Entropía
Isaac Asimov

La entropía es una magnitud física vinculada a la termodinámica, y viene a representar el grado de reversibilidad de un proceso de intercambio de energía, calor o trabajo. Estos procesos no son exactamente igual de reversibles en un sentido o en el opuesto sino que, por el contrario, tienen una mayor tendencia a ir hacia abajo que hacia arriba.

Conceptualmente se puede considerar la entropía como una medida del desorden existente en un sistema. A mayor orden, menor entropía, y viceversa. Por ejemplo, una formación de soldados desfilando de forma coordinada sería un sistema de entropía baja, al estar muy ordenado, mientras que el suelo de una cocina tras derramarse un tarro de azúcar sería un ejemplo de sistema de alta entropía, o desordenado.

Obviamente, resulta más fácil desordenar algo ordenado -en el caso de los soldados basta con que desaparezca el oficial al mando- que ordenar el desorden -recoger el azúcar y volver a meterla en el tarro-. La conclusión de ello es que un sistema de baja entropía demanda mucha energía para mantenerse en ese estado, y que un sistema de alta entropía tiende a una distribución aleatoria.

Volviendo a la física, podemos poner un ejemplo más riguroso: La energía química producida por la combustión de la gasolina en el motor de un coche se transforma en su totalidad en otros tipos de energía, parte en la energía mecánica que lo mueve, parte en la energía térmica que se desprende como calor. Puesto que el calor es energía degenerada, o dispersa, invertir el proceso supondría ir contra la entropía, por lo cual el rendimiento nunca podrá ser total. Por esta razón resulta físicamente imposible el principio del movimiento continuo, ya que estas pérdidas energéticas no pueden ser recuperadas.

El universo en su conjunto tiende a un estado de entropía máxima, ya que la energía irradiada por las estrellas se dispersa por todo él. Dicho con otras palabras el universo se está enfriando, sin que exista una posibilidad de revertir este fenómeno. Lo que sí son posibles son las fluctuaciones locales de la entropía, a costa del balance total. Gracias a que el Sol está irradiando energía de forma continua procedente de las reacciones nucleares que tienen lugar en su interior, nosotros podemos aprovechar parte de esa energía. Sin embargo, no sería posible recuperar la energía que se disipa en el espacio.

Son varios los autores de ciencia-ficción que han introducido a la entropía en sus relatos, aunque probablemente el más conocido de todos ellos sea el titulado LA ÚLTIMA PREGUNTAN, de Isaac Asimov, perteneciente al ciclo de Multivac. En él, uno de los protagonistas pregunta al gigantesco superordenador -el relato está escrito en 1956, mucho antes de que se inventaran los ordenadores personales e Internet- cómo podría hacerse decrecer la entropía total del universo. Multivac es incapaz de encontrar la respuesta, y lo mismo ocurre con todos sus sucesores cibernéticos, cada vez más potentes... así hasta que al final del universo, cuando ya hasta la última estrella de la última galaxia ha muerto y los humanos -o sus descendientes- también han desaparecido, la última inteligencia artificial alcanza al fin la respuesta y proclama: ¡Hágase la luz! Y la luz se hizo.

Dentro del mucho más modesto ámbito de los bolsilibros existe una curiosa novelita del Profesor Hasley, publicada en Luchadores del Espacio, que lleva por título precisamente ENTROPÍA, siendo la segunda parte, junto con la anterior LOS HOMBRES DE ALFA, de uno de los pocos casos en los que la entropía aparece citada en estas colecciones. Claro está que en este caso, y como cabe suponer, la base científica en la que se sustenta el autor no es lo que se dice tan sólida como la del Buen Doctor... lo que no impide que, errores científicos aparte, estas dos novelitas resulten entretenidas.

© José Carlos Canalda,
(635 palabras) Créditos