Eros
EL JUEGO DE ENDER

Pequeño asteroide perteneciente al grupo de asteroides Amor, cuya órbita se sitúa entre las de la Tierra y Marte. Fue descubierto en 1898 por el astrónomo alemán G. Witt, correspondiéndole el número 433 del catálogo de asteroides. A mediados de febrero del año 2000 la sonda Near se puso en órbita en torno suyo, enviando a la Tierra más de ciento sesenta mil fotografías de su superficie hasta el final de su misión justo un año más tarde. Gracias a ellas sabemos que Eros tiene forma alargada que recuerda a la de un cacahuete, con una longitud máxima de unos 33 kilómetros y un espesor de alrededor de 13. Su superficie está plagada de cráteres de diversos tamaños, en especial uno de 6 kilómetros de diámetro (que para las dimensiones del asteroide es enorme) situado en el centro del mismo, el cual lo divide en dos mitades claramente diferenciadas. La abundancia de cráteres indica que Eros es un astro muy antiguo, probablemente un residuo del Sistema Solar primigenio. Otra magnitud medida por la sonda Near es la densidad de Eros, que resultó ser de aproximadamente 2, 5 gramos por centímetro cúbico, similar a la de las rocas que forman la corteza terrestre, lo que indica que la composición geológica del asteroide debe de ser fundamentalmente rocosa.

Eros ha tenido su momento de protagonismo en la ciencia-ficción con EL JUEGO DE ENDER, de Orson Scott Card. Eros es el lugar elegido por los Insectores para instalar su puesto de avanzada durante la Primera Invasión. Los insectores oscurecen Eros con un sistema de captación de energía solar, lo dotan de gravedad artificial y cavan centenares de túneles y cámaras en su interior. Cuando a costa de miles de bajas los marines recuperan el asteroide se instala allí la Escuela de Alto Mando, el lugar desde donde Ender llevará a cabo inadvertidamente su xenocidio

Dentro ya de la ciencia-ficción española, y más concretamente en la SAGA DE LOS AZNAR, Eros aparece como la principal y casi única fuente de dedona, el fabuloso metal imaginado por Pascual Enguídanos, por lo cual lucharán por su posesión humanos y thorbods.

© José Carlos Canalda, Jacobo Cruces Colado
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