE LA MÁQUINA. Sobre un ordenador llamado simplemente Nave, puesto que en realidad él es la nave, recae la responsabilidad de transportar a varios miles de colonos hibernados. Durante su viaje acaba desarrollando toda una serie de funciones mentales netamente humanas, llegando a experimentar una grave crisis de soledad al verse privado de compañía.

Otro ejemplo son las IAs que hacen de receptores automáticos de correo en CIUDAD PERMUTACIÓN, de Greg Egan, que realizan también su aprendizaje utilizando redes neuronales. El concepto de una IA que se desarrolla de forma aleatoria imitando el crecimiento de una mente humana ha sido bastante usado, aunque puede tener sus desventajas: En EL JUGADOR de Iain Banks la Cultura desarrolla sus Mentes y Unidades basándose en una aproximación de este tipo, pero a veces se crean individuos inadaptados cuyas psicología queda muy lejos de los fines originales.

Consideraciones aparte sobre las características de las IAs, la ciencia-ficción las ha utilizado como eje central para algunas de las mejores obras de los últimos años. El ejemplo más emblemático es sin duda HYPERION, de Dan Simmons, en la que la Hegemonía del Hombre convive en una tensa paz con el Tecnonúcleo, la comunidad de IAs que pretende alcanzar sus propias fines a costa de la humanidad. Las famosas Matrix, de los hermanos Andy y Larry Wachowski, y TERMINATOR y sus secuelas de James Cameron, giran también en torno a guerras futuras entre los humanos y las IAs. Este posible enfrentamiento entre las inteligencias biológicas y las mecánicas, definido por Asimov como el Complejo de Frankenstein, es ya uno de los tópicos del género y ha sido desarrollado por autores como Gregory Benford, Greg Bear y los españoles Javier Redal y Juan Miguel Aguilera.

Conviene advertir, por último, que los conceptos de inteligencia artificial y robot son en principio diferentes, ya que un robot no tiene por qué poseer inteligencia artificial, y un ordenador soporte de una inteligencia artificial no tiene por qué poseer cuerpo. Sin embargo, los robots ideados por los autores de ciencia-ficción suelen poseer en muchos casos (aunque no siempre) inteligencia artificial.