Electricidad
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Una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, junto con las dos nucleares y la gravedad, es el electromagnetismo, que puede ser definido como la fuerza ejercida entre partículas cargadas eléctricamente. Como su nombre indica, el electromagnetismo puede presentarse en dos manifestaciones diferentes, el magnetismo y la electricidad.

Existen dos tipos de cargas eléctricas, positivas y negativas. Dos cargas eléctricas del mismo signo se repelen, mientras que las cargas de distinto signo se atraen, lo que diferencia la electricidad de la gravedad, en la que sólo hay un tipo de masa (no existe la materia negativa, que no hay que confundir con la antimateria) que crea siempre una fuerza atractiva.

A efectos prácticos la electricidad puede definirse como un flujo de partículas cargadas eléctricamente. Estas partículas pueden ser fundamentalmente de dos tipos: electrones que discurren por un material conductor (habitualmente metales, aunque también existen conductores no metálicos, como el grafito) o bien iones procedentes de sales (como el cloruro sódico, o sal común) fundidas o disueltas en agua u otro disolvente, llamados estos últimos electrolitos. Cabe reseñar que, mientras en los electrolitos existen flujos de corriente eléctrica positiva y negativa, la electricidad debida a un flujo de electrones siempre es de signo negativo.

Durante los primeros tiempos de la experimentación con la electricidad los investigadores desconocían todo sobre la estructura del átomo, de modo que no podían saber cual era la dirección real del flujo de electrones en un metal. Se determinó entonces de forma completamente arbitraria que esta corriente fluía del polo positivo al polo negativo, es decir, justo al contrario de como ocurre en realidad. A efectos prácticos este error histórico, que se ha mantenido hasta nuestros días por tradición, no resulta ningún inconveniente, puesto que el resultado de los cálculos efectuados en ambos casos es idéntico con la salvedad de que es de signo opuesto al real. De hecho, son muchas las ocasiones en las que la física sigue explicando ciertos fenómenos, como el de los semiconductores, suponiendo el movimiento de unas inexistentes cargas positivas, y en los esquemas de circuitos eléctricos se considera que la corriente eléctrica fluye del polo positivo al negativo.

Existen varios conceptos básicos sobre la electricidad. Para empezar, el de carga eléctrica, que es el número de electrones que tiene en exceso o en defecto un cuerpo cargado eléctricamente, y que se mide en culombios. Al unir mediante un conductor dos cuerpos con cargas eléctricas opuestas, podemos construir un sencillo circuito eléctrico. En este circuito, la diferencia de carga entre dos puntos es lo que se llama diferencia de potencial, tensión, o más comúnmente, y debido a la magnitud en la que se mide, voltaje. Por ejemplo, la diferencia de potencial de los enchufes que tenemos en nuestros hogares es de 220 voltios.

Si de lo que se trata es de medir la intensidad del flujo de corriente (en un caso normal, como el de la instalación eléctrica de una casa, el flujo de electrones en el circuito) se habla de intensidad de corriente. La intensidad de corriente puede definirse como la cantidad de carga eléctrica que recorre un conductor en una unidad de tiempo, y se mide en amperios.

Otro importante concepto para entender el flujo continuo de electricidad que parece existir en cualquier enchufe es el de la fuerza electromotriz, que es la creada por el generador eléctrico (sea por medios mecánicos o químicos) para mantener constante una cierta diferencia de potencial entre dos puntos, midiéndose también en voltios.

Por usar un símil hidráulico, podríamos decir que la carga eléctrica es la cantidad de agua existente en un depósito; la intensidad, el caudal con el que el agua sale del depósito; la diferencia de potencial (o voltaje) la altura desde la que cae el agua la salida del depósito, y la fuerza electromotriz sería la desarrollada por una bomba que estuviera rellenando el depósito conforme éste se fuera vaciando.

La electricidad se utiliza fundamentalmente en electrotecnia aprovechando los fenómenos de repulsión de los cuerpos cargados eléctricamente y la resistencia al paso de la corriente eléctrica que ofrecen los conductores, y en electrónica jugando con corrientes y cargas de distintos signos y la resistencia intrínseca o provocada al paso de la corriente de ciertos materiales.

Hay que destacar la importancia de la electricidad en la ciencia-ficción, y todavía más en la proto ciencia-ficción, para cuyos escritores la electricidad era algo así como la purga de Benito, la piedra filosofal de la tecnología, de forma similar a como ocurre con la ciencia-ficción de la época clásica (años 20-30) respecto a la energía atómica.

Por poner un ejemplo clásico donde los haya, el monstruo de FRANKENSTEIN cobra vida gracias a ella, y durante todo el siglo pasado fue considerada como un fluido mágico capaz de hacer cualquier maravilla, adelantando incluso tecnologías que más tarde se aplicaron profusamente, como hizo Verne con los impulsores eléctricos del Nautilus en 20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO (1870), idea que fue aplicada por primera vez de forma práctica en 1885 por Isaac Peral.