Cracker

Se conoce por cracker a los expertos en la eliminación de las protecciones lógicas de los programas informáticos. Entre otras cosas eliminan las protecciones que impiden la copia de programas y las que limitan el uso (tanto por tiempo como por operatividad) de los programas shareware. Estas prácticas son ilegales y están penadas, sin embargo su popularidad es muy elevada, sobre todo en internet, donde resulta muy sencillo encontrar en pocos minutos el crack o parche que se necesita para poder copiar el último juego o programa salido al mercado.

También es habitual definir a los crackers como hackers con intenciones dañinas o delictivas. Esta definición la suelen emplear los hackers para intentar limpiar su nombre y desvincularse de tales individuos. Utilizan el término cracker porque este tipo de hackers suelen ser jóvenes malintencionados, y con pocos conocimientos, que se divierten y aumentan su ego realizando acciones vandálicas en otros sistemas informáticos. Para ello, debido a que su motivación no es de índole intelectual, sino destructiva, y a que no les interesa aprender, las técnicas que suelen emplear son las más básicas del hacking, entre las que destacan el empleo de programas crackeadores de passwords y generalmente por el empleo de la fuerza bruta. Debido al significado de crack (rajar, romper, etc) y al uso casi exclusivo de crackeadores de passwords se les denomina crackers.

Sin embargo, esta acepción no es nada bien recibida entre los crackers y se suelen enfadar cuando los relacionan con el hacking vandálico ya que se dedican a algo totalmente distinto, romper las protecciones de seguridad de los programas software. No les hace demasiada gracia tener que cargar con todo lo perjudicial de otros campos, algo totalmente comprensible. Es normal que nadie quiera albergar bajo su nombre al que se dedica al hacking vandálico, pero si nos atenemos a las definiciones básicas parece claro que se trata de hackers, del mismo modo que un cazador furtivo sigue siendo un cazador (y no un pescador), por mucho que le avergüence a un cazador legal.

© Andrés Berdasco Blanco,
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