Hiperespacio

Los escritores de ciencia-ficción siempre se las han tenido que ver con el problema de los viajes interestelares y la imposibilidad de viajar más rápido que la luz. Si se atenían a las leyes físicas entonces un viaje interestelar a velocidades cercanas a la luz (algo que de otro modo tampoco permite llegar muy lejos en tiempo razonable) tenía los sabidos efectos relativistas, siendo el más significativo el de la ralentización del tiempo de la nave, lo que hace que un viaje de un año de a bordo sean decenas de años del resto del universo (la relación depende de cuánto nos acerquemos a la velocidad de la luz). Si se usan naves mas lentas entonces el problema está en la enorme cantidad de años en viajar de una estrella a otra (casi siempre más que la vida de un hombre), así surgen las naves generacionales o la hibernación

Pero ¿cómo viajar de una estrella a otra en tiempo razonable? La solución la dan los escritores de ciencia-ficción con el hiperespacio. Se trata de no viajar por el espacio tal y como lo conocemos, en lugar de ello lo que se haría sería deslizarnos fuera de este espacio ordinario y viajar a través de secretos corredores oscuros de espacio/tiempo y regresar a nuestro propio universo en algún punto lejos de donde iniciamos nuestro viaje. El hiperespacio sería entonces ese otro espacio usado como atajo. El término lo inventó John W. Campbell en su relato corto THE MIGHTIEST MACHINE (1934).

Esta es la idea básica de hiperespacio, pero como es lógico cada autor de ciencia-ficción tiene su propia versión de hiperespacio, desde la visión de nuestro universo tridimensional arrugado en un espacio tetradimensional (hiperespacio), hasta la visión del hiperespacio como un universo de la puerta de al lado, mucho más pequeño que el nuestro, cada uno de cuyos puntos corresponde a otro de nuestro universo (planimetría punto a punto).

Más moderna es la idea de los agujeros de gusano (wormholes), surgida de la mecánica cuántica. Dichos agujeros conectarían entre sí distintas partes del espacio, como pequeños tubos que salen fuera del espacio y vuelven a entrar en contacto con él en algún punto distante. El problema es que estos agujeros tendrían una anchura submicroscópica, trillones de veces más pequeña que un electrón. Ninguna nave podría viajar a través de ellos, pero a lo mejor sí se podrían usar para enviar mensajes superlumínicos.

Las teorías de la física cuántica pueden incluso implicar la posibilidad de universos paralelos.

© Andrés Berdasco Blanco,
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