Cuasi satélites

Se denomina así a los objetos del Sistema Solar que, sin ser satélites de un planeta, presentan una resonancia orbital 1:1 en relación a éste. Aunque los períodos orbitales del planeta y el cuasi satélite son por esta razón idénticos, la mayor excentricidad de la órbita del último hace que, a diferencia de los troyanos, ambos cuerpos describan trayectorias distintas en torno al Sol, trazando el cuasi satélite una complicada danza en torno al planeta que los astrónomos han denominado órbita de herradura debido a su forma.

Aunque la posibilidad de un choque entre el planeta y el cuasi satélite es nula (coloquialmente hablando se podría decir que juegan al gato y al ratón, sin que el primero llegue nunca a atrapar al segundo), esta situación no es estable desde un punto de vista dinámico, por lo que pasado cierto tiempo el cuasi satélite tiende a adoptar otros tipos de resonancia orbital que le alejan del planeta principal. Estos períodos de tiempo dependen de la masa del planeta que los retiene y de la región del Sistema Solar en la que orbitan. Para astros como Venus o la Tierra se calcula en decenas o centenares de años, para Júpiter en diez millones de años, para Saturno en cien mil años y para Urano o Neptuno la edad del Sistema Solar.

Los cuasi satélites conocidos son asteroides de tamaño minúsculo, poco más que meteoritos de regular tamaño. Se han detectado tres de ellos orbitando en torno a la Tierra, Cruithne (nº 3.753 del catálogo) y otros dos todavía sin nombre oficial, y Venus también cuenta con otro.

© José Carlos Canalda,
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