Insectos
TROPAS DEL ESPACIO

Los insectos constituyen el grupo animal más importante del planeta, con más de millón y medio de especies conocidas. Están distribuidos por todo el mundo ocupando cualquier hábitat, y posiblemente constituyen el grupo más numeroso atendiendo al número de individuos. Al ser invertebrados no poseen un esqueleto interno, sino un exoesqueleto rígido constituido por quitina. Aunque su pequeño tamaño no permite apreciar con detalle su constitución, están formados por una cabeza, provista de antenas; un tórax de tres segmentos del que arrancan seis patas articuladas y en ocasiones uno o dos pares de alas; y un abdomen de once segmentos.

Taxonómicamente los insectos forman parte de los Artrópodos, grupo al que también pertenecen otros invertebrados tales como los crustáceos, las arañas, los escorpiones y los ciempiés, pero a pesar de la creencia popular, todos estos no son insectos. Por ejemplo, las arañas constituyen el grupo de los Artrópodos Quelicerados, y se diferencian claramente de los insectos en el número de patas: Ocho frente a las seis de los insectos.

Los insectos son unos seres lo suficientemente exóticos como para haber excitado la imaginación de numerosos autores de ciencia-ficción, que han encontrado en ellos unos perfectos ejemplos de alienígenas, compartiendo junto con los reptiles el dudoso honor de haber servido frecuentemente de modelo para crear al típico extraterrestre especialmente malvado, agresivo y además repulsivo.

En realidad los insectos tropiezan con dos importantes limitaciones a la hora de convertirlos en rivales potenciales de la humanidad: Su tamaño y su cerebro. Los insectos no poseen un sistema respiratorio como tal y su aporte de oxígeno lo reciben a través de pequeños pliegues del exoesqueleto llamadas tráqueas. Esa forma de respiración los limita a un tamaño donde el oxígeno pueda llegar a los tejidos por difusión. De hecho, los insectos más grandes conocidos, todos procedentes de regiones tropicales, no suelen sobrepasar algunas decenas de centímetros de tamaño. Su sistema nervioso es también notablemente primitivo y su funcionalidad no va más allá de un conjunto de pautas de comportamiento puramente instintivas, sin nada que pueda asimilarse al aprendizaje, que están disparadas en su mayor parte por estímulos de tipo químico (p.e., feromonas). Sí existen, por el contrario, insectos sociales como las hormigas, las termitas o las abejas, que desarrollan una compleja conducta social, aunque a nivel individual estos animales no se diferencian del resto de los insectos.

Evidentemente la ciencia-ficción ha obviado estas limitaciones, presentándonos insectos de talla e inteligencia comparables a las humanas y, por lo tanto, convertidos en rivales sumamente peligrosos... porque por lo general, aunque existen excepciones, lo más habitual ha sido que los insectos asumieran siempre el papel de villanos. Tanto es así que, independientemente de lo que propusiera H. G. Wells en LA GUERRA DE LOS MUNDOS, los marcianos de la versión cinematográfica toman prestados de los insectos los ojos facetados para hacerlos, si cabe, más repulsivos, y también los repelentes y peligrosos alienígenas de la serie de películas Alien toman prestados ciertos elementos, como el de las reinas, a estos animalitos.

El enemigo alienígena insectoide emblemático está representado en las Chinches de TROPAS DEL ESPACIO, de R. A. Heinlein. Las chinches son insectoides sociales, organizados alrededor de cerebros altamente inteligentes que piensan por los soldados y cuya tecnología les permite viajar por el espacio. En la adaptación cinematográfica de Paul Verhoeven el ejército de insectos está francamente logrado: la infantería está constituida por unos enormes híbridos entre arañas y escorpiones y su artillería por unos gigantescos escarabajos acorazados. Los insectores de EL JUEGO DE ENDER y sus continuaciones, de Orson Scott Card son herederos directos de las chinches: insectoides de inteligencia comunitaria, endoesqueleto evolucionado e interdependientes de su reina.

El cine no le ha ido a la zaga a la literatura a la hora de imaginar insectos peligrosos, empezando por el clásico LA HUMANIDAD EN PELIGRO (1954) del director Gordon Douglas, donde se narra cómo las pruebas nucleares realizadas por el Ejército norteamericano en un desierto de su país provocan una mutación en las hormigas que les hace crecer de tamaño hasta convertirlas en unos peligrosos enemigos de la humanidad. Un argumento similar, en este caso con cucarachas mutantes, es el de la más reciente película MIMIC (1996). En la desaprovechada película SPECIES (1995) se nos cuenta la historia de una alienígena peculiar que, camuflada bajo la presencia de una rubia explosiva, tiene que aparearse con algún incauto viandante, genéticamente aceptable, para completar su ciclo evolutivo. El aspecto original de la extraterrestre, diseñado por H. R. Giger, intenta recordarnos a ese magnífico insecto, experto en técnicas miméticas y cazador implacable, que es la mantis religiosa, pero se queda por desgracia en la prima segunda de moral distraída del inimitable ALIEN. En lo que respecta a invasores de aspecto más o menos insectoide, cabría resaltar, por último, los feos y malintencionados alienígenas de INDEPENDENCE DAY, de R. Emmerich también de 1996.

Una variante curiosa del tópico, por lo inusual, es la que presentan las dos versiones de la película LA MOSCA (1958 y 1986), donde el usuario de una cabina teletransportadora en la que inadvertidamente se ha colado una mosca ve cómo parte de su cuerpo se intercambia con el del insecto, con las desagradables consecuencias para el protagonista que cabe suponer.

Existen pocos ejemplos en los que la ciencia-ficción no presente como malvados a los insectos. En LOS AMANTES, de Philip José Farmer, los buenos son unos simpáticos insectos que poseen una sociedad compleja muy similar a la humana de principios del siglo XX. A pesar de ello son capaces de proporcionar ayuda médica al protagonista y a su amante, un insecto capaz de mimetizar a los humanos, a la vez que derrotan a los malvados humanos que pretenden exterminarlos. En el reciente relato de G. David Nordley GUERRA, HIELO, HUEVO, UNIVERSO, se recrea una original civilización insectoide habitante de los mares líquidos de un mundo congelado (¿Europa?), en el que la intervención humana es puramente marginal, limitándose a auxiliar a una de las facciones en el transcurso de una guerra interna entre alienígenas. El dúo formado por los escritores españoles Eduardo Gallego y Guillem Sánchez ha puesto también su granito de arena con los relatos ¡LA INTELIGENCIA ES LA ARMADURA! y UN CRUCE EN LA NOCHE, y dentro ya de la literatura popular Pascual Enguídanos recurrió con frecuencia a razas alienígenas insectoides tanto en la conocida Saga de los Aznar, donde aparecen las feroces mantis, como en otras novelas independientes suyas.