Estatocolectora
A TRAVÉS DEL MAR DE SOLES

En 1960 Robert W. Bussard propuso un nuevo tipo de vehículo interestelar, radicalmente distinto de los existentes hasta la fecha, llamado ramjet o estatocolectora. Una estatocolectora aprovecha que el espacio interestelar no está completamente vacío, sino que es rarefacto: existe un átomo de hidrógeno por centímetro cúbico, una densidad de materia casi ínfima. Los generadores situados en la proa de la estacolectora producen un campo magnético gigantesco que desvía los átomos de hidrógeno en la trayectoria de la nave hacia el colector; el hidrógeno recogido sirve como combustible para un reactor de fusión que produce un escape de plasma que impulsa a la nave. La belleza del sistema radica en que la nave no necesita cargar con su propio combustible, sino que lo recoge del propio espacio a medida que viaja, y el hidrógeno interestelar es virtualmente inagotable.

Por una parte, ese sistema permite que sea necesaria menos energía para acelerar el vehículo, dado que su masa es muchísimo menor. Por otra parte, supone una serie de problemas. La densidad del hidrógeno es tan baja que al moverse a bajas velocidades resulta insuficiente para alimentar el impulsor, por lo que la nave tendría que ser acelerada hasta aproximadamente el 1% de c (la velocidad de la luz) por algún otro método. A esa velocidad, la densidad aparente del hidrógeno es lo bastante elevada como para alimentar el sistema de fusión, pero aún así la cantidad de hidrógeno es tan pequeña que sería necesario un estatocolector enorme. Ese estatocolector consistiría en un campo electromagnético con forma de embudo, que recogería el hidrógeno interestelar y lo introduciría en el motor de fusión. Incluso una nave relativamente pequeña, de unas 100.000 toneladas, necesitaría un campo estatocolector de unos 34.000 km de ancho, es decir, unas cinco veces el radio de la Tierra. Al empezar a moverse a velocidades relativistas, cercanas a c, el campo estacolector protegería también la nave del efecto de rayos cósmicos inducidos del hidrógeno interestelar, y con una aceleración constante de 1 g los efectos de dilatación temporal previstos por la Teoría de la Relatividad permitirían alcanzar cualquier punto de la galaxia en unos 150 años (tiempo de la nave). Por último, está el problema de decelerar la estatocolectora al llegar a su destino. Dado que la nave recoge su combustible mientras avanza, sería necesario introducir algún tipo de deflector para desviar el impulso hacia adelante.

La idea de las estatocolectoras ha sido ampliamente utilizada en la ciencia-ficción, dado que en su momento parecía ser el diseño perfecto para una nave interestelar. Las obras más destacables con estatocolectoras como parte fundamental de la trama son TAU CERO, de Poul Anderson, UN MUNDO AL FINAL DEL TIEMPO, de Larry Niven, A TRAVÉS DEL MAR DE SOLES, de Gregory Benford y EFÍMERAS, de Kevin O´Donnell Jr..

© Jacobo Cruces Colado,
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