Inmortalidad
LOS VIAJES DE GULLIVER

El hombre es el único animal que sabe que morirá, y de esa certeza nace el anhelo de evitar la muerte y permanecer con vida eternamente. Como en un principio parece que la inmortalidad física resulta difícil de conseguir, todas las culturas han hecho lo posible por transcender a la muerte, ya sea con promesas de una vida en el más allá, (con recompensas para los buenos en forma de paraísos o castigos para los malos en forma de infiernos), ya sea mediante ritos de veneración a los antepasados. Quienes han tenido riqueza y poder han intentaron comprar su inmortalidad con la construcción de grandes monumentos o la creación de entes filantrópicos, con la intención de no ser olvidados jamás.

Pero estas promesas de paraísos más o menos apacibles no han bastado, y los mitos sobre la inmortalidad física son casi innumerables. Uno de los más antiguos es el de Utnapishtim, héroe mitológico sumerio, superviviente, junto a su mujer, del Diluvio Universal (en el que se inspiraran mitos posteriores) al hacer caso a los dioses y construir la barca con la que evitaron ahogarse. En recompensa los dioses les concedieron la vida eterna. Otro famoso inmortal es Ashaverus, el Judío Errante que, en castigo por ultrajar a Cristo en su camino hacia el monte Calvario, fue maldecido y condenado a vagar por el mundo hasta la Segunda Venida de Cristo.

En general, los mitos sobre la inmortalidad no suelen tener un carácter optimista, quizá en un intento pedagógico de desalentar su deseo, el ejemplo de Ashaverus es claro, como lo es el de Sísifo, condenado por los dioses del Olimpo a acarrear eternamente una gran piedra hasta lo alto de un monte, que nunca llega a coronar deiendo repetir de nuevo sus esfuerzos. Incluso el mito vampírico, realmente lo que promete es un dualismo no-vida no-muerte eternas, el vampiro es siempre un ser torturado y apartado del resto de la humanidad.

La literatura se ha ocupado extensamente de este mito. Los ejemplos ya citados, o son manifestaciones literarias antiquísimas, o han generado gran cantidad de literatura posteriormente. Pero quizá una de las visiones más clarividentes de la inmortalidad la dio Jonathan Swift en LOS VIAJES DE GULLIVER. A su paso por Luggnagg, Gulliver es invitado a conocer a auténticos inmortales, y en esa visita el mito se derrumba; inmortalidad no es lo mismo que eterna juventud, y los inmortales que le presentan son un lastimoso conjunto de decrepitud y locura, confinados y despojados legalmente de cualquier derecho sobre sus bienes.

La ciencia-ficción también ha tratado extensamente el mito; en LA NAVE DE UN MILLON DE AÑOS, Poul Anderson especula con la posibilidad de la existencia de inmortales, son muy pocos a lo largo de la historia de la humanidad, son inmunes a las enfermedades y al envejecimiento, pero no a los accidentes ni a la muerte violenta. Sin embargo, además de la inmortalidad y la eterna juventud no tienen ninguna cualidad más, son tan mediocres o inteligentes como cualquier otra persona, y su vida, un continuo huir para evitar se identificados, no es precisamente el ideal del mito.

El caso de COMPRADORES DE TIEMPO, de Joe Haldeman es distinto, aquí más que inmortalidad se consigue longevidad a base de pagar cifras desorbitadas por diez años más de vida a la empresa que controla el método para prolongarla.

Otro método de llegar a la inmortalidad es el propuesto por Philip J. Farmer en la saga de El mundo del río, en el que la resurrección está asegurada.

Cinematográficamente el ejemplo más claro es LOS INMORTALES, de Russell Mulcahy, en la que los inmortales, además de serlo y gozar en todo momento de excelente salud, deben ser magníficos espadachines puesto que la única forma de matarlos es cortándoles la cabeza con un acero bien templado.

© Francisco José Súñer Iglesias,
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